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Yadira Leos
Publicado el sábado, 3 de enero del 2015 a las 16:01
Saltillo, Coah.- Un par de latas, válvulas, guantes y chamarra con gorro hacen el clic perfecto con la oscuridad de la noche, el acto ilegal que están a punto de cometer les despierta la adrenalina a jóvenes que apenas alcanzan los 23 años. Esta noche marcarán sus tags, como ellos se refieren a su seudónimo.
No es la primera vez que “rayan”, aun así sacuden sus manos, acomodan constantemente la mochila, reviran sus ojos evitando el peligro. A lo lejos se vislumbran, tres focos: rojo, azul y blanco, un poco de angustia se marca en sus rostros; sin embargo, el camino sigue.
Pasan las 10 de la noche, recorren la ciudad buscando un lugar en donde plasmar su arte. Después de deliberar, la decisión se tomó, serán las bodegas abandonadas en la colonia Asturias. La falta de vigilancia en el perímetro favorece a Neok y Klor.
Ellos son considerados de los mejores grafiteros de Saltillo, se destacan por sus pintas aéreas; la más famosa, aquella realizada en la administración municipal anterior cuando imprimieron sus nombres en la torre del Biblioparque Norte, más de 100 metros tuvieron que escalar para lograr su objetivo.
Para entrar a las bodegas abandonadas no existe barda ni puerta, son unos ladrillos quebrados lo que hace el fácil acceso. Neok y Klor sigilosamente se introducen, hacen un alto, pareciera que alguien se acerca: sólo es el aire que mueve los matorrales.
En esta ocasión tendrá que ser algo ‘tranqui’, pues al siguiente día Neok viajará a Monterrey y no puede arriesgarse a ser “levantado” por las patrullas. Con una bolsa de hule negra en la mano, en donde guardan las latas, escalaron varias paredes.
Con una agilidad sorprendente, los jóvenes, quienes ya no estudian y laboran en la industria automotriz, en unos cuantos segundos subieron 10 metros. Repiten: “Es algo tranqui”.
Nuevamente revisan el perímetro, voltean para todos lados, no hay nadie. Sacan de la bolsa las latas, respiran profundo y se dejan llevar, sus manos trabajan rápido, pero con delicadeza. El aerosol toca la barda, las líneas comienzan.
Neok forma con unas “bombas” (palabras redondeadas dando la impresión de estar infladas) su tag. Mientras que Klor prefiere el estilo New York, letras muy juntas, torcidas ligeramente hacia la izquierda y terminadas en punta.
En esta ocasión dejan fuera varios estilos, como el París, aquel que las letras son amplias y separadas, el 3D letras en perspectiva, amplias y separadas, dan sensación de soltura, el Wildstyle, letras con trazos agresivos configurando formas difíciles de leer y donde se entremezclan distintos trazos muy enrevesados y aparentemente caóticos.
Para los grafiteros, el color negro es el principal, con éste hacen un boceto en la pared, una gama de 180 colores son usados para rellenar las letras, dar profundidad y características propias que desee el autor.
Mientras ellos rayan, alguien está de vigía. Neok y Klor se olvidan del mundo real y por 40 minutos viven en su imaginación, las palabras sobran. Disfrutan la soledad de ese momento y de su imaginación, que guía la mano para crear el grafiti.
Se alejan de la pared, ven su creación, respiran, se dan cuenta que le falta algo, regresan nuevamente a aquel muro, que en estos momentos es su mejor amigo; aquí dejan problemas sociales, económicos y familiares, con los que lidian diariamente.
Saben que es ilegal lo que hacen, están conscientes de que la pasión que sienten por plasmar sus dibujos, sus tags, puede llevarlos a la cárcel; aun así deciden practicarlo, más de ocho años tienen rayando en la ciudad.
“Cuando sales a rayar procuras llevar algo de dinero para los policías. Si te agarran, con 200 pesos arreglas a un poli, pero si son más, ahí te chingan, tienes que recurrir a tu celular o reloj”, dice Klor. A lo que Neok agrega: “Hay policías bien abusones que te quitan todo y aun así te ‘cargan’; a mí me han llevado sólo una vez”.
Sus andanzas nocturnas, a las cuales salen con la reprobación de sus padres, les permiten hacer buenos amigos, con quienes han formado una hermandad.
