Piedras Negras
Publicado el sábado, 16 de septiembre del 2023 a las 04:07
Piedras Negras, Coah.- Un sol que cala la piel, que hace sudar y perder la poca hidratación que se ha logrado en el camino, recibe alrededor de mil personas en situación de migración que llegan a Piedras Negras caminando, entre ellas Segundo Anderson Colinas, quien se desplaza con una silla de ruedas.
Las sonrisas que ofrecía el grupo, tras bajar del tren y empezar su camino a pie, han desaparecido, algunos niños aun sonríen, otros parecen desvanecidos en los brazos de sus padres o sus madres, quienes apuran el paso al saberse cerca de la frontera.
Todos coinciden en que a pesar de que han pasado por una selva como es el Darién, el cruzar México ha sido lo más difícil, tanto por la extensión de territorio, como la inseguridad, los abusos de autoridades, y los caminos que tienen que tomar para evitar ser regresados a su país natal.
Segundo Anderson, ha decidido hacer una pausa para que el grupo conformado por su esposa y dos amigos que le acompañan, puedan tomar alimento y un poco de agua.
Con un poco de temor, el hombre de 41 años de edad relata su historia y precisa que hace un mes salió de su natal Venezuela por la situación política y económica, él junto con sus dos hijos de 20 y 21 años de edad y su esposa, emprendieron el camino a Estados Unidos y lograr reunirse con su familia que se encuentra allá.
Pero al llegar al Darién, las cosas se complicaron un poco, además de que al intentar hacer las citas en la aplicación CBP One sólo sus hijos pudieron obtenerla y Segundo, junto con su esposa ya no, al colapsarse el sistema.
Así fue como decidieron que sus hijos se fueran más rápido para poder entrar a Estados Unidos con su cita para asilo, ellos decidieron ir más despacio y aunque no les gusta caminar junto con toda la caravana, en ocasiones lo han tenido que hacer.
Señala que el cruzar México ha sido peor que cruzar la conocida selva del Darién en Panamá, ya que en la selva sólo pasaron cuatro o cinco días difíciles, pero aquí han sido más de 15 días de pueblo en pueblo, tratando de evitar autoridades para que no los detengan, expuestos a robos y muchas situaciones que les tocó ver.
Por su condición como persona con una discapacidad, el trato indicó que ha sido el mismo, aunque han corrido con suerte su esposa y él.
“ No me han dado un trato especial, hemos recorrido como 30 pueblos, hay mucha gente, se nos ocurrió agarrar un bus directo y sólo a mi esposa y a mí nos dejaron continuar”, relata al señalar cómo autoridades bajaron del autobús a mujeres, hombres y niños.
Lamenta que por las complicaciones de la aplicación CBP One, a muchas personas no les quede otra que lanzarse al río Bravo para llegar a Estados Unidos, aun y con las complicaciones que esto conlleva.
Lamenta que en México las autoridades traten a las personas en situación de migración, como si fueran delincuentes y por esta razón, el tener que esconderse o correr para que no los detengan, además de viajar por lugares y en situaciones peligrosas.
“ Aquí pareces un delincuente, tienes que bajar, que viene la Policía, que te van a agarrar, que bájate por aquí, camina por allá”, indica.
“ Nos tuvimos que venir de Monterrey para acá montados en un tren, me vine montado, nos dejó por allá ya tenemos dos horas caminando”, agrega.
Detalla que en el tren tuvo que dormir amarrado por el miedo a que fuera a caer a las vías y quedarse en el camino como lamentablemente a muchas personas les ha sucedido.
Caminan con zozobra, con hambre, con sed, con miedo a robos, a que los regresen y tener que empezar otra vez el camino, ya sin dinero.
Hace 16 años, Segundo tuvo un accidente que lo dejó imposibilitado para caminar, desde hace 16 años requiere de la silla de ruedas para desplazarse.
Hoy en ese grupo de casi mil personas, es uno de los más vulnerables por su condición y lo sabe.
Toma fuerzas y sigue el camino con el objetivo de poder reunirse con sus hijos.
Al llegar a la calle Reforma, después de haber caminado tanto, a escasos metros del río Bravo, decide junto con su esposa, su amigo que le ha ayudado en gran parte a empujar su silla, a no esperar y cruzarse.
El corazón late fuerte, los ojos con lágrimas de emoción, hacen sacar más fuerzas, hay personas que los guían, algunos les quitan su dinero o sus pertenencias, pero ya no les importa cuando ven las aguas del río Bravo.
Segundo cruza el río casi a las 14:00 horas, va agarrado a la espalda de su amigo que lo ha acompañado, mientras otro del grupo se ha ofrecido a cargar la silla de ruedas.
Con niñas y niños
Josué de Venezuela, va acompañado de su esposa, sus dos cuñados, un amigo y lleva un niño de un año y cinco meses en sus brazos, parece dormido, vencido por el sol y la sed.
“ Ha sido muy difícil, en México nos quitan la plata, no nos dejan llegar al destino tranquilo, no nos regalan agua”, indica Josué.
Otro niño que va en brazos de su padre, saluda con una sonrisa que enternece, tiene apenas cuatro años de edad y dice que le llaman Blanquito, mientras camina con su mamá Viviana, ambos originarios también de Venezuela.
Ana y José caminan con su niño de tres años de edad, tienen hambre, alcanzan a decir, pero saben que no pueden parar para lograr su objetivo, lo mismo pasa con Génesis y su hijo de tres años de edad.
Para Jeymar quien va con su pareja Jonathan y su hija de tres años de edad Dafne, ha sido muy difícil el cruzar México, por el recorrido, el tener que subir a un tren y el caminar bajo los calcinantes rayos del sol.
“ Diferentes migraciones, algunos muestran colaboración, algunos otros sabotean el sistema, pero sin embargo, gracias a Dios hemos salido ilesos de todo eso”, expresa.
“ Nos hemos visto expuestos a robos, nos bajan de los autobuses, nos votan de donde estamos, no ha habido seguridad de quedarnos en un lugar”, indica mientras camina.
Jeymar tiene otro hijo en Venezuela, por lo que espera llegar a Estados Unidos, establecerse económicamente y del desgaste mental de todo lo que ha ocurrido en su país y por su camino al migrar.
Antes, trabajaba para una empresa de envíos internacionales, al mismo tiempo trabajaba en otras cosas, por la difícil economía que enfrentan.
“ Yo creo que México está peor que el Darién, uno aquí pasa más trabajo que el mismo Panamá, en la selva pasas cuatro días difíciles y listo, aquí duras 15 días de pueblo en pueblo, para que no te devuelvan, si te devuelven pierdes el pasaje, la mayoría venimos sin nada”
Segundo Anderson Colinas
“ Lo más difícil es México, es muy largo, se tiene que caminar más, ya pasamos por la selva, la gente sí nos ha ayudado, es buena, pero el trayecto, las condiciones son muy difíciles”
Jeymar
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