Una vida ejemplar…
El abuelo Santos Gaytán Álvarez era de complexión delgada, correoso, por ende muy fuerte. Mi abuelita Lolita le decía “pito”, por lo mismo. Era un hombre dedicado a las duras faenas. Se contrataba con propietarios de ranchitos allá por la Mesa de Arizpe, al sur de Saltillo, donde con una barra de hierro rompía el piso de caliche o sillar, para colocar los postes para las protecciones alámbricas con púas; había ocasiones en que sangraba de las manos, pero había que sacar la tarea.
También colaboraba en las labores hortícolas y frutícolas. En su casa de General Cepeda sur, tenía un enorme chabacano que él plantó y un jardín con la flor llamada alcatraz, productos que vendía para ayudar a la economía familiar. En Real de Catorce, su tierra natal, trabajó al lado de su padre Ángel Gaytán, en la fundición de monedas que tuvo este llamado pueblo mágico del altiplano potosino.
Fueron 11 los hijos de Lolita y Santos. Siete de ellos: Carlos, José, Isidro, Javier, Oscar, Pedro y José Ángel, fueron impresores con el original sistema descubierto por el alemán Johannes Gutenberg, unos con mayor éxito que otros, pero todos reconocidos en su ámbito laboral.
Como impresor fue eficiente y magistral, no se conformó, como suele decirse en el argot laboral “apachurra papeles”. Su ingenio lo llevó a elaborar grabados hechos a mano con punzones que él mismo fabricaba. Sobre una superficie de hule plasmaba figuras u hologramas publicitarios, como las manolas, los toreros y toros, para los carteles taurinos. En su casa de San Nicolás de los Garza instaló una fábrica de letras de madera llamadas “tipo movible”, que servían para la impresión de carteles con grandes letras (grandes caracteres), que ingeniosa y milimétricamente hacía. Todo esto desapareció con la llegada de la computadora y el diseño gráfico. (Mi tía Andrea conserva el pequeño taller del abuelo)
Un día llegó el rotulista de la tienda de ropa Los Barateros de México, para solicitarle ayuda, pues el hombre no se daba abasto en pintar letras y números para las ofertas. El abuelo Santos no sólo le hizo las letras, sino que los instruyó en el noble oficio del impresor.
Su vida sindical ejemplar
Cuando aún no existían los líderes charros en Coahuila, José Santos Gaytán Álvarez, se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la CTM saltillense. Tenía amplios conocimientos de la Ley Federal del Trabajo. Fue uno de los líderes más aventajados en materia laboral y se dedicó a defender desinteresadamente a sus compañeros de clase. Los contratos colectivos de diferentes empresas, casi siempre eran elaborados por Santos.
El deseo de servir a los trabajadores le obligó a renunciar a cargos públicos y sindicales que le hubieran redituado buenos ingresos, además con el cuartelazo contra Lombardo Toledano, era acérrimo enemigo de Fidel Velázquez y no podía aspirar por ese lado a canonjías no muy honestas que digamos.
Vivió modestamente con su familia en una casita de la colonia Independencia en la ciudad de Monterrey, sin lujos, nunca tuvo automóvil, su medio de transporte fue el autobús. ¡De ese gran tamaño era el abuelo Santos! Los hijos colaboraron para junto a él edificar la casa de San Nicolás de los Garza, que no es de grandes proporciones, pero habitable, ahí tenía su taller de la fabricación de grandes letras de madera.
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