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‘Nunca perdimos la fe’

  Por Cristal Romo

Publicado el domingo, 1 de marzo del 2015 a las 16:00


Tras palpar la línea de la muerte, la “niña milagro”, como llaman en Brasil a Marifer Flores Gutiérrez, ayer volvió victoriosa.

Monclova, Coah.- Tras palpar la línea de la muerte, la “niña milagro”, como llaman en Brasil a Marifer Flores Gutiérrez, ayer volvió victoriosa a su tierra natal después de un doble transplante de pulmón, deseosa de gritarle al mundo: “No te rindas, siempre hay esperanza”.

Con un semblante renovado, irradiando un brillo que se traduce en cristalina carcajada, la niña monclovense que convirtió un calvario en fuente de fe, pisó tierra mexicana después de cuatro meses en la ciudad carioca de Porto Alegre, donde fue intervenida quirúrgicamente debido a la “enfermedad del beso salado”, como se le conoce a la fibrosis quística.

“Se sentía feo porque no sentía que respiraba, sentía que no pasaba el aire y no quería dejar el oxígeno”, expresó Marifer entre sonrisas al recordar los primeros instantes en que el aire llenó sus pulmones sin la necesidad de estar atada a un aparato.

“No siento que el aire entre”, fue el comentario que le hizo al galeno encargado de su cirugía, José Jesús Camargo Pixioto, en esos primeros segundos de independencia.

Y es que después de tres años de realizar grandes esfuerzos por arrancarle bocanadas de vida a un tanque de oxígeno, la liviandad con que el vital elemento entraba a su cuerpo le sorprendió.

“Quiero hacer de todo, ya puedo correr, caminar”, confesó con un brillo que transforma su mirada, deseosa de saborear cada instante de vida ganada después de haber sido desahuciada por médicos mexicanos y estadounidenses.

Luego de la cirugía y meses de exhaustiva rehabilitación, de convertirse en un fenómeno y ejemplo para los brasileños, Marifer y su mamá Elizabeth Gutiérrez, abandonaron tierra brasileña, transbordaron en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y se enfilaron hacia Monterrey, Nuevo León, donde ayer se reencontrarían con Jorge y Lupita Flores, papá y abuela de la pequeña, mismos que fungieron como donadores.

Marifer no oculta el júbilo por llegar a casa, está ansiosa de disfrutar esta segunda oportunidad, de agradecer a todos los que fueron parte de esta odisea, de demostrar al mundo el poder de la fe en Dios.

Fue un 14 de febrero de 2014 cuando una pesada piedra amenazó con lapidar la estabilidad de la familia Flores Gutiérrez, la misma ciudad regia que hoy le vio brillar de alegría, era sede de lamento: no había nada más qué hacer, el paciente llega a su término.

Una sentencia que ni Elizabeth ni Jorge aceptaron, así que buscaron hasta debajo de las piedras hasta dar con una tablita de salvación a la que se aferraron con todas sus fuerzas, el doctor Camargo Pixioto y el Hospital Santa Casa de Misericordia les ofrecían esperanza.

Pero la limitante económica parecía insalvable, llenos de miedo, pero sin quebrantar su fe, los Flores Gutiérrez emprendieron un 24 de agosto una intensa campaña denominada “Es por fe, es por Marifer”.

Acción que encendió la chispa de la solidaridad en ciudadanos de México y Estados Unidos, logrando reunir casi dos millones de pesos para financiar la cirugía realizada el pasado mes de octubre en tierra carioca.

“No puedo explicar este sentimiento, pero la misma Marifer dice de lo bien que se siente: cómo no pasó antes.

Mucho tiempo no tuvo calidad de vida, durante tres años no corrió, nunca hizo nada de eso, pasar por esto es algo que valió la pena”, afirmó Elizabeth Gutiérrez en su retorno a tierra norteña.

“Y es que la vida nos cambió por completo, ahora ves en verdad lo que tiene valor, -agregó la mujer-, teníamos miedo, eso se vale, pero en el fondo sabíamos que todo iba a estar bien, la fe nunca se perdió”.

Testimonio de fortaleza que desean sea ejemplo para que la sociedad sepa que unida, puede lograr grandes milagros.

Lo que viene para nosotros es primero dar gracias a Dios que fue el motivo y motor de todo, después disfrutar a Marifer, y lo que sigue es ayudar a más gente que pasa por un problema similar, decirles que siempre hay una luz al final del túnel, que es Dios; queremos apoyar para que más niños tengan las mismas posibilidades de vivir que Marifer”, expresó emocionado Jorge Flores en su regreso con la familia, a la ciudad de Monclova, Coahuila.

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