Saltillo

Publicado el domingo, 27 de septiembre del 2026 a las 06:00
Saltillo.- Caminar por el Centro Histórico de Saltillo puede convertirse en una forma distinta de mirar la ciudad. Basta levantar un poco la vista para encontrar elementos que normalmente pasan desapercibidos: marcos de cantera, muros de piedra, fachadas de ladrillo, puertas de madera y, entre ellos, ventanas que han permanecido frente a las mismas calles durante décadas.
Algunas son estrechas y altas. Otras ocupan buena parte de una fachada. Las hay rodeadas de cantera, protegidas por herrería o acompañadas de molduras y cornisas. Algunas conservan la madera y otras han sido modificadas con el paso del tiempo.
Durante un recorrido por las calles Álvaro Obregón, Victoriano Cepeda, Miguel Hidalgo y Nicolás Bravo es posible encontrar varios de estos ejemplos. A simple vista podrían parecer solamente parte de las antiguas fachadas del Centro, pero detrás de sus formas, materiales y ornamentación existe una historia sobre la manera en que se construía y se habitaba Saltillo.
Para el arquitecto Isaías Daniel Reina López, integrante del despacho Árida Arquitectura y Restauración, especializado en protección y difusión del patrimonio, una ventana debe entenderse como parte de un conjunto.
“
La ventana es parte de un elemento o de un todo, del objeto arquitectónico”, explicó.
Su primera función es práctica: permitir la entrada de iluminación y ventilación. Sin embargo, con el tiempo también adquirió una función estética y terminó convirtiéndose en uno de los elementos capaces de darle carácter a una fachada.
Además, ocupa un lugar particular dentro de una vivienda: es el punto de transición entre el espacio privado y el espacio público.
Desde una ventana se puede mirar hacia la calle, pero también se puede ser observado desde ella. Esa relación hizo que este elemento arquitectónico terminara formando parte de la vida cotidiana de quienes habitaban las antiguas viviendas.
De acuerdo con Reina López, observar sus características permite aproximarse a la evolución de la arquitectura de una ciudad. Entre los siglos XVII y XIX, por ejemplo, pueden encontrarse construcciones relacionadas con el barroco, mientras que posteriormente aparecen otros estilos y tendencias que modificaron la forma de las fachadas.

Uno de los ejemplos que menciona son las llamadas ventanas en H, una tipología que puede encontrarse en el Centro de Saltillo y que recibe su nombre por la composición que forman sus elementos verticales y horizontales. Los marcos o pilastras verticales pueden prolongarse hacia la parte superior de la fachada y encontrarse con una cornisa, mientras otro elemento horizontal divide la composición.
Aunque el barro suele asociarse con grandes templos y construcciones monumentales, el arquitecto señala que sus características también pueden encontrarse en la arquitectura doméstica.
Con el paso del tiempo llegaron los historicismos y el eclecticismo, especialmente hacia finales del siglo XIX, cuando comenzaron a incorporarse diferentes referencias arquitectónicas.
Una de ellas puede observarse en las ventanas ojivales, cuya forma recuerda al lenguaje arquitectónico gótico. Reina López menciona como ejemplo una ventana del Primer Templo Bautista, ubicada junto a San Francisco, cuyo marco incorpora caliche, un material propio de la región.
En la calle de Allende, entre Ramos y Escobedo, el arquitecto identifica ventanas cuyos marcos presentan un arco trilobulado, es decir, una composición formada por tres pequeños arcos.
Su presencia en un tramo específico de la ciudad abre incluso una posibilidad sobre la manera en que ciertos elementos arquitectónicos pudieron difundirse entre los habitantes.
“
Da a pensar que a lo mejor un vecino empezó a construirla de esa manera porque los vio en algún lugar, en algún viaje, y después al vecino le gustó la forma y lo empieza a integrar dentro de su propiedad”, explicó.
Es decir, la arquitectura también puede reproducirse a partir de lo que las personas observan, admiran y deciden incorporar a sus propias viviendas.
Para el siglo XX, la situación comienza a cambiar.
El movimiento moderno introdujo una arquitectura más funcional y sencilla, en la que la ornamentación dejó de tener el mismo peso que en etapas anteriores. Las ventanas rectangulares y de formas simples comenzaron a predominar.
Por eso, caminar por las calles del Centro permite encontrarse con una mezcla de formas que corresponden a distintos momentos y modificaciones.

