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Leslie Delgado
Publicado el sábado, 24 de enero del 2015 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Todos los días, desde muy temprano se encuentra el grupo norteño Los Prisioneros del Norte en la Plaza Manuel Acuña, ahí es su sede de trabajo y donde normalmente es su punto de partida para realizar algunos trabajos musicales.
Durante 25 años el trío conformado por Federico Varela Ábrego, Mario Ramos Gaona y Cirilo Leija Sánchez ha amenizado reuniones y fiestas sociales como bodas, XV años, despedidas y hasta divorcios.
Federico Varela Ábrego, de 59 años, originario de Huitzuco, Guerrero, es el guitarrista de la agrupación. Está casado y tiene siete hijos fruto de su matrimonio. Varela señala que vino a Saltillo a buscar una oportunidad. “Vine acá a probar suerte, buscando una mejor vida”.
Desde pequeño Federico tuvo sus primeros encuentros musicales. “Cuando a uno le gustan las cosas uno empieza a motivarse desde niño, a buscar la manera y así poco a poco fui tocando la guitarra y otros instrumentos”.
Durante su juventud el músico trabajó en otras labores. “Anteriormente tenía otros trabajos, era jornalero, pero uno tiene que sobrevivir, así que busqué otras formas de ganarme la vida”.
Consciente de que la carrera de músico es inestable, Federico, junto a sus compañeros, trata de mejorar la situación y buscan otras maneras de darse a conocer. “Hay veces que ganamos, hay veces que nada, y nos vamos como venimos, no tenemos sueldo fijo”.
Otro integrante es Mario Ramos Gaona, acordeonista proveniente del ejido Santa Rosa, perteneciente al municipio de Los Rayones, Nuevo León. Sus inicios musicales fueron desde temprana edad. “Comencé a la edad de 7 años, empecé a cantar y a tocar, ahorita tengo 54 años tocando el acordeón y el bajo sexto.
“Por azares del destino” se conoció el trío, así lo aseguró Cirilo Leija Sánchez. “En el trabajo todos nos conocemos y más en la música”. Los Prisioneros del Norte han enfrentado situaciones difíciles, una de ellas es la inseguridad. Manifiestan que necesitan protección por parte de la ley para trabajar tranquilamente, además de que les permitan tocar “donde haya modo para ganar el pan de cada día”.
Sin embargo, el escenario se agrava para los músicos, dijo Cirilo, pues algunas veces no reciben su pago correspondiente. “Vivir de la música es estar en las buenas y en las malas; en las malas porque hay veces que lo llevan a uno a trabajar aunque sea por medio de contrato y a veces no nos pagan o nos pagan la mitad”.
El ser músico de fara fara reduce su campo de trabajo, es por eso que deben acudir a bares y cantinas de la ciudad para prestar sus servicios musicales, pero en los últimos años se han enfrentado a una problemática. “La situación que siempre hemos tenido ante los dueños de bares es que de un tiempo para acá no nos permiten el acceso a prestar nuestros servicios. Pasamos al lugar a ver si hay gente que nos contrate, pero la respuesta que tenemos de los cantineros es que no se puede tocar”, manifestó Cirilo.
Aunque cuentan con un sindicato que los defiende, la respuesta por parte de las autoridades correspondientes ha sido nula; “hemos ido en administraciones anteriores, pero son puras vueltas y no nos resuelven nada.
“Sólo nos queda seguir haciendo lo que nos gusta”, concluyó el trío, que con su ropa vaquera y sus instrumentos esperan a que algún saltillense los contrate para amenizar con música norteña sus reuniones y así ganar el pan de cada día.
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