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El amor por el dinero en México

Por Columnista Invitado

Hace 7 meses

Por: Enrique Quintana

Ya lo habíamos mencionado anteriormente: en México nos encanta el dinero… pero preferentemente en efectivo.

El tema resurgió recientemente durante la Convención Bancaria que concluyó el viernes pasado.

Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 (ENIF), elaborada por INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), el 73.5% de los mexicanos utiliza efectivo para compras mayores a 500 pesos. Para transacciones menores, el uso sube hasta 85.2 por ciento.

En contraste, en Estados Unidos el Banco de la Reserva Federal de Dallas indica que sólo el 26% de todas las transacciones se realizan en efectivo, cifra que en Canadá alcanza apenas el 33%. Esto sitúa a México en desventaja competitiva frente a sus principales socios comerciales.

La misma ENIF señala que apenas el 19% de la población mexicana usa regularmente tarjetas de crédito o débito en pagos superiores a 500 pesos; para transacciones inferiores, esta cifra cae a sólo 10.4 por ciento.

Las desventajas económicas del alto uso de efectivo son claras y preocupantes:

  • Informalidad y baja productividad: La dependencia del efectivo mantiene a numerosos negocios en la informalidad, limitando su capacidad de crecimiento, inversión tecnológica y eficiencia operativa. Esto genera un círculo vicioso de baja productividad y escaso desarrollo económico.
  • Evasión fiscal y recaudación insuficiente: Las transacciones en efectivo facilitan la evasión de impuestos al no dejar registros formales. México tiene una de las tasas más bajas de recaudación tributaria respecto a su economía, lo que impide financiar adecuadamente servicios públicos esenciales.
  • Facilitación del crimen organizado: El efectivo es preferido por actividades ilícitas debido a la dificultad para rastrear las operaciones. Esto incrementa costos de seguridad, justicia y tiene efectos negativos en el bienestar social.
  • Exclusión financiera: El predominio del efectivo excluye a grandes sectores de la población de los beneficios del sistema financiero formal, limitando el acceso a créditos, seguros y ahorro formal, lo cual afecta directamente su estabilidad económica.
  • Costos operativos y menor eficiencia: Manejar efectivo implica altos costos logísticos como producción, transporte y seguridad, afectando la productividad de empresas e individuos. Además, limita el desarrollo del comercio electrónico y la innovación tecnológica.

¿Cuáles son los factores detrás de esta preferencia por el efectivo en México?

Uno central es la magnitud de la economía informal. Si más del 50% de la población trabaja informalmente, es lógico que la mayoría reciba y gaste dinero en efectivo.

Otra razón crucial es la desconfianza. Según la ENIF, al preguntar por qué no acceden a créditos formales, el 38% expresa aversión al endeudamiento, 21% señala no cumplir con los requisitos, y 26% afirma no tener interés o necesidad. Detrás de estas respuestas está la falta de comprensión y confianza hacia las instituciones financieras.

También influye la insuficiencia de infraestructura bancaria y los costos asociados al uso de servicios financieros formales.

Otro factor reciente es el temor a la autoridad fiscal. De acuerdo con estimaciones de la OCDE, la evasión en el Impuesto Sobre la Renta alcanza aproximadamente el 19% para personas físicas en México. La vigilancia cada vez más estricta del SAT sobre ingresos registrados impulsa a muchas personas a mantener sus transacciones en efectivo para evitar controles fiscales.

Finalmente, aunque la inflación en abril de este año de 3.9%, la cantidad de billetes y monedas en circulación aumentó en 8.9%, según datos del Banco de México.

Está claro que el amor por el efectivo sigue fuerte en México, lo que es otro de los factores que limita el crecimiento a largo plazo.

Reducir su uso no sólo beneficiaría a la economía formal, también mejoraría significativamente la productividad, la inclusión financiera y la transparencia fiscal del país. Regresaremos a este tema.

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