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¿Y Venezuela qué?

Por Jorge Castañeda

Hace 2 meses

Por muchas razones, la situación en Venezuela se complica. En primer lugar, desde luego, para los venezolanos; en segundo término, para Donald Trump y cualesquiera que sean sus ambiciones con el país petrolero; y en un lejano tercer lugar, para otros países, en particular México. Todo indica que el statu quo no es sostenible indefinidamente.

Varios cambios en los últimos días justifican esta apreciación. Primero, la exitosa salida de María Corina Machado de su país para llegar, aunque fuera con un día de retraso, a la ceremonia de entrega del premio Nobel de la Paz. Como muchos han sugerido, la decisión de viajar a Europa, y quizá muy pronto a Estados Unidos, encierra riesgos. Puede volverse una nueva Juan Guaidó: una prestigiada lideresa de oposición que debido al exilio permanente se vuelve irrelevante. Otro es la mayor exposición a los reflectores: en Europa, en EU, en América Latina, deberá enfrentar muchas más interrogantes sobre sus posturas a propósito de una invasión norteamericana, de la naturaleza del narcoestado de la dictadura de Maduro, de su aprobación de los ataques de EU a las supuestas narcolanchas en el Caribe o el Pacífico. Pero por lo pronto adquiere una presencia y movilidad que no poseía en Venezuela.

El segundo cambio viene de cómo se ha intensificado la presión de Washington sobre Caracas. El simple paso del tiempo contribuye a que la presión aumente, pero además algunos hechos lo demuestran. El ingreso al espacio aéreo venezolano de un par de cazas estadunidenses fue un paso más en la escalada. La intercepción y toma de un buque petrolero en altamar por parte de la Marina norteamericana es otro paso en el mismo sentido.

En Washington, varios analistas vaticinaban desde hace meses que ese sería uno de los desenlaces de la presencia marítima de EU frente a las costas de Venezuela. Se trata en este caso de una acción puntual contra un buque tanque que ya había disimulado su localización antes y para el cual hay una orden judicial de captura debido al hecho de que transportó petróleo iraní sujeto a sanciones por parte de EU. Pero la lógica de esa presencia marítima norteamericana sugiere que no es más que un primer movimiento. De manera constante circulan navíos cargados de petróleo venezolano hacia China, hacia Cuba y hacia algunos otros pocos países. Se puede suponer que cualquiera de estos días los marines intervendrán en otra captura, de otra nave, muy posiblemente transportando crudo venezolano a la Habana. Lo cual complicaría la situación tanto para Venezuela como para la dictadura castrista.

Cada día será más difícil para otros países definirse ante la creciente presión de Washington. Aunque hasta ahora no lo ha hecho, se entendería que la dictadura de Maduro intentara llevar el secuestro del tanquero al Consejo de Seguridad de la ONU, ya que Venezuela ya no es miembro de la OEA. Ahí, con un proyecto de resolución bien redactado, no sería imposible lograr la abstención de Francia y del Reino Unido, junto con el apoyo de Rusia y China. Esto obligaría a EU a vetar la resolución, dejándola sin efecto, pero con un efecto mediático innegable.

Asimismo, uno puede esperar que Maduro le insista cada vez con mayor vigor a países como México, Colombia y Brasil a que tomen su partido y censuren o reprueben la política de Trump hacia Caracas. Colombia probablemente lo haga: Brasil en menor medida; y México, por razones evidentes, y a pesar de las simpatías que la 4T le tenga a la dictadura chavista, mantendrá su famosa y lamentable neutralidad, que en este caso es preferible a la solidaridad con la dictadura. Pero los tres países se verán cada vez más aislados en América Latina, en particular a partir de las elecciones en Chile el domingo, donde el candidato de extrema derecha José Antonio Kast puede conseguir un mandato de hasta 60% del voto.

Todo esto para decir que si bien EU puede permitirse el lujo de mantener los enormes recursos navales que ha desplegado en el Caribe durante muchas semanas más –como explicaba un exconsejero de seguridad nacional hace poco– el costo es el mismo en el Caribe o en el Mediterráneo: es poco probable que la situación permanezca sin cambios. Al contrario: algún tipo de intervención se antoja ya inevitable, por criticable que pudiera ser a ojos de algunos.

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