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Por
Luis Lemini
Publicado el viernes, 26 de septiembre del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Un paso en el interior de su vivienda es suficiente para percibir la armonía y la tranquilidad que manifiesta “Tenchita” con una sola mirada. Permanece sentada sobre un sillón para dar testimonio de su paso a través de más de un siglo de vida, convirtiéndola en una de las mujeres más longevas de la ciudad.
Su nombre es Hortensia Valdés de Valdés, tomando el primer apellido de su esposo Armando, quien fuera su compañía en el andar diario de una vida de respeto, sinceridad y tolerancia que al mismo tiempo inculcaron a sus hijos, con el fin de convertirse en personas de bien.
Permanece en silencio durante un momento, agacha su cabeza, junta sus manos y recuerda que nació el 26 de enero de 1905, “pero… ¿qué les voy a contar yo que estoy tan vieja? Mi vida ha estado dedicada a la familia”, menciona mientras acomoda algunas pulseras que luce en su muñeca izquierda, las cuales fueron regalos de sus hijos y esposo.
Por un lado se encuentra la andadera que le sirve para caminar, pues aunque el tiempo ha sido benevolente con Hortensia, su edad le ha provocado problemas para caminar. “Afortunadamente no estoy enferma de nada, me he podido conservar muy bien gracias a Dios. Él es el único que nos ha dado la oportunidad de seguir aquí”.
Es originaria de Piedras Negras, Coahuila, en donde creció al lado de sus padres y hermanos en una vivienda modesta, recordando una infancia feliz en la que el aire limpio y las flores, eran la principal característica de su casa, “todo estaba muy tranquilo entonces y yo como niña, solamente me dedicaba a jugar a las muñecas con mis hermanas. Tuve puras hermanas y un solo hermano”.
Fue entonces cuando vivió el movimiento de la Revolución Mexicana, aunque dice haber borrado de su mente toda esa época. Cuando escucha el nombre de Venustiano Carranza, Francisco Villa o Francisco I. Madero, su manifestación es clara: “yo era muy niña en ese entonces, como para andarme acordando de esas cosas”.
Aunque hace un esfuerzo para recordar, prefiere cambiar el tema de la conversación, pues además se trata de un suceso que poco le interesa. De esta manera, llegan a la mesa los temas familiares y aquellos que pertenecen a sus costumbres diarias, presentándose como una persona apegada al hogar y a la familia.
Comenta que es una persona católica, creyente de Dios y de la Virgen de Guadalupe, “yo tenía la costumbre de ir a misa todos los domingos, pero ya no puedo. Ahora escucho la misa que pasan por la televisión”, para Hortensia, esa es la forma más cercana de continuar con la profesión de su fe y el agradecimiento hacia Dios.
De hecho, insistió en que su boda se realizara en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, y aunque no recuerda los detalles de ese día, tiene presente que fue uno de los momentos más importantes para ella, “es una iglesia muy hermosa, preciosa que estaba ese día; siempre con mucha gente que va a la adoración”.
Muy joven llegó a Saltillo cuando su marido Armando fue contratado en una empresa americana que se dedicaba a la extracción de ixtle, palma y lechuguilla.
Desde entonces, adoptó la ciudad como su consentida, a pesar de no ser nativa de esta región, “siempre me ha gustado Saltillo. Me gustaba como era antes y estoy muy a gusto hoy. No tengo ninguna queja de la ciudad ni de todos estos años que he vivido aquí”.
Describe a Saltillo como su ciudad adoptiva, aquella en la que desde el primer momento se sintió muy contenta, “cuando llegamos teníamos una casa en la calle de Allende. Siempre ha pasado mucha gente por ahí”.
Con el tiempo nacieron sus seis hijos, los cuales se luce en describir, reflejando el orgullo que siente por ellos, “Armando es el mayor; Valeriano es mi hijo el licenciado; de ahí le sigue Sergio; Jaime que es dentista; Francisco Javier y otro que se llamaba Jorge, pero que murió cuando ya estaba grande, en un accidente”.
Aunque vive sola, recibe la visita de todos ellos con mucha frecuencia, sobre todo la de su hijo Jaime, quien todas las mañanas la acompaña, “también vienen los demás en las noches. Aquí nos quedamos platicando mucho tiempo hasta que me da sueño. Tengo un hijo que vive en Piedras Negras, y también viene cada que puede, porque yo ya no puedo ir”.
Recuerda entonces que sus seis hijos fueron varones, dejándola con las ganas de tener a una mujer más en su familia, “me hubiera gustado mucho tener una hija, pero las cosas así fueron, no me estoy quejando tampoco”, aclara.
Aunque le gustaba la música, Hortensia dice no ser una persona a la que le gustara bailar. De hecho tampoco acostumbraba salir de paseo ni tener algún entretenimiento fuera de casa, “mi marido era una persona muy retraída hacia su casa. Iba del trabajo a su casa, pero nada más, así que yo tampoco fui de muchos paseos”.
Dedicada al cuidado de sus hijos, Hortensia tenía la costumbre de cocinar todos los días, y aunque no recuerda los
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