México, DF.- Era de madrugada y lo esperaban afuera del Bar Bar. Pero ese 25 de enero su jefe salió de prisa y antes de la hora acostumbrada. Mientras lo conducían hacia su domicilio dentro del establecimiento nocturno se había suscitado un caos: “El JJ” le acababa de dar un tiro en la cabeza al futbolista Salvador Cabañas.

A partir de su testimonio, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) logró ubicar a un hombre con acento norteño que operaba como brazo derecho de “El JJ”. Lo apodan “El Cuñado” y fue él quien la mañana del pasado 26 de enero los recibió en la casa de Tecamachalco y les dijo: “Ya no los va a necesitar, va a salir de viaje”.

Los escoltas informaron que, además de la residencia de Tecamachalco, ubicada en el estado de México, “El JJ” ocupaba un departamento de lujo, marcado con el interior 102, en la calle de Ahuehuetes Norte, en la colonia Bosques de las Lomas en la delegación Cuajimalpa.

Las actividades del ‘patrón’

Margarito Cruz Ramírez, Mariano López Morales y Mario Zamarripa Martínez proporcionaron datos fundamentales de las actividades del agresor del futbolista Salvador Cabañas, a dos semanas del atentado ocurrido en el Bar Bar.

Índigo DF tuvo acceso a la averiguación previa FAO/AO-4/T1/0147/10-01 donde constan las declaraciones ministeriales de los tres policías de los Cuerpos de Vigilancia Auxiliar y Urbana de la ASE de la Secretaría de Gobernación del Estado de México quienes hoy se encuentran arraigados por la PGJDF por probable encubrimiento en delito de tentativa de homicidio.

Los empleados, quienes se refieren a “El JJ” como “el señor Maximiliano”, dieron cuenta de la intensa vida social de su patrón en diversos antros de la capital. Tal es el caso del Bar Bar, de Insurgentes Sur, y de Las Vegas, en la avenida Reforma, donde solía acudir acompañado de mujeres principalmente los días miércoles y domingos a partir de la medianoche hasta las siete de la mañana del día siguiente.

La noche del atentado

Silvia Irabién no fue la única persona cercana a José Jorge Balderas Garza ubicada y señalada por sus escoltas.

Los empleados de seguridad refieren a un hombre joven conocido como “El Cuñado”, de aproximadamente 30 años, que vestía casi siempre con pantalones de mezclilla, tenis y suéter gris. Era el responsable de cuidar la casa de Tecamachalco y hacer la limpieza de la misma.

Este hombre, quien se caracterizaba por su acento norteño al hablar, era quien les abría la puerta a los escoltas a fin de que ingresaran al cuarto destinado para ellos. En el mismo había camas de descanso y ropa especial para hacer el servicio de custodia, como trajes y abrigos largos.

La noche del 24 de enero, “el señor Maximiliano”, les dio una orden precisa: “Alístense porque vamos a salir”, declaró Margarito Cruz.

A las 00:30 horas salieron de la residencia de Tecamachalco. De avanzada iba otro de los escoltas, Mariano López Morales, quien manejaba un Tsuru dorado. Atrás iba el Audi color rojo, tripulado por “El JJ” y atrás una camioneta Durango, color negra.

“Cuando se iba de fiesta salía de la casa de Tecamachalco y en el camino llamaba por teléfono al sujeto que conocía con el sobrenombre de “El Contador”, a quien le decía en qué lugar iba a estar y se quedaban de ver antes de entrar”, recordó Cruz.

El ingreso al Bar

Esa noche se dirigieron a la gasolinería que se encuentra en avenida Reforma, donde se abasteció de gasolina “El JJ” y adonde llegó “El Contador”, acompañado de tres sujetos, a bordo de un Seat, color azul.

“El Contador” es la “persona que baja del Seat y aborda el vehículo Audi para dirigirse todos al Bar Bar, llegando a la 1:00 o a la 1:30 horas del día 25 de enero”.

Al llegar al bar, el escolta de nombre Mario Zamarripa se acercó a “El JJ” y le recibió dos radios de nextel. Mientras, los otros dos elementos de seguridad se apostaron a la entrada del bar vigilando el ingreso de su jefe.

Afuera del Bar Bar se encontraron a los cuatro escoltas del empresario Slim, aludiendo a Carlos Slim Domit, quien al parecer se encontraba esa misma madrugada en el interior del lugar.

“Veo cuatro escoltas parados junto a la puerta de entrada, presumiendo que eran del señor Slim, a los que ya había visto en diferentes ocasiones en el Bar Bar”, manifestó Margarito Cruz.

Los autos y la camioneta los estacionaron en las inmediaciones del establecimiento donde se localiza un banco HSBC.

‘Vámonos a la casa’

A las 3:40 horas salió del Bar Bar “El Contador” y se dirigió al escolta: “Márgaro, manda preguntar el patrón como está todo afuera, a lo que respondí que todo tranquilo”.

Una hora y media después, como a las 5:30 de la madrugada, ve que sale a prisa “el señor Maximiliano” o “El JJ” y que camina hacia la camioneta que ya estaba encendida, pues el escolta tenía prendida la calefacción.

“El JJ” sube a la camioneta en el asiento del copiloto y le dice al escolta Margarito Cruz: “Vámonos a la casa”.

Regresaron a la residencia de Tecamachalco alrededor de las 6:30 del lunes 25 de enero.

Al bajar de la camioneta, “El JJ” saca dinero de una bolsa y les paga la primera quincena de salario, correspondiente al mes de enero, diciéndoles: “Ahí está muchachos, nos vemos mañana”.

El 26 de enero, cuando regresan a la casa para iniciar labores, son recibidos por “El Cuñado” quien les informa que ya no se requieren sus servicios, pues “el señor Maximiliano” se iría de viaje.

Sus versiones sí coinciden

Mariano López Morales, otro de los escoltas coincide en gran parte de su declaración con la versión emitida por su compañero Margarito Cruz.

En tanto, Mario Zamarripa Martínez detalló la ruta que siguieron esa noche al salir de la casa de Tecamachalco y dirigirse al Bar Bar: “Todo fuente de Diana hasta incorporarnos a Monte Líbano, atravesamos avenida de Las Palmas y seguimos por Monte Líbano hasta llegar a Reforma, doblamos a la izquierda donde se encuentra una gasolinería”.

Los tres elementos de seguridad manifiestan no saber qué pasó con “El Paco” o “El Contador”, después de la agresión al interior del centro nocturno.

Las versiones de los tres escoltas, presentadas ante el Ministerio Público coinciden entre sí respecto a lo que atestiguaron sobre José Jorge Balderas Garza, el hombre de las siete personalidades.

A pesar de que horas después del atentado en el Bar Bar los escoltas se enteraron de lo ocurrido a través de los medios de comunicación, no fue sino hasta que la Procuraduría capitalina los requirió que dieron su testimonio. Esto, 11 días después del atentado contra Salvador Cabañas, lo que les pudo dar la oportunidad de planear su versión.