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Yo no pedí nacer 

Por Mons. Alfonso G. Miranda Guardiola

Hace 4 meses

Y ¿dónde están los chamacos? ¿Por qué no vinieron hoy? Preguntó el amigo sacerdote al matrimonio al verlos llegar solos a la misa dominical.

No hubo poder humano que los levantara, padre.

Mmmmh y ¿cómo para ir a la escuela sí los levantan?

Es que es domingo, padre,

¿Y luego, qué tiene?

Están cansados. Se quedaron dormidos.

En cualquier otro día de la semana no les permiten quedarse en cama, aunque estén cansados, porque tienen que cumplir sus obligaciones e ir a la escuela; lo mismo se aplica en domingo para ir a misa, hay que levantarlos; porque es más importante ir a misa al encuentro del Señor, que ir a la escuela.

¿En serio padre?

Por supuesto que sí. Dios es primero, todo lo demás, va en segundo lugar. Si no aprendemos a darle a Dios el primer lugar, por encima de todas las cosas, el orden de las cosas en nuestra vida siempre estará equivocado. Y si no aprendemos a respetar y honrar a Dios; no aprenderemos nunca a respetar ni honrar a nadie. Esa es la jerarquía de las cosas y de la vida verdadera.

Tiene razón padre. No volverá a suceder.

Esa misma noche, los esposos discutían al respecto.

Pero, ¿cómo le podemos hacer? Comentaba el esposo. ¿Los llevaremos a Disney a cambio de que vayan a misa? ¿ O les prometemos un carro cuando estudien en la Universidad, si no faltan a misa?

No amor. Déjamelo a mí, contestó la mujer, yo sé cómo, yo me encargaré.

De acuerdo, confío en ti, nomás que no se te pase la mano.

Ay, ¿cómo crees?

Después de varias semanas.

¿Por qué me obligas, mamá? Yo no pedí nacer.

Tampoco pediste que te amamantara, ni que te vacunara, ni que te comprara tus biberones ni tus juguetes, ni que te lavara tu ropa, ni que te llevará a la escuela, ni que te diera de comer 3 veces al día, así que déjese de chiflasones, recoja su ropa, y váyase a misa que se le hace tarde.

Seis meses después.

¡Oigan, sus hijos ya no fallan a misa! Les dijo sonriente el amigo padre. ¿Cómo le hicieron? ¿Les salió la devoción?

Es que ya les entró el miedo, padre.

¿El miedo a Dios?

No padre, el miedo a su madre, que les quita celulares, dinero para el lonche de la escuela, el Xbox, el Netflix, y los deja sin comer el domingo si no van a misa.

Nombre, pos así por las buenas yo también voy, dijo el nervioso padre, jeje.

Diálogo real recreado, de una sobremesa, después de una bendición de un salón de juntas de un importante movimiento apostólico de la Diócesis de PN. 

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