Como una regla no escrita, Neok y Klor no grafitean iglesias, templos, tiendas o edificios de Gobierno; para ellos la altura y personal de seguridad no es problema, siempre buscan esquivarlos y lograr sus objetivos.
“En una ocasión para hacer un grafiti tuvimos que meternos a Pilgrim’s Pride, ahí estaban los vigilantes y llevábamos cubetas de pintura, hicimos algo grande, nos tardamos cuatro horas y nuevamente salimos burlando a los vigilantes”, relata Neok.
La obra está terminada, sus seudónimos engloban lo que muchos exigen hoy en día: libertad de expresión. Con orgullo posan para la cámara, la oscuridad les ayuda a difuminar su rostro, esa cara que para muchos no es conocida, no así sus graffitis, considerados de los mejores en la ciudad.
“En este mundo el respeto se gana, con el trabajo que realizas y donde los realizas; si está arriesgado y bien elaborado, son muchos puntos a tu favor, podemos pintar donde sea, no somos como las pandillas que cada uno tiene su territorio, nosotros no”.
En aquel techo, 10 metros arriba del suelo, mientras recogen las latas ya vacías, reclaman que la gente los identifique como delincuentes. “No hacemos daño, plasmamos nuestra pasión, no tomamos, no nos drogamos, como sabemos que es ilegal, tenemos que estar siempre alertas y en nuestros cinco sentidos, para poder evadir a las autoridades”.
Dan un último vistazo a su grafiti, se disponen a bajar, las manecillas del reloj marcan la 1 de la mañana, ya es tarde y en unas horas hay que ir al trabajo. Aun así se toman otros minutos para contemplar desde abajo lo que ellos consideran su obra de arte.
En sus rostros se refleja una sonrisa de satisfacción, saben que nuevamente le han ganado la batalla a la Policía, han dejado su huella, ésa que les da un lugar importante entre los grafiteros de la ciudad. Y así como sigilosamente llegaron, así se van.
NO ES SINÓNIMO DE DELINCUENCIA
El graffiti tiene sus inicios a finales de los años 60, cuando un joven de Manhattan llamado Demitrius, quien firmaba como “Taki 183”, comenzó a dejar su marca en las bardas de Nueva York. Tras la fama que tuvo, muchos jóvenes crearon su tags, ahora ellos dejan su huella en cada espacio posible.
La acción de plasmar letras o dibujos en las bardas en un inicio fue llamado “Writing”, quienes lo practican no aceptan el término graffiti, pues aseguran que la palabra, creada en los 70 por los políticos, buscaba desacreditarlos. Sin embargo, con el paso del tiempo ha sido aceptada, también usan términos como Aerosol Art, Street Expresion y Ghetto Art.
Este arte popular comenzó de forma ilegal al realizar pintas en los trenes de las ciudades, después decidieron trasladarse a las paredes, de ahí que se identifica el grafiti como sinónimo de la delincuencia, concepto que niegan rotundamente los grafiteros.
Banana Skate Shop
Banana Skate Shop es una tienda que expende latas y todo lo necesario para el grafiti en Saltillo. A pesar de ser una actividad muy recurrida, en la ciudad sólo existen tres tiendas más están en el ramo, por lo que los jóvenes acuden a comprar de tres a cinco latas, sobre todo los fines de semana.
Roberto Chaires, encargado del negocio, relató que existen muchos lugares donde expenden pintura, como Home Depot, ferreterías, Office Depot; sin embargo, en su tienda la pintura es especial, dice él que se desliza mejor y cuenta con mejores pigmentos.
Para adquirirlas es necesario presentar credencial de elector; los precios varían, existen las más económicas de 37 pesos, hasta las latas más finas y de calidad, éstas con el costo de 98 pesos y pueden ser importadas de España y Alemania. “Depende de la economía de los chavos es la que se llevan”, apuntó Chaires.
“Sí hay muchos usos, nos ha tocado que escuchamos que algunos chavos que la usan para drogarse, pues cualquier pintura está elaborada con base en thinner, eso ya no está en nuestras manos”.
Pero, agregó, también existen personas que les dan el uso adecuado, como los que participan en los murales Yo soy Zapalinamé o en los programas de la Secretaría de la Juventud.
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