Si habría que destacar un solo tema fundamental de la agenda de Coahuila en el 2023, las elecciones para la gubernatura y la renovación de la Legislatura local serían, por mucho, el asunto político y social más relevante.
El estado vivirá este año la elección más competida de la historia reciente. Por primera vez, las encuestas arrojan un empate técnico entre la alianza conformada por el PRI, PAN y PRD y Morena y sus aliados.
Los dos bloques políticos son los mismos que seguramente se confrontarán en las elecciones presidenciales del 2024. En ese sentido, el escenario coahuilense será una suerte de laboratorio electoral con miras a los comicios del próximo año.
En un estado que no ha conocido la alternancia en casi 100 años, la posibilidad de que el PRI pierda por primera vez el Gobierno estatal es factible. De ahí la trascendencia y el ruido alrededor de la sucesión gubernamental.
El hecho de que el tricolor esté construyendo una coalición con sus enemigos históricos del PAN revela el agotamiento de un priismo, cuyo futuro es incierto en Coahuila y en todo el país. El PRI y el gobernador Miguel Ángel Riquelme pagan hoy la factura de los abusos y excesos de los gobiernos de Humberto y Rubén Moreira.
Pasivos del pasado
A pesar de tener de su lado la estructura estatal y el gobierno de ciudades importantes como Saltillo, Ramos Arizpe, Torreón, Piedras Negras, Monclova, la alianza PRI, PAN y PRD no la tendrán nada fácil. Su candidato cargará con los pasivos del moreirismo.
Por si fuera poco, al margen de quién sea el candidato de Morena y sus aliados, la coalición encabezada por azules y tricolores tendrá frente a sí a un enemigo duro, difícil y poco escrupuloso en términos del respeto a las leyes y a la institucionalidad de los procesos: López Obrador.
La alianza opositora competirá contra Morena, pero sobre todo contra la popularidad y el estilo personal de un Presidente que ha dado muestras de sobra de un autoritarismo capaz de romper reglas y de ubicarse por encima del estado de derecho.
La enorme estructura de la Administración federal y la figura de López Obrador será protagonista en los comicios. La de Riquelme, incomparable en términos de movilización y cobertura territorial, ha demostrado hasta ahora ser más eficaz. El “carro completo” en las elecciones de los distritos locales en el 2020 certifica esa fuerza electoral.
Año difícil y rasposo
En términos políticos, el 2023 será un año rasposo, ríspido, trabajoso para el Gobernador, su partido y sus aliados. Veremos si logran quedarse con el control del Palacio de Cantera.
La sucesión será el gran desafío del año entrante. Las elecciones definirán el proyecto del gobierno y de sociedad coahuilenses para los próximos seis años.
Los electores definirán qué modelo de gobierno quieren en la entidad y qué proyecto consideran con mayor empaque para enfrentar los desafíos y las asignaturas pendientes de la agenda estatal.
Sucesión y pendientes
Así las cosas, la sucesión será el gran telón de fondo de otras asignaturas que urge atender en el estado.
Aquí algunas de ellas:
La seguridad es, quizá, la máxima preocupación social. Haber frenado en Coahuila el avance de los cárteles de Tamaulipas, Nuevo León o Zacatecas ha sido el gran logro de este sexenio. Quien quiera que llegue al poder, deberá tenerla como la prioridad número uno. Fortalecer las corporaciones locales, impulsar procesos de depuración y mantener el nivel de profesionalización de las policías serán fundamentales no sólo para la inversión y el empleo, sino para garantizar la paz, la tranquilidad y la libertad que, por fortuna, no se han perdido en las calles.
La magnitud de la deuda será un tema recurrente. No hay manera de sacudirse ese lastre. De ahí la necesidad de diseñar políticas públicas de austeridad en el gasto corriente y en rubros no prioritarios para favorecer la obra pública y desplegar proyectos de apoyo al empleo, la salud, la educación y a los grupos en condición de pobreza.
Más allá de la fortaleza económica en sectores como la producción de nuez y el ganado caprino, pareciera que el tema de producción de alimentos pasó a ser asunto no prioritario. El campo ha sido tema secundario en la agenda. Quizá políticamente no es redituable. El fortalecimiento de los centros urbanos industrializados, que siguen incorporando mano de obra campesina, ha profundizado el abandono de zonas rurales. General Cepeda, Arteaga y La Laguna ilustran este proceso. Urge el diseño de nuevas políticas para el campo.
En el desarrollo regional, la Carbonífera sigue siendo el patito feo. Las propuestas para impulsar el desarrollo no incluyen desde hace lustros a la zona más allá de los discursos. Sólo hasta que la región se resiste a los controles políticos tradicionales, se voltea a verla. La famosa diversificación nunca ha llegado más allá de los papeles de escritorio. En todo caso, lo que sí se ha diversificado es el mercado de drogas baratas que proliferan en amplios sectores.
La Zona Centro debe ser otra prioridad económica del próximo gobierno estatal. Toda la vida de Monclova y la región no puede seguir pivotando alrededor de lo que haga o deje de hacer AHMSA, un gigante a punto del colapso. La rectoría económica de la región no puede depender de los socios de la acería. Monclova requiere certezas.
En materia de educación, la pandemia ha servido para ocultar malos resultados. Durante el 2020, el 2021 y los inicios del 2022, el Covid aceleró el deterioro de la infraestructura educativa en todos los niveles e impactó a sectores que no pudieron reintegrarse a los procesos presenciales. Urge restablecer la normalidad en aulas y planteles. También apremia una coordinación más efectiva entre las instancias federales y estatales. Más allá del discurso que habla de la educación como prioridad, no hay correspondencia con las acciones. Se nombra como Secretario a alguien que desconoce el sistema educativo. Tampoco se entiende que se nombren rectores de las universidades tecnológicas —como las de Ramos Arizpe y Torreón— a personajes sin ningún mérito académico.
El Covid no se ha ido. En el 2023 la Secretaría de Salud y el sector hospitalario deberán fortalecer sus estrategias para luchar contra el virus. Una nueva ola de contagios crece día a día. Un desafío para todo el año.
De cara al próximo sexenio, convendría que alguien desempolvará el Programa Estatal de Desarrollo 2017-2023 y revisara cada uno de los compromisos establecidos desde hace seis años. ¿Qué se hizo y qué se dejó de hacer? ¿Alguien se acordará que existe ese Programa?
Se fue el 2022 y llega el 2023. Hagamos lo necesario para que en el Año Nuevo encontremos cauces para fortalecer, como sociedad, la paz, la concordia, el respeto, la convivencia política y social, la democracia y las libertades. ¡Feliz Año Nuevo!
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