Una ventana puede ser una pista, aunque no necesariamente una fecha exacta.
La evolución de las ventanas también está relacionada con los materiales disponibles para construir.
En las edificaciones más antiguas de la región se utilizaron materiales que podían obtenerse y trabajarse localmente. El arquitecto menciona entre ellos el adobe, el sillar, el caliche y distintos tipos de cantera.
Estos materiales podían ser labrados para formar marcos y otros elementos decorativos.
Por eso, una ventana no solamente puede llamar la atención por su forma. También lo hace por la superficie que la rodea.
En algunas de las fachadas observadas durante el recorrido predominan los muros de piedra, mientras que en otras aparece el ladrillo. En algunas, el marco de la ventana sobresale de la fachada y adquiere un color o una textura diferente al resto del muro.
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, el ladrillo adquirió un mayor protagonismo.
Pero aquí aparece un detalle importante: el aspecto actual de una fachada no necesariamente corresponde a la época en la que fue construida la vivienda.
Reina López explica que existen construcciones mucho más antiguas que posteriormente fueron modificadas o recubiertas con ladrillo. De esta manera, una vivienda puede conservar una estructura o una distribución correspondiente a una época y, al mismo tiempo, mostrar una fachada intervenida posteriormente.
Durante las primeras décadas del siglo XX comenzó a utilizarse de nuevas maneras y no solamente como material estructural. También fue empleado con fines decorativos.
El arquitecto pone como ejemplo algunas construcciones neocoloniales de la zona de la Alameda, donde pueden encontrarse formas que aparentan ser elementos de cantera, pero que en realidad fueron elaboradas mediante moldes de concreto.
Así, la ventana también cuenta la historia de los materiales: de aquello que se encontraba en la región y podía trabajarse a mano, a nuevos sistemas y materiales que transformaron la manera de construir.
Entre los elementos que más llaman la atención en muchas de las ventanas del Centro se encuentra la herrería.

Las rejas no solamente cumplían una función de protección. En determinados casos también se convirtieron en parte de la ornamentación de la fachada.
Durante el recorrido pueden observarse barras verticales, elementos horizontales, curvas, figuras geométricas y remates decorativos que convierten una protección en un objeto que también forma parte del diseño.
En Saltillo existe una tradición de herrería que puede encontrarse en numerosas construcciones, y algunos de sus elementos incluso se relacionan con expresiones de la vida cotidiana.
Reina López recuerda una explicación popular relacionada con uno de los dichos más conocidos: “un ojo al gato y otro al garabato”.
En las rejas tradicionales podía existir un pequeño gancho en la parte superior, conocido como “garabato”. Según la tradición que comparte el arquitecto, este podía utilizarse para colgar alimentos y mantenerlos ventilados, mientras se procuraba que quedaran fuera del alcance de los gatos.
La anécdota puede parecer pequeña, pero permite entender algo mucho más grande: los elementos arquitectónicos estaban relacionados con las actividades diarias de las familias.
La ventana no solamente servía para iluminar una habitación.
También podía ser un lugar para colocar objetos, plantas o alimentos; una forma de dejar entrar el aire; un punto desde donde observar la calle o incluso un espacio de conversación.
Quizá una de las transformaciones más interesantes ocurre cuando se deja de pensar en la ventana como un objeto arquitectónico y se observa como un escenario de la vida cotidiana.
Durante años, una ventana pudo convertirse en el lugar desde donde una persona observaba qué ocurría en la calle, conversaba con una vecina o esperaba a alguien.
Incluso el cortejo podía desarrollarse frente a una reja. Mucho antes de que los mensajes pudieran enviarse desde un teléfono, las ventanas también podían convertirse en un medio discreto de comunicación.
Una de las tradiciones populares asociadas a las antiguas casas de Saltillo habla de las conchas de caracol que los enamorados colocaban en las ventanas de las jóvenes que pretendían.

