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Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Por ATL DEL DESIERTO

Hace 4 dias

La educación moral en la civilización ha girado por siglos alrededor del maniqueísmo.

En todas las religiones y civilizaciones, en diferentes presentaciones, hemos tenido siempre ángeles y demonios.

Por milenios, hubo monarquías reguladas por la religión como regulación a la conciencia del ciudadano, pero siempre se tuvo el problema de que el poder subordinara a la religión como artífice para tener dominio sobre las voluntades del pueblo.

En ese maniqueísmo, el patito feo, el hijo indeseable, fue frecuentemente el pueblo judío. Desde el imperio romano, eran los apestados; ciertamente, fue el pueblo del área del mar Mediterráneo que menos aportó a la cultura y tecnología. Era un pueblo colaborador al imperio romano hasta que se rebelaron y, tras un largo sitio, fueron cruelmente reprimidos y expulsados de su tierra, realizando la diáspora, en la que se dispersaron por el mundo civilizado, llevando con ellos la habilidad para el comercio, copiada a los fenicios, y el hábito de ahorrar y manejar el dinero.

Por las dominantes religiones cristiana y musulmana, siguieron siendo sobajados, perseguidos y, algunas veces, masacrados.

En una ocasión en la que fueron expulsados de la península ibérica, varios de ellos se refugiaron en Francia e Inglaterra e iniciaron el poder político y económico actual, usando el poder del dinero, siempre necesario en esa época para las frecuentes guerras que por milenios marcaron la cultura euroasiática. Tanto cristianos como musulmanes vivieron en guerra, incluidos los líderes religiosos.

En una época en la que la iglesia destacó por reprimir la curiosidad científica, al considerarla “hereje” en relación con los conocimientos de la biblia (en todos los tiempos se ha considerado a pastores, pecadores y cazadores los más mentirosos del universo; la Biblia judío-cristiana es la historia de un pueblo), flotó la estúpida idea de que todo el conocimiento debía estar entre los renglones de ese libro, más manoseado que una estrella madura de espectáculos.

En el periodo entre el siglo 16 y el 19, en parte financiados por el nuevo poder económico, muchos pensadores tuvieron la tarea de proponer una forma alterna del poder político. La teoría ganadora fue la democracia, una teoría escrita en Grecia antes de Cristo.

Al igual que muchos conceptos, es un sistema bueno de gobierno, pero, al igual que las leyes de todos lados, quien la escribe puede, voluntariamente o no, dejar huecos para ser aprovechados por la naturaleza inicua de quien siente el poder.

Así como la iglesia formó una estructura obscura del poder, algo separado de la espiritualidad y filosofía implícita, así en la democracia aparecieron grupos obscuros del poder. Mucho se ha escrito sobre la pertenencia de presidentes norteamericanos a grupos de poder a quienes se atribuye hasta participación en guerras entre naciones.

Probablemente, la mejor época para la democracia, al menos en apariencia, fueron las décadas de los 60s y 70s. Hubo una lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, algo que logró el reconocimiento de derechos a afroamericanos, derecho declarado por Lincoln más de 100 años antes, pero que les quedó a deber, y se logró presionar a un presidente gringo por hacer trampa en las elecciones.

Más de 50 años después, en todo el mundo, la democracia sirve para lo mismo que el papel sanitario. Las elecciones representan farsas caras, manipuladas por muchos, que no ponen al deseado en el poder y no castigan a quienes fallan o delinquen.

Nadie en 1970 hubiera creído que llegara a la presidencia gringa un pederasta de familia de proxenetas, con nulo respeto a nadie, o que los países emergentes fueran dominados de nuevo por cínicos tiranos que pregonan “haber sido electos legalmente”.

Cuando iniciaba la civilización y se solucionaron los problemas del tiempo —repartir el costo y esfuerzo entre nosotros para protegernos, cuidarnos y limitarnos— pasó a un monstruo de 100 cabezas que engulle y esclaviza a todos.

Ahora vemos que la democracia ha sido solo excusa para dar poder absoluto a inmorales y corruptos haraganes.

Tal vez aplica la frase aquella de: “estábamos mejor cuando estábamos peor”.

 

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