Vida
Publicado el lunes, 2 de junio del 2025 a las 15:13
Ciudad de México.- En este artículo te presentamos los puntos de vista de quién la desea y del producto de una gestación Solo dos estados mexicanos, Tabasco y Sinaloa, lo regulan en sus códigos civiles, “donde se especifica cuáles son los pasos exactos que se deben seguir para poder llevar a cabo un procedimiento de gestación sustituta”, explica a BBC Mundo el abogado mexicano Iván Davydov, especializado en mediación y arbitraje internacional.
Curiosamente, otros dos estados mexicanos, San Luis Potosí y Querétaro, son los únicos territorios de América Latina donde se prohíbe explícitamente.
En el resto de México, aunque no exista una regulación como tal fuera de los estados de Tabasco y Sinaloa, se puede acudir a la Suprema Corte de Justicia, que tiene un impacto en toda la república, “y pedir el amparo de la justicia para que esta interceda con el Estado y ordene que se registre a un bebé que nazca a través de un proceso de gestación sustituto”, explica Iván Davydov.
Este procedimiento judicial tiene que hacerse durante el embarazo, es decir, antes de que nazca el bebé.

En gran parte de los países, la legislación indica que la maternidad está determinada por el parto, es decir, la persona que pare es la madre legal del niño o niña.
Esto hace que, en muchos casos, el vacío legal que plantea la gestación subrogada se sortee renunciando la gestante a la custodia del niño o la niña, en favor del padre biológico.
En la Ciudad de México fue aprobada una ley, pero no se publicó, y en entidades como Coahuila y Guerrero, por mencionar algunos, se han propuesto iniciativas, pero no han sido discutidas ni aprobadas por sus legisladores.En tanto que en el resto del país la figura de “maternidad subrogada” no es considerada en su legislación.
Los costos del procedimiento
Con 10 años de casados, Gabriela y Gerardo intentaron ser padres por la vía natural, pero la infertilidad de ella impidió que su sueño se cumpliera.“Después de casarnos no buscamos el bebé, sino hasta después de casi cinco años, pero fue devastador hacerme pruebas cada mes y encontrar el mismo resultado negativo, nos sometimos a exámenes médicos y resultó que yo era la que no podía tener bebés debido a anomalías uterinas.
Estuvimos analizando la idea de adoptar un bebé, pero no sería lo mismo”, sostuvo Gaby, como le llaman su familia cercana.En la búsqueda de alternativas para cumplir su sueño, Gaby encontró que el procedimiento de alquilar un vientre era legal en México, pero a un costo nada accesible.

“En 2019 estuvimos informándonos sobre los procedimientos, costos, cómo se hacían, cómo era el proceso de selección de la persona que nos apoyaría y todo eso, pero en aquel entonces nos costaba 900 mil con la posibilidad de que incrementara a un millón 500 mil pesos por riesgos en el embarazo, una cantidad que no tenemos y para nosotros sería imposible pagar”, agregó la entrevistada, quien cayó en depresión tras ver desmoronado su sueño de convertirse en madre.
Con acompañamiento, Gaby logró salir de su depresión después de 18 meses.“Sin el apoyo de mi esposo y mi familia simplemente no lo habría logrado, fue duro para los dos, pero aquí estamos, más unidos que nunca y trabajando en ser felices”, expresó.
Justamente el costo de este procedimiento es el punto central de la controversia del procedimiento.
La mexicana Mara Esbeydi Ríos Tejeda, que ha sido gestante en dos ocasiones, rechaza este argumento y asegura: “somos personas adultas, no somos niñas, sabemos ya lo que es un embarazo y asumimos los riesgos que hay”.
En su caso, ella quería poder ahorrar para dar una educación universitaria a sus hijos y poder pagarles vacaciones en la playa, además de saldar varias deudas.
Asumió la gestación, relata a BBC Mundo, “porque los beneficios son mutuos, son beneficios para tu familia y para la nueva familia que estás ayudando a crear. Esto no es una explotación, tú tienes la capacidad de elegir, es una decisión que se toma a conciencia”.
Su experiencia, explica, fue muy positiva, a pesar de que no todo su entorno lo comprendía.

