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Vive Juan Villoro el drama del terremoto: “Fue una impresión brutal”

  Por Notimex

Publicado el miércoles, 3 de marzo del 2010 a las 04:23


El terremoto de 8.8 grados Richter que azotó a Chile la madrugada del sábado sorprendió al escritor mexicano Juan Villoro.

Santiago, Chile.- El terremoto de 8.8 grados Richter que azotó a Chile la madrugada del sábado sorprendió al escritor mexicano Juan Villoro en el piso siete de un hotel del centro de esta capital, donde por algunos instantes estuvo convencido que iba a morir.

“Fue una impresión brutal. Pensé que era muy difícil que sobreviviéramos. Por la experiencia de los terremotos en México y por la sacudida de esta fuerza que tuvo el terremoto aquí en Chile pensé que muy difícilmente sobreviviríamos”, dijo Villoro a Notimex.

El escritor se encontraba en Chile tras participar en el I Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil y el sábado en la madrugada dormía en su habitación del tradicional Hotel San Francisco cuando el movimiento telúrico lo despertó de súbito.

En entrevista, relató que al principio creyó que estaba en medio de una pesadilla en la cual un terremoto lo atrapaba en la ciudad de México, donde vivió el sismo de 1985, pero en pocos segundos se dio cuenta que estaba en Chile, un país de alta sismicidad.

“Fue una sacudida terrible, yo había vivido el terremoto del 85 en México, pero sin duda este fue de una magnitud muy superior. Estaba yo en un séptimo piso, el edificio se comenzó a mover, a crujir, empezaron a caer botellas, libros por todas partes”, recordó.

Eran las 03:34 horas locales y el movimiento fue de menos a más, oscilante, intenso, interminable, nada lo detenía y Villoro dudó, aún sentado en la cama, si corría hacia las escaleras de emergencia en busca de la planta baja o si esperaba en su habitación.

“Traté de incorporarme pero me caí al piso. Me di cuenta que sería muy peligroso tratar de bajar por la escaleras porque no podía ni siquiera mantener el equilibrio”, señaló el autor, quien figuraba entre los invitados especiales al congreso de literatura infantil.

Dijo que, casi de inmediato, se generalizó en el ámbito del Hotel San Francisco, donde pernoctaban otros 34 mexicanos asistentes al congreso literario, “como un olor algo acre que después resultó ser polvo y yeso”.

Fueron dos minutos de terremoto que parecieron una eternidad y que culminaron cuando el escritor abrió la puerta de su habitación y se encontró en el pasillo con otros compatriotas con los rostros lívidos y el pánico a flor de piel.

“Finalmente, cuando descubrimos con asombro que no nos había pasado nada, bajamos (al lobby y después a la calle) pensando que encontraríamos una ciudad devastada, pero la arquitectura chilena es extraordinaria”, señaló.

En la calle, sobre la banqueta que da a la tradicional avenida Alameda Libertador O’Higgins, muy pronto se congregaron unos 400 extranjeros que habían asistido al congreso de literatura infantil y que estaban alojados en el mismo hotel.

“Ahí nos volvió el alma al cuerpo, ya en la calle, cuando vimos que todos estábamos bien”, indicó Villoro, quien tenía previsto además participar esta semana en el V Congreso Internacional de la Lengua Española en el puerto chileno de Valparaíso, el cual se suspendió.

El escritor de 53 años de edad, autor de “El testigo” y “Los once de la tribu”, dijo que los aterrados huéspedes del Hotel San Francisco “de inmediato comenzamos a conversar entre nosotros y a compartir la experiencia”.

“Entonces se dio una situación curiosa, al bajar a la banqueta, porque los 400 extranjeros nos reunimos por países, por grupos de compatriotas, a intercambiar las primeras impresiones”, añadió el también autor de literatura infantil como “El libro salvaje”.

Aseveró que “estuvimos juntos, perfectamente unidos, intercambiando experiencias. Fue una especie de terapia de grupo. Naturalmente, había gentes en estado de pánico y muy nerviosos, unos más que otros”.

Villoro y otros huéspedes reingresaron al hotel en busca de agua, pantuflas, cobijas y chamarras para quienes habían bajado en paños menores y tenían frío y a eso de las siete de la mañana, cuando ya había amanecido, algunos regresaron a sus habitaciones.

Unos más optaron por quedarse en el lobby y buscar otros hoteles con edificios menos altos para hospedarse.

De acuerdo con el escritor y colaborador habitual de diarios, revistas y suplementos culturales en México y Latinoamérica, los mexicanos “estamos bastante curtidos en terremotos, pero este susto sin duda nos sobrepasó a todos”.

Dijo que de manera inmediata comparó el terremoto del pasado sábado con el que azotó en 1985 a la ciudad de México, el cual fue menos fuerte pero más devastador y cuyo horror “se fue incrementando a medida que descubríamos que había muchas víctimas”.

En México “fue una situación terrible lo que vimos después, el “‘after shock’”, mientras que “aquí fue todo lo contrario, fue una impresión brutal la sensación de estar vivos de milagro y la sorpresa adicional de que no hubiera tantos daños como temíamos que hubiera (por la violencia del movimiento)”, sostuvo.

Al despertar el sábado, horas después de su reingreso al hotel, Villoro se percató que carecía de servicio telefónico, televisión e Internet, por lo que salió a la calle en busca de un cibercafé para avisar a su hija en México que se encontraba bien.

No se queja de la forma en que ha vivido estos días porque, para la magnitud del desastre que ha ocurrido en el país y de la emergencia que viven millones de chilenos, “nos dimos cuenta de que estábamos en el mejor de los mundos posibles”.

“De inmediato nos enteramos de lo que había pasado en Concepción (al sur de Chile, cerca del epicentro del terremoto), del tsunami (que devasto poblaciones costeras), de la gente que no tenía agua ni alimentos ni corriente eléctrica”, dijo.

“Nos quedamos sin teléfonos, sin televisión, sin Internet, es decir, estábamos aislados, pero era algo a lo que podíamos sobreponernos”, aseveró.

El único problema ahora para Villoro y los mexicanos que asistieron al congreso de literatura infantil es la incertidumbre del regreso a su país ya que el aeropuerto de Santiago permanece cerrado para los vuelos comerciales.

“Esa situación ha sido la que ha dado alguna angustia. Algunas personas (varadas en esta capital) están muy preocupadas, otras no tanto, pero desde luego que es una situación de menos gravedad que la que tienen otras personas en este país”, consideró.

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