Coahuila
Hace 3 años
El 16 de abril de 1995 le fue arrebatada la vida a Iqbal Marish, joven pakistaní, que cedido por su padre (que requería de un préstamo para pagar la boda de su hijo mayor), entregó al niño, de tan sólo 4 años, a un fabricante de alfombras de Punjab –quién recuperaría el dinero prestado, descontándolo del salario acordado con la familia por el trabajo del menor–.
Así, Iqbal fue sometido a las peores formas de trabajo infantil, obligándolo a trabajar a jornadas extremas (de más de 12 horas), además de trabajar encadenado a un telar y ser maltratado y castigado en forma reiterada. A los 10 años logra escapar de la esclavitud, convirtiéndose de esta manera en un activista que pugnó por los derechos de la infancia.
El joven Marish recobra legalmente la libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado, tras conocer a Ehsan Khan (luchador contra el trabajo esclavo), de quien aprende a denunciar ese tipo de situaciones, convirtiéndose en un líder infantil, que logra el cierre de diversas empresas en las que se explotaba a otros niños.
Como consecuencia de su gran notoriedad para el mundo y la valentía para exponer las condiciones a las que eran sometidos los menores en su país, su lucha por la defensa de los derechos de los menores sería breve, pues le costaría la vida, a la corta edad de 12 años.
Conforme a los resultados del un nuevo informe conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Unicef, actualmente el número de niños en situación de trabajo infantil se eleva a 160 millones en todo el mundo, debido a los efectos del Covid-19, como la pérdida del empleo, aumento de la pobreza y el cierre de escuelas.
Se estima que, 8.2 millones de niños de entre 5 y 17 años trabajan en América Latina y el Caribe. La mayoría de estos niños son adolescentes varones y 33% son niñas. El trabajo infantil está presente tanto en las zonas rurales como en las urbanas, y el 48.7% se encuentra en el sector agrícola. Algo menos de 50% de los que participan en el trabajo infantil lo hacen en el trabajo familiar.
El trabajo infantil causa daños física y mentalmente, restringe sus derechos, limita oportunidades y compromete su educación, por lo que los gobiernos deberán aumentar la protección social y el acceso a sus derechos para igualar el avance que se había reportado en la región entre 2016 y 2020, pues se pretendía que para 2025, América Latina y el Caribe fuera la primera región del mundo en erradicarlo.
En México, el trabajo infantil es invisibilizado y normalizado, aun cuando el marco legal en la mayoría de los estados de la República lo prohíbe, cada vez encontramos más niños, niñas y adolescentes en situación de calle, en mercados, en cruceros o en actividades domésticas que correspondería a sus padres o personas adultas, que se han visto afectadas por la situación económica.
En algunos estados como en Coahuila, la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia, que dicho sea de paso, fue el primer modelo en el país, creada por la licenciada Elsa Hernández de De las Fuentes, abogada y entonces presidenta del DIF (1981), estructurada entonces, jurídicamente por el licenciado José Fuentes, surge como un modelo de atención integral para menores, que a la fecha cuenta con protocolos especializados de atención y procedimientos anónimos de denuncia.
La Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (2014), estandariza la actividad de las procuradurías de atención a la infancia en todo el territorio nacional, y alínea sus objetivos con las convenciones y tratados internacionales, para garantizar el respeto, protección y promoción de sus derechos humanos.
Hoy recordamos a Iqbal Marish, niño que se convirtió en símbolo internacional de la lucha contra la explotación infantil, con él, reconozcamos al niño que requiere de nuestro apoyo, aquel que nos encontramos en situación de calle, o a quien no se le da el cuidado que merece.
Honremos el coraje y la valentía de ese niño de 12 años, que sólo buscaba mejorar las condiciones de la infancia en su país. Como él, alcemos la voz, y denunciemos –ante las instancias correspondientes–, brindemos a la infancia de nuestro México las oportunidades que merece.
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