Sociedad
Por
Leticia Espinoza
Publicado el viernes, 11 de diciembre del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Hace 215 años se empezaron a construir los cimientos más fuertes de la fe guadalupana en Saltillo. Era una pequeña ermita en lo alto de una loma la señal inequívoca del arraigo por la devoción que ya le tenían los antiguos tlaxcaltecas y conquistadores que llegaron a la ciudad, una fe que nació con la aparición de la Virgen a San Juan Diego y que se quedó para siempre en su tilma.
La Virgen de Guadalupe, venerada por millones de fieles en México y en el mundo, conquista también el corazón de los saltillenses que se unen en torno a su altar cada 12 de diciembre.
“En Saltillo tenemos el Santuario de Guadalupe, donde se le ha venerado desde hace muchos años atrás. Vienen las personas a su santuario a ponerse a sus pies, a reconocerla como madre de Dios y una madre muy cercana a nosotros”, explica el padre Gustavo Machuca Rangel, misionero del Espíritu Santo en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.
El pueblo saltillense reconoce al Santuario como un lugar sagrado, una casa común donde todos son bien recibidos. “En ese santuario volcamos nuestro corazón, expresamos nuestras plegarias, nuestras necesidades y aflicciones con la certeza de que la Virgen nos escucha y nos ilumina en nuestro caminar diario”, menciona Machuca Rangel.
Templo en el que una porción del pueblo de Dios anhela manifestarse en oración al Señor y a la Virgen, que es su madre santísima en la advocación de Guadalupe, expresa Jorge Fuentes Aguirre, laico y devoto de la guadalupana, quien escribió una obra completa del Santuario de Guadalupe.
El historiador relata que cuando se terminó la primera edición del libro “Una Casa para la Virgen: Historia del Santuario de Guadalupe de Saltillo” acudió una peregrinación hacia el Vaticano con el papa Juan Pablo II y le mandó uno de sus ejemplares.
“Él me contestó agradeciendo el obsequio y mandó bendiciones para la Diócesis de Saltillo”, dice con alegría, en la publicación de la carta que se enmarca dentro de la segunda edición del texto en 1998, que para nuestros días está agotado y es una bibliografía única, en la que se habla de la cronología para construir esta fe guadalupana.
‘UNA CASA PARA LA VIRGEN: HISTORIA DEL SANTUARIO DE GUADALUPE DE SALTILLO’ El escritor señala que por el hecho de que las apariciones de la Virgen de Guadalupe se suscitaron en el Tepeyac, relativamente cerca de Tlaxcala, los tlaxcaltecas llegados a la villa, sensibilizados por los catequistas franciscanos, le tenían desde entonces una devoción de la que estaban ya arraigados también los fundadores españoles.
Argumenta que muchos historiadores coinciden en señalar que no había nueva colonización en la que no estuviera presente en retablos o imágenes la Virgen de Guadalupe, que seguramente existió en el templo de Santiago y San Esteban (los dos primeros en edificarse en la ciudad).
A lo largo del texto, el historiador recopila a través de fuentes documentales del Archivo Diocesano, así como las impresiones del clero y familias cercanas al Santuario, la historia de este gran templo.
De esta investigación se desprende del documento más antiguo, que data del 1 de julio de 1794, cuando los pobladores de la Nueva Tlaxcala querían erigirle una capilla a la guadalupana y enviaron una solicitud de construcción al Obispo del Nuevo Reino de León, del cual dependía la Diócesis de Saltillo.
Ante aquella solicitud se edifica una ermita que se convertiría muchos años después en un templo, a cargo de dos principales bienhechores, don Dámaso Rodríguez y don Marcelino Garza, a quienes se les uniría doña Trinidad Narro de Mass.
Años después, en 1911, cuando muere don Enrique Mass, el esposo de la señora Trinidad Narro, como fiel a la guadalupana, decide donar 40 mil pesos para edificar en memoria a su esposo el templo gótico que hoy en día nuestros ojos pueden ver.
Por supuesto, habían llegado para entonces los padres benedictinos, quienes hicieron el nuevo proyecto, a cargo de Henri Guindon, un ingeniero francés reconocido por la construcción de lo que hoy ocupa el Teatro García Carrillo, el Casino de Saltillo y la casa de la familia Purcell.
