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Publicado el jueves, 24 de julio del 2008 a las 15:55
Saltillo, Coah.- A sus 78 años de vida, Juan Balandrán Ledezma aún cría a sus animales en las orillas del Arroyo del Pueblo, y pese que ha visto en múltiples ocasiones el crecimiento del cauce, no teme por su vida.
Acompañado de Christian, uno de sus 21 nietos, don Juan considera que el paso del huracán Dolly, no llegará a afectarlos.
“El arroyo ahorita no lleva mucha agua, nada más un poco de las lluvias que han caído estos días, no creo que esté feo. Yo creo en ‘el de arriba’, y si llueve es porque él está, pero nada malo vendrá”, dijo.
El criadero de sus 10 animales, entre vacas y becerros, constituye su forma de vida, que inició desde la edad de 9 años, luego que perdió a sus padres.
Llegó al margen del cauce desde hace un poco más de 27 años, aunque inicialmente más adentrado al riachuelo, donde se refugia en una pequeña casa de lámina con marcadas aberturas que permiten el paso del agua y del viento.
“Uno ya sabe que nomás habiendo nublazón para arriba, uno ya no pasa, como ahorita, ahí tengo mis vacas, en antes, estaba yo abajo, y nomás mirábamos y ya no íbamos”, dijo.
Mencionó que la situación económica ha sido complicada, lo que ha hecho más difícil que se pueda ir a un lugar más seguro.
VARIOS ARRASTRADOS “Desde que estábamos bien chiquillos, vivía con mi papá y todos mis hermanos, (…) no tiene habitaciones, es una bodega casi casi, pero ahí vivíamos todos”, indicó.
Recordó que desde su infancia, por el temor “al arroyo casi no nos arrimábamos, y es que el agua sigue corriendo, ya tenemos mucho viviendo aquí. La cosa nomás es no arrimarse a las orillas, porque ya se ha llevado gente”. Por lo anterior, dijo que en un par de ocasiones, ha visto cuando personas arrastradas por la fuerza con la que el agua llega a correr en ese punto, han sido seriamente lastimadas.
“Tiene poco de eso, pero pues una era un drogadicto, y lo quisimos sacar, se atoró con un rama, pero es que andaba drogado, después resultó que salió con bien, y luego un señor grande, lo tumbó el agua, pero sí lo alcanzamos a sacar”, dijo.
Similar es el caso de Gerardo Montiel Oviedo, de 25 años, que pese al olor fétido que despiden las aguas negras que corren por ahí, ha radicado toda su vida cerca del cauce, aunque desde hace un par de años, sus padres pudieron comprar a crédito una casa, no muy lejos de ese sitio.
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