Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el miércoles, 28 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- En su hogar nunca se tuvo dinero para contratar un servicio de televisión de paga, sin embargo, cuando los años pasaron y Luis Miguel Zúñiga creció, llegó el momento para cobrar la venganza a sus horas de aburrimiento, dejando sin el equipo de satélite a varias viviendas de Saltillo.
Su sentencia ascendió a los 5 años, de los cuales ya han pasado dos, “yo creo que me voy en diciembre, porque me dijeron que cuando tuviera el 60 por ciento cubierto me iban a dejar salir, pero mientras no queda de otra más que seguirle dando”.
A veces se mete a trabajar en los cuadros de madera y de vez en cuando ayuda en la limpieza del centro penitenciario, pero en donde nunca falla es cuando las personas que llegan de visita necesitan ayuda, “nomás les ayudo a las señoras o las personas grandes cuando vienen llenas de bolsas y no pueden ni caminar por el peso”.
De ahí, obtiene unas monedas como propina. Luis Miguel no necesita mayores recursos, según explica, pues su madre le ayuda con lo básico indispensable para sobrevivir, mientras que su padre sigue trabajando como fontanero en Piedras Negras.
“Mi papá se fue hace como tres años y viene cada mes para ver a la jefa y a mi carnalillo. Cuando caí aquí, le tuve que llamar por teléfono para avisarle que me habían agarrado otra vez, y nomás se enojó y me dijo que ya no me iba a ayudar para nada. Pero a los poquillos días se le pasó el coraje y ya me volvió a hablar”.
Es que no era la primera vez que era llevado al Centro de Readaptación Social. Antaño, estuvo durante unas semanas en el área de indiciados, mientras consiguió salir bajo fianza por un robo que él mismo cataloga como un “encargo” de su banda, en la colonia Guayulera.
“Me metí a una tienda y me traje como 10 botes de jugos. Pero ni duraron nada porque me pescaron y ni los pude entregar”, comenta el que se junta con “Los Pitufos”, quienes se reúnen cerca de la iglesia Cristo Rey, “ahí también se junta mi carnal más grande que yo”.
Del otro robo prefiere ni hablar, sólo comenta que era fácil subirse a los techos de las casas para llevarse las antenas, y luego veía la forma para llevarse el resto del equipo, “me los llevaba para venderlos más delante, pero no era en el mercadito de la Guayulera, sino sordeado, por otro lado”.
En esa misma colonia dejó a su novia Elí, con quien llevaba algunos meses de relación amorosa, aunque no tenían planes de boda, “además a ella no la dejan pasar, así que nada más me conformo con hablarle por teléfono. En diciembre, cuando salga, ya veremos si seguimos o no”.
Para Luis Miguel, este día no es el apropiado para formular planes a futuro, pues aún le queda una larga temporada en el centro, por lo que lo único que le queda es seguir trabajando en lo que puede, a la espera de que los días pasen lo más rápido posible mientras se llega el día de su liberación, “ahora sí voy a hacer cosas de provecho cuando salga, aunque sea me voy a ir a la obra o a vender chicles, pero ya no quiero regresar”.
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