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Por
Cristal Romo
Publicado el domingo, 4 de enero del 2015 a las 16:00
Monclova, Coah.- Un frío intenso puede congelarlo todo, menos el fuego de luchar por la supervivencia en un mundo de carencias económicas, de lo contrario se está perdido.
Yolanda Ramírez Ramos sabe de ello, le fue diagnosticada artritis reumatoide y su esposo padece una limitación física en su extremidad superior derecha, ambos habitan en la colonia irregular Las Moritas, un sector en donde las privaciones se maximizan con las temperaturas extremas.
La enfermedad que sufre le ha cerrado las puertas para conseguir un empleo formal, mientras que su esposo, José Antonio Tovar Aguilar, trata de sostener los gastos de la casa con la venta de dulces, comenta.
“Aquí estamos, soportando el frío, pero al menos tenemos un techo, -uno que se está cayendo a pedazos-. Antes vivía con mi mamá en la otra cuadra, pero nos prestaron esta casita”, expresó la mujer.
Dos cuartos, una pequeña cocina, y un espacio para el baño conforman la vivienda que le han prestado desde hace cinco meses a Yolanda, pero como todos los habitantes de esta colonia, no tienen seguro este patrimonio.
Sus tres hijos, Antonio y Jesús Guadalupe, ambos de 6 años de edad y Juan Daniel, de 10, corren por el campo que está frente al asentamiento humano irregular, están de vacaciones y su padre trata de distraerlos jugando futbol.
“Mi esposo está discapacitado de su brazo, pero me ayuda mucho con los niños, los lleva a la escuela, juega con ellos, y le echa ganas vendiendo dulces en las calles”, compartió Yolanda, quien se aparta de la puerta de entrada de la humilde casa para dejar apreciar su interior.
“Le echamos ganas aunque no ha sido fácil, mi mamá ahorita anda en Saltillo visitando a mi hermano que está en el penal, lo encerraron y nunca le dijeron por qué, ahora dicen que se equivocaron y que para el 20 de este, -mes de enero-, sale, pero que tenemos que pagar una multa”, manifestó.
Ya adentro de la vivienda se puede apreciar algunos muebles viejos, cobijas, ropa amontonada, ventanas cubiertas con láminas o lonas, algunos platos con restos de frijoles, atún en lata y pedazos de tortilla dura.
Pero es un cuadro de San Judas Tadeo el que domina el panorama.
Lo hizo mi hermano en el penal, -señaló la mujer con orgullo-, apenas tiene como dos meses allá y ya sabe hacer este tipo de cuadros, también muebles de juguete que vendemos para ayudarnos a comer.
Con 26 años de edad a Yolanda le comen las ganas por hacerse de un mejor estilo de vida, pero los golpes de la vida le han mermado este sueño.
“Uno tiene que adaptarse a lo que le tocó, no hay más, aquí con frío o calor hay que lucharle. No tendremos luz o agua, pero sí un techo y lo agradecemos”.
Dentro del humilde hogar circula el aire helado, aún así es mejor que no tener dónde meter la cabeza para guarecerse del clima extremo, que en este sector de la ciudad pareciera poner a prueba con mayor intensidad, la voluntad humana.
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