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Por
Leticia Espinoza
Publicado el sábado, 3 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Al entrar al Centro de Internamiento para Adolescentes, el silencio invade el edificio, las canchas deportivas lucen desiertas, más adelante se escucha el cuchicheo y murmullo de los jóvenes detrás de las rejas que son apaciguados enérgicamente por los custodios.
Héctor llega intranquilo y nervioso, estuvo a punto de probar la libertad, pero fracasó en su intento, parece aleccionado y sólo responde que quiere estar con su mamá.
Parece no escuchar las preguntas y contesta siempre con la misma muletilla: “Mmm”. No revela cuánto lleva dentro y se concreta a decir: “Ya tengo tiempo”.
Según su expediente, el delito de robo lo llevó a estar tras las rejas desde 2007, y en estos momentos le restan 11 meses de sentencia.
Héctor parece escapar por momentos, baja la mirada y no habla de lo que se siente cuando se está adentro, porque simplemente todo le parece igual y tan sólo voltea para contar el motivo de su escape.
“Quería estar con mi familia, extraño más a mi mamá, todo es lo mismo”, dice el menor.
La última vez que vio a su madre fue el 24 de diciembre y lo motivó para volver.
“Me dijo que me regresara a cumplir con la sentencia, porque todavía me falta rato para acabar”.
El blanco de su vestimenta contrasta con su piel morena, y en sus tenis Converse completamente limpios luce cómodo, no tiene aspiraciones concretas después de salir, pero sí piensa hacer algo diferente. “Hice hasta kínder, estoy en la primaria abierta. Sí le quiero seguir, pero no sé de qué”, explica.
DIFÍCIL CARÁCTER
Más adelante entra Pedro Oyervides. El director del Centro de Internamiento para Adolescentes dice que Héctor es penoso y por eso no habla mucho, y califica como una tarea difícil el trato con los adolescentes.
“Es difícil tratar con menores así, pues de por sí el carácter del adolescente en su entorno social es complicado, más cuando llegan de familias disfuncionales en su enorme mayoría, jóvenes que han probado las drogas de todo tipo, y llegan deprimidos sin los hábitos mínimos de una persona”, explica.
Aun así, el proceso es lento y logran crear hábitos, luego de que muchos pasan por proceso de rehabilitación y se integran a un taller ocupacional o logran concluir su nivel escolar.
“Se tiene primaria, secundaria y bachillerato, pero se está hablando con universidades privadas para que los jóvenes, después de concluir su preparatoria, se vayan a estudiar completamente becados”, dice.
SÍ HAY AVANCES
Pese a las fallas humanas que se han presentado en el mismo centro de internamiento con las dos últimas evasiones de adolescentes, Homero Ernesto Salinas Rodríguez, director de Adaptación de Adolescentes en el estado, dice que el sistema todavía es perfectible y señala los avances.
Han bajado los niveles de reincidencia porque sí funcionan los tratamientos. Por ejemplo el Centro Femenil de Internamiento de Adolescentes siempre había ocho jóvenes, hoy sólo tenemos dos, lo que nos lleva a bajar de un 65 por ciento de reincidencia de 2005 al 3 por ciento para este año.
Señala que se tiene éxito con los tratamientos, pues los dos años o tres que generalmente cumplen como sentencia sirven a los jóvenes para ser desintoxicados, pues en un 95 por ciento los jóvenes que ingresan son víctimas de las adicciones, mientras que en el aspecto educativo se ha logrado integrar el nivel de preparatoria y diversos talleres ocupacionales.
Añade que en el caso de la infraestructura los centros fueron acoplados de acuerdo con las reformas.
“Hablamos de que antes la población de los centros eran (menores) de los 10 a los 15 años, ahora es de 14 hasta antes de cumplir 18. Hubo un proceso de reestructuración que sigue observando los últimos acontecimientos, pues se está solicitando cámaras y más medidas de seguridad interna”, puntualiza Salinas Rodríguez.
Las evasiones de jóvenes de los centros de internamiento son el retrato de la libertad que ellos extrañan.
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