Hacia 1911 iniciaron los trabajos del Santuario, cuyo estilo gótico lo hace diferente, pues es la única construcción en su género en el norte de la República.
“Se decide un diseño gótico porque el capital provino de don Enrique Mass, de origen alemán, y en Westfalia, su tierra natal, el estilo gótico impera en la construcción sacra”, dice Jorge Fuentes Aguirre.
Sin embargo, las obras del Santuario se suspenden en 1913 por el desorden de la Revolución, y además al ingeniero Guindon ya no le fue posible continuar dirigiendo la construcción. Para 1918 se habla de que la construcción continuó con el dinero restante de la señora Trinidad Narro de Mass y finalmente se abre a culto hacia 1920.
Hacia 1926, en el mes de junio, surge la llamada Ley Calles, a la que llamaron “Ley contra Dios” por las prohibiciones que hizo a la Iglesia católica. En esta fecha el Santuario, como muchos templos en México, cerró sus puertas hasta el decreto de Portes Gil en 1929.
Finalmente, cuando se restableció la paz, el templo aún no contaba con las torres, y tampoco campanas, por lo que el padre Salvador Sánchez, superior de la comunidad del Espíritu Santo y capellán del templo, decide edificarlas luego de su arribo al Santuario.
ARTE SACRO: LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE “Fue el día que en el Saltillo tuve aquel afecto de amor purísimo a la Virgen. Repentinamente, al estar rezando el Rosario, no pude continuar por las lágrimas de afecto crecido”, frases que reseña el mismo pintor jesuita Gonzalo Carrasco, autor de la imagen.
Le llamaban el “El Pintor Apóstol”; vino a estudiar su curso de Filosofía en el Colegio de San Juan Nepomuceno en 1888, y para entonces era ya un famoso pintor egresado de la Academia de San Carlos.
Ordenado sacerdote jesuita, Gonzalo Carrasco regresó a Saltillo en 1919 al templo del San Juan para cumplir su ministerio, y en los años de esta estancia pintó infinidad de obras de arte, como los cuadros de la Pasión de Cristo para el templo de San Juan Nepomuceno y, por supuesto la imagen guadalupana, que se colocó en el altar del Santuario en 1920, pues anteriormente sólo existía una litografía, que fue reemplazada por esta obra original.
“La pintura de la guadalupana representa una pintura muy valiosa que se conservó en perfecto estado hasta 2006, cuando sufrió daños por la humedad al ser sacada en una peregrinación de la llamada Pastoral de Multitud. A partir de entonces el INAH determina que la obra no podrá salir del templo y deberá ser protegida, además de que se le restituirá el marco original”, puntualiza Fuentes Aguirre.
MUY INTERESANTE » La fe por la guadalupana estaba arraigada entre los primeros pobladores de la Nueva Tlaxcala y los conquistadores que se instalaron en la villa.
» Los vitrales del Santuario son 44, más dos vitrales murales para dar 46, el mimo número de de estrellas de manto de la Virgen.
» El interior del Santuario ha tenido diversas variaciones para seguir las reglas del Concilio Vaticano; por ejemplo, la adecuación de un altar para celebrar la misa, en sustitución del púlpito, que antes se encontraba a media altura de la primera columna lateral en el lado izquierdo.
» El altar principal es el elemento arquitectónico que más cambios ha tenido en el transcurso de la historia del Santuario de Guadalupe.
En el libro escrito por Fuentes Aguirre se abre la interrogante que muchos hasta hoy nos preguntamos ¿de dónde llegó la devoción por la Virgen de Guadalupe a los primeros saltillenses que vieron nacer el santuario?
En el centro del altar principal yace inmóvil e inspirando paz la imagen de la Virgen de Guadalupe, misma que el año pasado fue protegida con vidrio templado por orden del INAH, una obra que, según Fuentes Aguirre, tiene en sí misma un toque de prodigio que inspiró al pintor.
» Son 215 años de la presencia mariana en Saltillo, a raíz de que los primeros pobladores deciden dedicarle una ermita a la Virgen en la Loma del Cituado, por el año de 1794.
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