Según esta tradición, la posición de la concha podía transmitir un mensaje: colocada de determinada manera podía significar un “sí”, mientras que otra posición podía indicar que había un impedimento o que aquella noche no era posible encontrarse.
Más allá de la dificultad de comprobar cada una de estas tradiciones, la imagen permite entender la importancia social que alguna vez tuvieron estos espacios.
También las plantas podían cumplir una doble función. Además de embellecer la fachada, ayudaban a generar una sensación de frescura al permitir que el aire entrara al interior de la vivienda después de pasar entre las plantas.
Así, un elemento que actualmente podría parecer puramente decorativo estaba relacionado con la iluminación, la ventilación, el clima, la privacidad y las relaciones sociales.
Al observar las construcciones antiguas del Centro de Saltillo puede resultar fácil compararlas con la arquitectura monumental de otras ciudades del país.
Sin embargo, para Reina López, esa comparación puede hacer que se pierda de vista el valor de la arquitectura propia de la región.
“ La arquitectura que tenemos en el norte del país, en la región sureste, es una arquitectura diferente”, señaló.
No se trata necesariamente de grandes construcciones cargadas de ornamentación. Buena parte de la arquitectura tradicional del norte se caracteriza por su sencillez.
Y precisamente dentro de esa sencillez aparecen los detalles; una ventana, una puerta, una cornisa o un marco pueden convertirse en los elementos que rompen con una fachada completamente plana.
Puede ser una diferencia de textura, un cambio de color, una pieza de cantera que sobresale o una reja trabajada a mano.
Son pequeño elementos que, juntos, terminan formando la identidad de un inmueble.
La simetría también desempeña un papel importante en determinadas construcciones. En composiciones de tradición clásica, por ejemplo, lo que aparece de un lado de una fachada puede repetirse en el otro: una ventana frente a otra, con alturas y dimensiones similares.
Al observar estos detalles, la fachada deja de ser solamente una pared y comienza a convertirse en una composición.
Durante el recorrido por Álvaro Obregón, General Cepeda, Miguel Hidalgo y Nicolás Bravo también aparecieron ventanas pertenecientes a inmuebles cerrados o abandonados.

Algunas permanecen detrás de rejas. Otras conservan madera, cantera, ladrillo o piedra. Algunas fachadas muestran señales del paso del tiempo y otras han sido modificadas.
En medio de esos cambios, las ventanas permanecen como pequeños fragmentos de las distintas etapas por las que ha pasado la ciudad:
Para el arquitecto, el problema de la conservación también comienza con algo tan sencillo como reconocer aquello que se tiene enfrente.
Por eso considera importante observar y valorar estos elementos antes de que desaparezcan.
No se trata únicamente de conservar una ventana porque sea antigua.
Se trata de entender por qué está ahí, qué materiales la forman, qué relación tiene con el resto del inmueble y qué nos puede decir sobre las personas que alguna vez habitaron detrás de ella.
En una ciudad que continúa transformándose, algunas ventanas pueden parecer pequeñas frente a los edificios que las rodean. Sin embargo, basta detenerse frente a ellas para descubrir que funcionan como una especie de archivo abierto sobre la calle.
Una reja puede contar una costumbre. Un marco puede revelar un estilo. Una moldura puede hablar de una época. Una planta puede recordar la búsqueda de frescura dentro de una casa. Una ventana alta puede mostrar una forma distinta de relacionarse con la luz y el aire.
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