Internacional

Publicado el lunes, 28 de febrero del 2011 a las 22:55
Bengasi.- Epicentro de los combates por la liberación de Bengasi (este) hace más de una semana, incendiada y saqueada, la Katiba, el gran cuartel del ejército en el centro de esta ciudad, se ha convertido en lugar de peregrinaje para quienes participaron en los enfrentamientos, familias e incluso libios venidos de lejos.
“Traje a mi familia para que conociera el lugar en el que estuve hace unos días, cuando estalló la revolución”, dice con orgullo Hasad, de 44 años, junto a sus tres hijos y su esposa frente a uno de los edificios de este gran complejo militar destrozado.
Los pequeños Lubna (8 años), Hajmad (6) y Kasim (2) miran con curiosidad los muros pintados con grafitis y entran de la mano de sus padres al edificio, repleto de escombros y cuyas habitaciones parecen salidas de una escena de guerra.
Según médicos presentes en Bengasi, 256 personas murieron y unas 2 mil resultaron heridas en el levantamiento contra el régimen de Muamar Kadhafi en esta ciudad el pasado 17 de febrero y los días que le siguieron. Muchas de esas víctimas se registraron en los combates en torno este cuartel.
“Estábamos afuera de la Katiba, tirábamos piedras y desde adentro nos respondían con disparos. Hubo mucho muertos. Después, cuando finalmente se fueron, entramos. Algunos fueron directamente a los depósitos de armas y se llevaron kalashnikovs, balas”, cuenta Hasad.
En ese lugar, una gran galería subterránea abierta, se pueden ver decenas de cajas abiertas de municiones y fusiles desparramadas por el suelo. Hay olor a quemado y hace calor, como si algo todavía ardiese en algunas de los cuartos internos.
En el inmenso playón del centro del cuartel yacen varios vehículos calcinados. Una parte de la entrada de la Katiba se derrumbó.
Lo único que fue respetado por la muchedumbre fue la mezquita interna, que de todos modos tiene disparos de bala en sus puertas y las vitrinas rotas de unos muebles saqueados en su interior.
Haithame Mohamed, un estudiante de letras de 23 años, viene por primera vez al cuartel con unos amigos para ver el lugar del que tanto oyó hablar en los últimos días.
“Mis padres no nos dejaban salir de casa. Es una pena. Me hubiese gustado estar acá”, afirma con un dejo de tristeza por no haber podido participar de la toma del cuartel.
Haithame está interesado en saber qué piensan los extranjeros sobre su país y también da su opinión sobre la situación.
“Kadhafi es un hombre muy malo para Libia. Ahora hay que reflexionar sobre el futuro que queremos, qué economía queremos, qué sistema político queremos”, agrega.
A medida que la mañana avanza la Katiba se va llenando de visitantes que dan vueltas en auto, recorren los edificios a pie, toman fotografías. Varios están armados y algunos disparan al aire a modo de celebración.
Si la mayoría son de Bengasi, algunos vienen de lejos, como Yusef, de 57 años y oriundo de Itdabiya, a 200 km de la segunda ciudad libia.
“La gente necesitaba reaccionar, destruir este lugar, destruir todo lo que tiene que ver con Kadhafi. Porque él no es libio, las cosas que no hacen no son las cosas que haría un libio”, dice.
“Ha matado niños, mujeres, jóvenes. No le importa nada ni nadie. Sólo queremos que se vaya y deje de matar a nuestra gente”, concluye.
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