El día de hoy, redes sociales e internet se inundan de fotografías infantiles. El motivo, probablemente recordar la época en que la infancia la ligamos –la mayoría– con la felicidad. Sin embargo, la fecha de la celebración tiene un origen diferente.
Este lo remontamos a la época de la Primera Guerra Mundial, en la que se adquiere la conciencia de proteger a los niños víctimas del conflicto. Así la activista Eglantyne Jebb funda la organización Save the Children, en la que, gracias a ella, se habló por primera vez de los derechos de los niños.
La Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, de 1924, recoge 10 principios fundamentales de los derechos de los niños, dentro de conflicto y fuera de él, sin embargo, esta no era vinculante.
Así, en 1989, se firma la Convención sobre los Derechos del Niño, y el 20 de noviembre, fecha de la firma de la convención, originalmente es la fecha de la celebración internacional, ya que se trata del primer documento vinculante para todos los países firmantes.
En México, al igual que en otros países, se modifica la fecha de la celebración, atendiendo a que en nuestro país el 20 de noviembre es una fecha de celebración nacional y marca el inicio de la Revolución Mexicana, por ello, el presidente Álvaro Obregón decreta que la celebración, tras la ratificación de la Declaración de Ginebra, será el 30 de abril de cada año.
Noventa y nueve años después del primer documento oficial, en el que visibiliza la situación de los menores en el mundo, la Carta Mundial de Bienestar Infantil, en la que se reconocen los derechos humanos de los menores, seguimos pugnando por su protección.
Los informes anuales que se prestan por cada uno de los países signantes para el cumplimiento de la Convención reflejan la situación de niños, niñas y adolescentes en cada uno de los países obligados a cumplirla, pero en este momento, en nuestro país, tenemos una nueva legislación.
El recién aprobado Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares, el 24 de abril del presente año, pone de manifiesto el interés del estado de normar muchas de las observaciones que con el paso de los años hemos acumulado ante el comité revisor de la ONU para el cumplimiento de la Convención.
Entre ellas está, el prohibir a los menores de 18 años contraer matrimonio –sin lugar a dispensa–, regular las obligaciones alimentarias de los padres y en beneficio de los hijos en tanto se encuentran estudiando, permitírseles formar opinión y considerarla en todos los casos en los que se involucren sus derechos, así como la regulación de la violencia vicaria –de la cual recientemente se presentó propuesta en Coahuila–.
Además de todo ello, agiliza los procedimientos familiares, en los que prevalecerá la oralidad y en las que entendemos, en la mayoría de los casos se encuentra menores de 18 años.
De igual manera, la nueva legislación –que deberá estar vigente en todo el país, para el 2027–, retoma todos los criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en los que se protegen los derechos de la infancia a la luz de los derechos humanos.
La legislación que ya ha entrado en vigor promete ser una de las más importantes a nivel Nacional, pues regula todas las relaciones al interior de la célula básica de la organización social, la familia.
De nuevo surge un rayo de esperanza, tal y como cuando se aprobó la declaración de Ginebra y la Convención sobre los derechos del niño. Nuestro deseo para la infancia en este día es que la ley que promete ser protectora de sus derechos en nuestro país realmente cumpla con su cometido.
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