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Coahuila

Casado y con burro

Por Dalia Reyes

Hace 8 años

No sé si los primeros habitantes civilizados sobre la Tierra utilizaban recursos físicos, líquidos corporales o tácticas de guerra para asegurar que la cueva familiar quedara en manos y pies de su descendencia. Mis lecturas al respecto remiten, más bien, a que cada generación construía su propia hacienda.

La propiedad privada detonó el redituable asunto de las herencias y los testamentos. En primera instancia, asegurar el futuro de la descendencia pasó de tradición a obligación; en el pasado quedarse los hijos con las propiedades del padre era una opción que el jefe de familia podía cambiar a su gusto y deseo. Con el tiempo, esa disposición histórica se tornó legal y se hizo ver como una obligación el que los padres cedieran sus posesiones a sus descendientes.

Como sea, la determinación paterna privó todavía sobre esa imposición social de proveer a los hijos e hijas, en orden de aparición y con valor agregado según fuera el género. Esta situación todavía tuvo un cambio drástico acabando por convertirse en un compromiso moral.

La diferencia entre la obligación y el compromiso moral, es que si antes existía una vía legal para asegurar la trascendencia de los bienes, ahora la sociedad cae con todo su peso sobre quien, siendo dueño de algo, osa privar a sus vástagos de una seguridad indispensable, considerando que las nuevas generaciones no se conciben partiendo de cero para hacerse de su patrimonio.

Más aún: si antes era viable condicionar la posesión y el uso de los bienes a ciertas condiciones como contraer matrimonio, terminar una carrera, aprender un oficio, etcétera, ahora también eso está prohibido: Los descendientes deben de recibir los muebles y los inmuebles del padre sin requisito cual ninguno. La razón, según sé, es porque el heredado se veía muy condicionado para recibir los bienes; entonces me pregunto yo si, estando en desacuerdo con ello ¿acaso no podía denegar la recepción de la herencia?

Dar es cosa de la voluntad, pero cuando la ley mima demasiado hasta el mejor intencionado se vuelve en depredador.

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