Mañana no es un cumpleaños más de la prensa, ni un desfile de titulares, es una conmemoración que recuerda que el oficio periodístico persiste cuando la apariencia de verdad tiembla. El 8 de septiembre se busca honrar la labor de aquellos que atraviesan archivos, trámites, silencios y ruidos, para acercarse a lo que verdaderamente ocurre, aunque su seguridad y su vida corran riesgos.
El origen de esta celebración surge en 1958, cuando la Organización Internacional de Periodistas (OIP) estableció esta fecha en conmemoración del fallecimiento de Julius Fucik. Este periodista checoslovaco, ejecutado por los nazis en 1943, utilizó su profesión para denunciar las atrocidades del régimen nazi, y antes de ser arrestado (1942) escribió su libro más emblemático: Reportaje al Pie del Patíbulo, un testimonio clave de resistencia frente a la tiranía. Su ejemplo es recordado como un símbolo de lucha por la verdad.
En este marco el objeto de la conmemoración es claro; recordar la importancia de la libertad de expresión como cimiento de la democracia; visibilizar a quienes enfrentan riesgos, censuras y silencios institucionales en nombre de la verdad; y renovar el compromiso de una sociedad que necesita información verificada para elegir su futuro.
El periodista no es un personaje ajeno al ruido del mundo: es quien, a veces, sólo con un celular en la mano, intenta despojarse de la versión oficial, para acercarse a lo que ocurre cuando nadie quiere hablar. El oficio es una forma de conversar con la realidad, de hacer preguntas difíciles cuando el silencio de las paredes quiere ser mayor que la curiosidad de la calle. Ser periodista es, en esencia, una práctica de vigilancia, de paciencia y de fe, incluso cuando la verdad es frágil y se deshila en el primer titular.
La tarea del periodista implica paciencia y método: contrastar versiones, verificar datos, contextualizar hechos, distinguir la certeza de la hipótesis y, cuando es necesario, corregir el rumbo con transparencia, con documentos y con reflexión ética.
En este marco, la labor del periodista se vuelve una práctica de defensa de la democracia. Cuando la prensa informa con rigor, cuando publica después de verificar y contextualizar, transforma curiosidad en ciudadanía, convierte al lector en alguien capaz de discernir entre rumores y hechos, entre intereses y evidencias. La verdad no es una mercancía: es una práctica que se cuida, se verifica y se expande cuando llegan voces diversas, cuando las fuentes se respetan y cuando el escrutinio público funciona.
Sin embargo, la lucha por la verdad periodística se paga a veces con un alto precio. En muchos rincones del mundo, periodistas enfrentan amenazas, acoso, censura, encarcelamiento y violencia física o digital. Los ataques no siempre son directos; a veces son tácticas de presión, campañas de desprestigio, trolaje organizado o ataques a la propiedad de los medios. Y, en lo peor, incluso crímenes que silenciaron voces imprescindibles.
Frente a ello, la respuesta de la comunidad periodística y de la sociedad debe ser doble: exigir seguridad para quienes informan y promover una cultura de verificación que reduzca el terreno para la manipulación. El día del periodista, por tanto, es también un llamado a la protección de quienes buscan la verdad y a la responsabilidad de las audiencias: exigir transparencia en la propiedad de los medios, apoyar la investigación independiente y defender el acceso libre a la información pública.
Por ello, no basta con elogiar la curiosidad ni con aplaudir el coraje, hace falta mirar de frente a la verdad, abrazar la ética de la verificación y exigir de nuestras instituciones claridad y protección. La verdad que persiguen estos cartógrafos de la realidad no es una verdad perfecta, sino una verdad que se nutre de diversidad, de voces, de respuestas a la pregunta incómoda y de la paciencia para esperar la confirmación.
En ese sentido, la conmemoración de mañana, Día del Periodista, debería ser un recordatorio de que la libertad de prensa es una conquista diaria, un pacto entre lectores, reporteros y gobernantes para sostener una democracia viviente a la que llamamos México.
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