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Victoria legendaria

Por Sergio Sarmiento

Hace 2 dias

“Estados Unidos conquistará a México, pero será como un hombre que traga arsénico que lo derrota a su vez. México nos envenenará”.
Ralph Waldo Emerson, 1846

 

 

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recordó una fecha que la mayoría de los mexicanos nunca conocimos o que habíamos olvidado. El 2 de febrero por la noche, la Casa Blanca dio a conocer un comunicado que conmemoraba “el 178 aniversario del triunfo de nuestra nación en la guerra México-Estados Unidos, una victoria legendaria que aseguró el suroeste estadunidense, reafirmó la soberanía de EU y expandió la promesa de la independencia norteamericana a través de nuestro majestuoso continente”.

El 2 de febrero de 1848, efectivamente, se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en la vieja basílica de Guadalupe de la entonces Villa de Guadalupe Hidalgo, que cedía a EU más de 2 millones de kilómetros cuadrados, 55% del territorio nacional, a cambio de una compensación de 15 millones de dólares pagaderos en parcialidades.

La guerra dividió a los estadunidenses. Un representante republicano en el Congreso llamado Abraham Lincoln, la consideró una inconstitucional y “vergonzosa apropiación de tierras” por el Presidente demócrata James Polk.

El escritor Henry David Thoreau, la descalificó en su ensayo Civil Disobedience como “el trabajo de unos cuantos individuos que usaron el Gobierno existente como su instrumento, porque el pueblo no habría consentido esta medida”. Thoreau, incluso, dejó de pagar impuestos varios años en protesta por la guerra.

El filósofo Ralph Waldo Emerson, afirmó que la absorción de la población mexicana “ensuciaría” la pureza de la población estadunidense y la firmeza de sus instituciones.

La incorporación de los nuevos territorios generó un debate nacional sobre si adoptarían la esclavitud como los estados del sur. La discusión desembocaría en la guerra de secesión de 1861-1865, en la que murieron más estadunidenses que en todas las demás guerras del país.

La otra parte de la invasión de México la signó la debilidad de nuestro país. El Gobierno nacional había sido incapaz de poblar y desarrollar los territorios del norte que heredó de la corona española. Mientras México cerraba sus puertas a la inmigración, Estados Unidos la invitaba.

En 1840 la población extranjera en Mexico era virtualmente inexistente, menor al 1 por ciento. En 1850, año del primer censo que registró la población extranjera en EU, los inmigrantes eran casi el 10 por ciento.

Los gobiernos centralistas en México, por otra parte, dejaron en el abandono los territorios del norte. Texas declaró su independencia en 1836. Cuando finalmente vino la invasión estadunidense en 1847, México no tuvo fuerza para repelerla.

La guerra fue injusta y desigual, pero México abonó el terreno para facilitar los sueños de expansionismo de Polk y los impulsores de la teoría del “destino manifiesto”, que sostenía que Estados Unidos estaba destinado por la divina providencia a expandirse del Atlántico al Pacífico.

México pudo haber resistido a los invasores, pero estaba debilitado por sus divisiones políticas y su pobreza. Mientras que Estados Unidos no hizo más que aumentar su fortaleza económica desde su independencia en 1776, la de México solo se debilitó a partir de 1821.

Hoy, al recordar el Tratado Guadalupe Hidalgo, Trump nos obliga a los mexicanos a una reflexión. La Unión Americana se hizo fuerte porque asumió políticas públicas que generaron inversión y crecimiento, pero los gobiernos mexicanos hicieron exactamente lo contrario. La lección de la historia es que un país debe construir fortaleza interna para evitar que otros países abusen de él.

 

 

Trump y Petro

Ahora Trump está domesticando a Petro. Si antes lo describía como un “líder del narcotráfico”, ayer dijo que “nos llevamos muy bien” después de recibirlo en la Casa Blanca. Quizá la presidenta Sheinbaum debería visitar personalmente a Trump.

 

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