“Fue muy sencillo explicarles a mis hijos cuál fue el procedimiento para que estos bebés pudieran nacer y muy complicado explicárselo a la gente adulta. Algunos incluso les decían a mis hijos que yo estaba regalando mis bebés, o vendiendo a sus hermanitos”, cuenta Ríos Tejeda.
Para los expertos en bioética Diego García Capilla y Salvador Cayuela Sánchez, sin embargo, las desigualdades de clase social, de género o de localización geográfica hacen difícil que el consentimiento sea realmente libre en el caso de la subrogación comercial.
Maurel nació en un vientre de alquiler y ahora es activista contra esa practica
Es autora del libro ‘Where are you Mommy?’, que pronto estará disponible en español, en el que reflexiona sobre su condición y denuncia el coste humano derivado de los vientres de alquiler
Olivia Maurel (Louisville, Kentucky, 1991) es una mujer feminista con nacionalidad suiza, francesa y americana. Nació por gestación subrogada y actualmente es activista contra esta práctica.
Ha pronunciado discursos en sedes parlamentarias de distintos países, y en organismos internacionales, denunciando en primera persona lo que supuso para ella ser una “bebé subrogada”.
Acaba de publicar un libro, ‘Where are you Mommy?’, que pronto se traducirá al español. Con él quiere llegar “a las mujeres pobres que están pensando en convertirse en vientres de alquiler” y concienciar sobre las consecuencias que puede tener para todas las partes implicadas.
Como una de las primeras personas nacidas por gestación subrogada en hablar públicamente sobre su caso, es interesante escuchar su voz. ¿Cree que todas las partes deben ser tenidas en cuenta en este debate, incluyendo a niños y niñas?
Absolutamente. De hecho, esa es exactamente la razón por la que hablo. Durante demasiado tiempo, las voces de los niños nacidos por subrogación han sido excluidas de la conversación, como si fuéramos solo el subproducto de un acuerdo, no seres humanos completos con derechos, sentimientos e historias. Todo el mundo habla de nosotros y nosotras, pero muy pocos nos preguntan.
Olivia Maurel pudo contactar con su madre biológica. Tuvo con ella una conversación profundamente emocional y dolorosa.
“Ella me dijo que se convirtió en vientre de alquiler poco después de perder a uno de sus propios hijos en un accidente doméstico. Estaba sufriendo, vulnerable y luchando para mantener a los cuatro hijos que le quedaban. No podía encontrar un trabajo estable y estaba desesperada. Me contó que creía que Dios le había dado una misión: darle un hijo a una familia que no podía tener uno, porque a ella le habían quitado uno. Pero detrás de ese razonamiento espiritual había una realidad mucho más dura: lo hizo porque necesitaba el dinero para sobrevivir. Tomó la decisión desde el dolor y la desesperación económica, no por verdadera libertad o empoderamiento. Y eso es lo que la gente necesita entender sobre la subrogación: que se aprovecha de las mujeres en su momento más frágil, disfrazando la desesperación como generosidad.
Ella me dio a luz y nunca me volvió a ver. Sin fotos, sin información, solo silencio. Eso no es amor. Eso no es elección. Eso es pérdida. Y escucharlo de ella confirmó todo lo que he estado diciendo públicamente: la subrogación no es una situación en la que todos ganan.
Es una transacción con profundos costes humanos.
Desde su posición de activista, defiende el derecho de todas las personas a conocer sus orígenes. ¿Por qué es importante?
Mi propuesta es clara: necesitamos la abolición universal de la subrogación, no solo la regulación, sino la prohibición total. La subrogación, ya sea comercial o “altruista”, siempre tiene la misma injusticia en su raíz: convierte los cuerpos de las mujeres en mercancías y trata a los niños como objetos que se pueden pedir, pagar y entregar.

Países en los que es legal
La gestación subrogada comercial es legal (es decir, existe legislación que la regula) en países como Rusia, Ucrania, Israel, Georgia, Kazajistán, Bielorrusia o algunos estados de Estados Unidos.
Otros países también la recogen en sus leyes, aunque solo si se realiza de forma altruista, como ocurre en Canadá, Reino Unido, Grecia, Australia, Brasil, Uruguay, India o Sudáfrica.
Algunos, como es el caso de India o Sudáfrica, solo permiten contratar un vientre de alquiler a sus propios ciudadanos.
Del otro lado, los países que han abierto la práctica a los extranjeros se han convertido en destinos internacionales para personas que quieren tener un hijo por esta técnica y no lo pueden hacer en sus propios países.
Hasta el inicio de la guerra, Ucrania era uno de ellos, aunque solo podían solicitarlo parejas heterosexuales casadas.
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