Internacional

Publicado el martes, 22 de abril del 2014 a las 20:09
Tiraspol.- Anna, de 28 años, está harta “de vivir en un país que no existe” para el mundo. Como ella, los habitantes de Transnistria, región separatista prorrusa de Moldavia, quieren un reconocimiento, aunque el conflicto en la vecina Ucrania les trae a la mente dolorosos recuerdos.
Después de la incorporación de Crimea a Rusia, Moldavia y la OTAN estaban preocupadas ante la posibilidad de que esta lengua de tierra de 500.000 habitantes se convierta en un nuevo eje de tensiones a las puertas de la Unión Europea.
Sobre todo porque hay unos 1.500 soldados rusos apostados en ella desde hace años en contra de la voluntad de Chisinau.
En Tiraspol, la “capital” de esta república que ningún Estado ha reconocido, la gente pasea por la arteria principal, entre monumentos a la gloria de la ex Unión Soviética y pancartas con el emblema nacional, una hoz y un martillo rodeados de espigas de trigo y uvas.
Pero un equipo de la AFP, que logró entrar en el territorio donde el acceso a la prensa está restringido, ha comprobado que el conflicto en Ucrania genera angustia.
– “Tenemos miedo –
“Estamos muy preocupados. Muchos de nosotros tenemos familia en Ucrania. Somos muy dependientes de este país para todo tipo de productos”, afirma Elena Rotari, una vendedora de verduras en el mercado central.
“Todos tenemos miedo de una guerra”, afirma Olga Zagoujelskaia, de 49 años, en el puesto fronterizo de Kutchurgan-Pervomaisk, principal paso fronterizo entre Ucrania y Transnistria, que sigue abierto.
Según Tiraspol, los ucranianos endurecieron los controles por miedo a infiltraciones de activistas prorrusos.
“Pero nuestra república, a nivel del Estado, no se implicará en los asuntos internos de Ucrania”, afirma el presidente Evgueni Chevtchuk en una entrevista exclusiva con la AFP.
En este enclave que cuenta con un 30% de rusos, 28% de ucranianos y 40% de moldavos, el conflicto en Ucrania hace rememorar los dolorosos recuerdos de la guerra civil que causó 800 muertos en 1992.
Preocupada por una desaparición del ruso en Moldavia, donde se habla rumano, Transnistria declaró su independencia en 1990.
“Sabemos lo que es la guerra. Es triste ver a los hermanos luchar los unos contra los otros en Ucrania”, dijo Zagujelskaia.
Hermanas “enemigas”, Moldavia y Transnistria están ahora frente a frente, separadas por el río Dniéster.
En la ribera izquierda, Tiraspol sueña con una unión aduanera con Moscú. La estatua de Lenin preside el parlamento y los servicios de seguridad siguen llamándose KGB.
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