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Excélsior
Publicado el sábado, 3 de diciembre del 2011 a las 02:46
Ciudad de México.- ¿Qué hubiera sido del cine animado si Walt Disney se hubiera rendido ante el primer fracaso? ¿O cambiado de profesión ante la primera bancarrota? ¿O hubiera desistido ante la primera traición de sus amigos?
¿Qué hubiera sucedido con nuestra infancia? ¿Con la de nuestros hermanos e hijos ? ¿Qué sería hoy del cine y de la cultura popular?
Afortunadamente no tenemos que buscar la respuesta a esas preguntas, pues la valentía, el arrojo y, sobre todo, la perseverancia de Walter Elias Disney —quien este lunes 5 de diciembre cumpliría 110 años de vida— nos regaló una existencia acompañada por sus personajes, animaciones y todo el cariño que durante años vertió en ellos.
Su vida comenzó el 5 de diciembre de 1901 en Chicago, Illinois, donde sus padres, de ascendencia irlandesa y canadiense, se instalaron buscando mejorar las condiciones de sus cinco hijos.
Gracias a eso Walt gozó de una infancia feliz en el campo, la cual abandonó más tarde para mudarse a Kansas City, donde ayudó a su padre en su trabajo como repartidor de periódicos, lo que complicó seriamente su estancia en la Benton Grammar School, debido a que tenía que levantarse demasiado temprano y con frecuencia se quedaba dormido en clase.
Entonces su padre inició otra empresa en Chicago, por lo que todos regresaron a su lugar de origen, donde el pequeño Walt fue inscrito en el Instituto de Arte. Años más tarde se convertiría en historietista del periódico de su colegio, donde publicó dibujos con tema patriótico y político, enmarcados en la Primera Guerra Mundial.
En 1918 decidió seguir los pasos de su hermano, por lo que dejó los estudios e intentó enrolarse en el ejército, pero fue rechazado por la edad, así es que se unió al cuerpo de ambulancias de la Cruz Roja, que admitía a chicos de 17 años.
Aunque nunca entró en combate por el pronto fin de la Primera Guerra Mundial, esa experiencia le permitió trasladarse a Francia, hasta que dos años más tarde decidió regresar a Kansas City.
Consiguió trabajo en el Pesemen-Rubin Art Studio, donde Walt se dedicó a crear anuncios para periódicos, revistas y cines. Allí coincidió con otro dibujante, Ub Iwerks, con quien inició un negocio, el cual cerraron meses después por falta de clientela.
Su primer acercamiento formal con el cine fue en Kansas City Film Ad, donde se experimentaban primitivas técnicas de animación.
Ese trabajo cambió su vida, pues ahí descubrió su verdadera pasión y concentró todos sus esfuerzos en la realización de pequeños cortos animados con su propia empresa, que llamó Laugh-O-Gram Films, Inc., donde ya adaptaba cuentos de hadas y relatos para niños.
Alice’s Wonderland, que mezclaba acción real y animación, se convirtió en el último corto de la compañía, que en 1923 se declaró en bancarrota.
Pero ese fracaso ni lo detendría ni lo alejaría de su sueño. Todo lo contrario. Por ello decidió mudarse al floreciente epicentro de la industria cinematográfica: Hollywood.
Sólo llevaba la cinta de Alice’s Wonderland bajo el brazo, 40 dólares en su bolsillo y todas las ilusiones de triunfar en el séptimo arte.
En un inicio, su intención fue convertirse en director y abandonar las animaciones. Pero nadie lo quería contratar como realizador y lo único que consiguió fue un contrato de la distribuidora Margaret Winkler, para producir más cintas del mismo estilo; él mandó traer a la misma actriz que interpretó a Alice en Kansas.
Al Disney Brothers’ Studio también se unió el animador Iwerks y su hermano Roy, quien se encargaría de la parte financiera. Este fue el primer embrión de lo que más tarde se conocería en todo el mundo como The Walt Disney Company.
Comenzaron rodando las llamadas Comedias de Alicia (Alice Comedies), para más tarde materializar Oswald, el conejo afortunado, que fue creado y dibujado por Iwerks. El proyecto se convirtió en un éxito inmediato y Walt decidió traer a California a sus amigos animadores de Kansas: Harman, Ising, Maxwell y Freleng, quienes más tarde lo traicionarían para quedarse a trabajar con los estudios Universal.
Disney e Iwerks perdieron los derechos del conejo, así es que decidieron crear un nuevo personaje.
“Mickey Mouse apareció, salió de mi mente en una libreta de dibujo, en un tren de Manhattan a Hollywood, en un momento en que la empresa de mi hermano Roy y mía estaba en el punto más bajo y el desastre parecía a la vuelta de la esquina”, mencionó alguna vez Disney, quien puso a actuar al ratón el 15 de mayo de 1928 en Plane Crazy, un corto silente.
Donald, Goofy (Tribilín) y Pluto llegarían después.
En 1935, ya sin Iwerks dentro de la compañía, Walt comenzó a planear su primer largometraje animado: Blancanieves y los siete enanos. Todos sus amigos, enemigos, su hermano Roy y su esposa Lillian Bounds, estaban seguros que el proyecto arruinaría a Sólo Disney creía en su ambiciosa idea. Tres años después, el dinero se le terminó, así es que realizó un montaje para los ejecutivos de Bank of America, quienes le dieron el dinero necesario para que la cinta se estrenara en el Carthay Circle Theater de Los Ángeles, el 21 de diciembre de 1937.
Blancanieves y los siete enanos se convirtió en la película más taquillera de 1938, le permitió a Dinsey construir sus estudios en Burbank y cimentar las bases de uno de los emporios fílmicos más poderosos del mundo, el cual todavía hoy y tras su alianza con Pixar, sigue marcando el rumbo de la animación en el séptimo arte.
“Todas las adversidades que he tenido en mi vida, todos los problemas y obstáculos, me han fortalecido… Uno no se da cuenta de cuándo sucede, pero una patada en los dientes puede ser la mejor cosa que le puede suceder en un momento dado”, sentenció alguna vez.
Tras ganar 26 premios Oscar —cuatro de ellos honoríficos— Disney falleció a la edad de 65 años, en 1966, debido a un cáncer pulmonar provocado por su adicción al cigarro.
El próximo 15 de diciembre se conmemoran 45 años de su muerte.
Más sobre él
Walter Elias Disney
Animador, productor, actor y director.
Nació el 5 de diciembre de 1901, en Chicago.
Murió el 15 de diciembre de 1966, en Los Ángeles.
Apodo: Tío Walt.
Estatura: 1.78 m.
la compañía.
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