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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 9 de agosto del 2021 a las 20:23
Ciudad de México.- La damisela avanzaba desde el fondo de un pasillo humeante, flanqueada por altos candelabros, miraba fijo a la cámara y levantando las cejas en punta lanzaba un grito tan agudo que hubiera espantado a la misma muerte. “¡Ah! ¡Gritar me relaja tanto!”, suspiraba poco después sonriente y acariciándose el cuello. La fama de Vampira (cuyo verdadero nombre era Maila Nurmi) duró casi lo mismo que ese suspiro. Su programa de televisión, El show de Vampira, debutó en el canal local KABC de Los Angeles en 1954. Un año después, en 1955, llegaba a su fin, pero ese tiempo fue suficiente para construir un mito.
Considerada la madre de los llamados horror hosts –aquellos anfitriones, por lo general monstruosos, que comenzaron a poblar la TV estadounidense a fines de los 50 para presentar películas de terror y misterio del paquete Shock Theater de la Universal–, cuando esta suerte de Morticia Adams hipersexualizada aparecía en pantalla lograba hechizar a los espectadores. Con su cabellera negro azabache, las uñas largas como raíces y una cintura tan pequeña que recordaba a un reloj de arena, su imagen era la antítesis de la obediente ama de casa que la publicidad norteamericana de posguerra se empeñaba en difundir.
Su fama fue breve, sí, pero mientras duró fue intensa: se le atribuyeron romances con Orson Welles y James Dean –incomprobables, pero que ella se encargó de alimentar– y hasta fue acusada de haber provocado la muerte prematura del segundo mediante un maleficio. Fue, incluso, una suerte de musa del punk: la banda estadounidense The Misfits le dedicó un tema de su álbum debut de 1982, Walk Among Us, titulado “Vampira”, en el que cantaban: “Toma mi corazón/Toma mi mano/Y me iré contigo, lo juro/Tuyo esta noche/Por todos los tiempos/Estaré aquí a tu lado/Por todos los tiempo/Oh, oh/Mi chica vampiro/Te amaré por todos los tiempos”.
Sin embargo, gran parte de su vida estuvo marcada por las dificultades económicas y el olvido. La desesperación la llevó a trabajar en proyectos imposibles como Plan 9 del espacio sideral (1959), de Ed Wood, considerado uno de los peores directores de todos los tiempos.
A mediados de los ‘90 su fama sufrió un modesto revival cuando Tim Burton recreó el accidentado rodaje de Plan 9… en su película de culto Ed Wood (1994), de cuyo estreno se cumplen 25 años. Varios canales de televisión volvieron a buscar a esta extraña dama de la noche, quien para ese entonces ya era una anciana que vivía modestamente California y, según sus propias palabras, pintaba cuadros de Vampira y fabricaba “collares, pins y ropa” para sobrevivir.
Un maleficio para James Dean y un cadáver para Orson Welles
Sin lugar a dudas, la de James Dean fue una de las figuras más trágicas de Hollywood. Todo el mundo quedó en shock cuando en 1955 se conoció la noticia de la muerte del joven actor a los 24 años en un terrible accidente automovilístico.
Nurmi siempre dio a entender que ella y el protagonista de Al este del Edén habían sido buenos amigos (“era mi mejor amigo”, llegó a decir), e incluso algo más. En una de las tantas entrevistas que dio cuando ya era una mujer mayor, la actriz contó que vio a Dean por primera vez durante el estreno de La princesa que quería vivir y quedó impactada. Un día después, un conocido en común los presentó en un café. “Nunca más nos separamos. Ocasionalmente yo volvía a casa con mi marido”, aseguró risueña años después.
Sin embargo, según cuenta el periodista español Héctor Sánchez en su libro Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine (Editorial Errata Naturae), para Dean esta relación apenas existió: “La curiosidad de James Dean por el ocultismo le hizo acercarse a ella y los medios de comunicación hablaron de un posible romance, pero el actor se lo negó a la periodista y cotilla de Hollywood, Hedda Hopper, diciendo que no salía con ‘personajes de historieta’”. Al parecer, Dean dijo sobre Nurmi: “Yo había estudiado La rama dorada y al Marqués de Sade y estaba interesado en saber si esta chica estaba obsesionada con las fuerzas satánicas. Pero no tenía ni idea. Carecía de todo interés para mí, salvo por su maquillaje de Vampira”.
Más allá del grado de intimidad que tuvieran la vamp finlandesa y el galán, lo cierto es que tras la muerte de éste al volante de su Porsche Spyder comenzaron a tejerse todo tipo de teorías. Se llegó a decir que Dean sobrevivió y cambió de identidad para huir de la fama, que había quedado desfigurado y que por eso se ocultaba del ojo público, que se había mudado a un monasterio budista y hasta que Vampira, que era diez años mayor que él, le había echado un maleficio después de que la rechazara. “Vampira, sin comerlo ni beberlo, se convirtió en la villana de la función y fue atacada por los medios sensacionalistas. Incluso una fan de James Dean le quemó el pelo y la actriz tuvo que afeitarse la cabeza”, asegura Sánchez en su libro.
Nurmi también solía hablar de su supuesto romance con Orson Welles. “Orson Welles es el único hombre con el que tuve citas en varias ciudades de Estados Unidos”, contó. “Nuestros primeros encuentros fueron en Nueva York cuando él estaba separado de Rita (Hayworth). Luego volvió con Rita y después de divorciarse de ella nos encontramos en San Francisco y en Los Angeles. Fue una relación con bastante recorrido”. Difícil saber hoy en día si algo de esto fue cierto. Lo que no es tan difícil de imaginar es al gran cineasta y actor diciéndole a Vampira lo que según ésta exclamaba cuando estaban juntos: “¡Qué cadáver más magnífico!”.
Información por LaNación.
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