Seguridad
Por
Leticia Espinoza
Publicado el miércoles, 21 de enero del 2015 a las 16:11
Saltillo, Coah.- En Érick Alejandro Leyva Calderón ya no hay rencor tras purgar una condena de 18 años con sus días y sus noches por un delito que dice no cometió, está a punto de obtener su libertad y recuperar el tiempo perdido con su familia, los años en el penal lo enseñaron a perdonar, a valorar la vida.
Relata que junto con su primo le prestaron a auxilio a un joven de su cuadra que había sido brutalmente golpeado, el joven no sobrevivió, luego algunos vecinos lo culparon del incidente:
“Lo llevamos al Seguro fue agredido afuera de la casa, mi mamá me dice hay que llevarlo al Seguro y lo llevamos y cuando voy de regreso del trayecto, me hace el alto la ministerial, me dicen que la mamá del occiso interpuso una denuncia en contra mía porque había participado en las agresiones”, relata.
“Una señora de por ahí dijo que yo había participado, me llevan detenido y me hacen que firme mi responsabilidad, tenía 17 años, me agreden, me quiebran dos costillas y firmé las hojas que ellos hicieron a su conveniencia”, describe.
Explica que su primo obtuvo su libertad, pero un juez no validó las pruebas que él presentó y un 5 de septiembre de 1998 lo sentenció a 36 años de prisión en el Cereso de Monclova, sin embargo, en 2009 cuando el Centro se convirtió en Cefereso, lo trasladaron a Torreón donde estuvo 5 años, y apenas hace nueve meses llegó al de Saltillo.
Érick Alejandro Leyva Calderón ahora tiene 36 años, atrás dejó el amor de pareja, pero no el amor de padre, ése que no ha podido expresarle a sus dos hijos de manera entera:
“Deje más que nada a mi familia, a mis dos chavos, porque había estado en unión libre con una chava, cuando yo caí al Cereso ella se alivió de una, cuando a mí me sentencian ella todavía iba a verme, todo el proceso, durante un año ocho meses me vio”, recuerda.
“Yo le dije: ‘A mí me dieron años, tú estás joven yo no quiero echarte a perder tu vida, échale ganas, me duele decirlo pero es la realidad así, como a mí me echaron a perder la vida yo no quiero que pase lo mismo contigo, yo te apoyo nomás te encargo a mis chavos’… Y hasta la fecha lo hizo, ahorita mi chavo ya está trabajando y mi chavita ya está en preparatoria”, detalla el prisionero.
Desde las rejas veía cómo iban creciendo sus hijos, al principio los veía frecuentemente porque estaba en Monclova, con los traslados las cosas se complicaron, se perdió de sus primeros pasos y sus primeras palabras pero trató de cada semana escuchar sus voces a través del teléfono.
“Yo hasta la fecha les hablo, aquí trabajo en Jirsa y gracias a ese dinerito me puedo comunicar con mi familia cada semana, estoy pendiente”, dice.
FE EN EL PORVENIR
En su rostro moreno se refleja la esperanza, porque muy pronto saldrá del Penal, personal jurídico le explicó que ya cumplió con su sentencia y ahora solo basta que un familiar promueva su pre liberación.
-¿Y cuál es su sueño ahora?, se le pregunta.
“Nunca pienso en el futuro, sino en vivir el presente, uno planea las cosas y luego no se dan, lo que anhelo es estar con mi familia, tratar de recuperar el tiempo con mis hijos, aunque fue mucho lo que me perdí”, declara Érick, con evidente tristeza en su rostro.
ch
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