Los abuelos, además de ser fuente de enseñanza y sabiduría en diferentes culturas en el mundo, representan el amor y comprensión en momentos críticos. El abuelo prefiere entender a la prole en lugar de reprenderla. Por ello es apreciado y valorado en el seno de la familia.
En las comunidades indígenas son portadores de los conocimientos contextualizados de su territorio, son sinónimo de sabiduría, de respeto y de integración, viven su vejez entregados a transmitir sus conocimientos acumulados, a las generaciones que van a tomar cargos civiles y ceremoniales. Por lo tanto, su tarea es escuchar para orientar a los miembros de su comunidad.
Sin embargo, el rol que ha jugado la vejez a lo largo de la historia no siempre ha sido venturoso para los hombres y las mujeres de edad avanzada.
Durante la prehistoria, a los afortunados que habían sobrevivido a la dureza de la época (poco más de 30 años), se les asignaban funciones concretas como chamanes o brujos. También acostumbraban ocupar los lugares más altos en la jerarquía social (ya que su longevidad era motivo de orgullo). La vejez representaba sabiduría.
En Grecia se empieza a deteriorar el concepto de vejez, y la esperanza de vida apenas alcanzaba los 40 o 41 años. En la Grecia Homérica, Néstor de Pilatos, y Mentor, describen a la vejez como maldición o como ridiculizable en Atenas. Los griegos impulsaban la perfección y el culto a la belleza, por lo que la vejez empieza a ser temida y considerada como castigo.
Los hebreos llegaron a través del Nuevo Testamento a una visión distinta para los ancianos, en los que asumen un rol fundamental dirigiendo al pueblo. Constituyen un “Consejo” por iniciativa divina, con gran poder de decisión en cuestiones religiosas y jurídicas.
En Roma encontramos al anciano con gran autoridad en roles dentro de la familia y en la toma de decisiones. Durante la República se delegó el poder político a los hombres de edad avanzada, esta situación predomina en los primeros años del cristianismo hasta el siglo 5, en el que la vejez empieza a verse de nuevo de manera negativa.
Hasta aquí, a las mujeres en todas estas épocas se les había relegado, o solo se les identificaba con roles familiares. Las guerras y la incorporación de la mujer a la vida laboral cambió radicalmente y para siempre el papel que las mujeres desempeñan, asociados a los roles de género y a las “tradicionales funciones masculinas”.
El mundo moderno trae consigo una transformación aparejada con el envejecimiento, surge lo que conocemos como la jubilación, el periodo en el que se goza de los logros personales y se contemplan los frutos del trabajo. Esta realidad se ha transformado en el mundo contemporáneo, ya que la jubilación no necesariamente obliga al actual adulto mayor, entre 60 y 65 años, a no ser productivo.
La realidad social y económica del mundo nos indica que envejecer adquiere una nueva connotación, hoy al encontrarse los abuelos dentro de una etapa activa, y aunque retirados de la vida laboral, se incorporan en roles familiares al cuidado de los nietos o incluso apoyando económicamente a la familia.
Los abuelos son amigos de sus nietos, son sus acompañantes en actividades deportivas y a veces hasta académicas. Se generan poderosos lazos de acercamiento a pesar de la distancia y gracias al uso de las nuevas tecnologías.
El abuelo ahora es activo, independiente, moderno, actualizado y privilegian en esa libertad el tiempo que comparten con sus nietos, transmitiéndoles toda la experiencia que la edad y vida les han concedido. Felicitemos este 28 de agosto a todos los abuelos.
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