Coahuila
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 2 de agosto del 2015 a las 14:00
Sabinas, Coah.- “La danza es el espejo que refleja lo imposible hecho posible, para todo aquel que puede tocarlo, sentirlo, escucharlo y experimentarlo”.
Con más cosas en contra que a favor, Alfredo Ayón Lozano, un joven de solo 20 años, aprendió que la lucha en la vida es tan grande o tan pequeña, como lo sean el tamaño de tus sueños.
Desde muy pequeño salió de su natal Jalisco para llegar a la ciudad de Sabinas y desde que tiene memoria recuerda cómo la música se apoderaba de su cuerpo y sus movimientos, no entendía qué lo hacía sentir feliz al bailar, pero sabía que cualquier mala situación podía solucionarse bailando, pues no era solo bailar por bailar, era la mejor forma de expresar sus sentimientos o estado de ánimo.
Pero conforme fue creciendo descubrió que el mundo del arte es tan bondadoso como severo y más cuando se pertenece a una familia de padres divorciados y siendo el menor de cinco hermanos, donde las necesidades apremian, por lo que este artista nato tiene que distribuir su tiempo desde que inicia su día en punto de las cinco de la mañana, estudiando la carrera de Administración de Empresas en una universidad pública, impartiendo diferentes disciplinas de baile en una academia especializada, haciendo trabajos de animación en eventos sociales y cuando los pagos se juntan, trabajando por horas en obras de construcción, limpiando jardines, como pintor industrial y comerciante, ya que es el principal soporte económico para su madre, doña María Lozano, que atiende la cafetería de la academia donde “su muchacho” como ella lo llama, es instructor y del que se siente inmensamente orgullosa, al ver su incansable esfuerzo por apoyar a su familia sin descuidar su amor por el arte.
A ella se le quiebra la voz al narrar cómo su hijo ha tenido que abrirse camino solo, ya que el apoyo de ella y sus hermanos ha sido moral, pues su exesposo siempre fue de una mentalidad machista y cerrada, por lo que trataron de mantenerlo al margen de la inclinación de su hijo por el baile.
Alfredo no tuvo que enfrentarse únicamente a la incomprensión de su padre, cuenta que desde la secundaria fue objeto de burlas y agresiones por parte de sus compañeros que lo etiquetaban como “homosexual”, algunos provocándolo hasta llegar a los golpes, dice sentir un gran respeto por la comunidad gay, pero no por amar el baile tenían derecho a poner sus preferencias en tela de juicio.
“Admiro mucho el talento de la comunidad gay y más en cuanto al arte se refiere, son estupendos amigos y personas además, pero no se puede y no se debe generalizar”, fueron las palabras de nuestro entrevistado, que vivió tal grado de discriminación, que con tristeza recuerda cómo algunas personas hasta llegaron a difamarlo, afirmando e inventándole relaciones homosexuales.
Además de las etiquetas y sus dificultades económicas, también en ocasiones ha sentido el rechazo social al perseguir su sueño, pues en una sociedad tan pequeña, a veces es más importante pertenecer a una familia de apellido conocido o transportarse en coche, que el mismo talento.
Pero orgulloso de su cuna y con bicicleta en mano, este joven talento trabajó hasta que las fuerzas se lo permitían, para poder asistir a seminarios, cursos, certificaciones y competencias regionales, nacionales e internacionales, que desde hace seis años lo respaldan como bailarín profesional y hace cuatro años como instructor certificado de disciplinas como ritmos latinos, jazz, gova, danza aérea, ritmos urbanos y danza folclórica.
“El baile me lo ha dado todo, es un ejercicio que te libera de cualquier estrés, te muestra capacidades y bondades del cuerpo que muy pocas personas llegan a descubrir, cuando montó en una coreografía me lleno de emoción al ver cómo se eriza la piel de los espectadores que ven la pasión desbordarse en el escenario con los bailarines.
Tengo dos grandes metas: Una es algún día abrir mi propia escuela de arte, pues el talento debemos compartirlo hasta tener la satisfacción de ser superados por los propios alumnos y la segunda es poder llegar al corazón y a la mente de muchos niños o jóvenes que aman a bailar o tienen algún otro talento artístico y lo reprimen por miedo a que los etiqueten, los agredan o ridiculicen, pues se perderán de una gigantesca bendición, por personas que no valen la pena.
Actualmente sé que todo lo he vivido para llegar al lugar en el que me encuentro ha valido por mucho la pena, pues he conocido a personas increíbles en hermosas ciudades donde me he presentado como Zacatecas, Querétaro, Jalisco, San Luis Potosí, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán, Merida, Puebla, entre otras, tengo una novia bellísima que me toma de la mano cada vez que siento caer, pero sobre todo tengo el valor de ir por la vida con la frente en alto, amando lo que soy y lo que hago, regalando una sonrisa a todo aquel que me dice no se pude y un abrazo a todo el que me ayuda para que nunca deje de creer en mí.
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