Internacional

Publicado el jueves, 5 de marzo del 2015 a las 08:56
Caracas.- A dos años de su muerte, los homenajes a Hugo Chávez en el Cuartel de la Montaña, donde descansa su cuerpo, subirán hoy un grado más el culto a su figura, extrañada tanto por chavistas como opositores.
La retórica revolucionaria le ha elevado a un Olimpo que comparte sólo con Simón Bolívar: Cristo de los Pobres, comandante supremo, y hasta San Hugo Chávez del 23 de Enero, nombre del barrio bastión de la revolución.
“El legado de Hugo Chávez es gigantesco”, afirmó hace unos días Nicolás Maduro, autoproclamado “hijo de Chávez”, y elegido por él para sucederlo en su última alocución.
Pero es tanto el peso de su herencia, sumado al derrumbe económico sin precedentes y persecución política de la actual gestión, que amenaza con aplastar la revolución bolivariana, que pasa por su peor momento histórico.
“Cuanto estaba Chávez todo era distinto”, es la frase que se repite hasta el cansancio en las calles y se evita en los medios públicos.
No sólo los chavistas ortodoxos, apartados del poder, echan de menos al comandante, sino hasta los dirigentes opositores, que recurren a la comparación para enfatizar el derrumbe que siguió a su muerte.
“Quien está al frente del Gobierno es una mala imitación del Presidente Chávez”, exclamó el Gobernador opositor Henrique Capriles.
El mandato de Chávez (1999-2013) se caracterizó por una fuerte orientación para ayudar a los más pobres con planes sociales que permitieron masificar el acceso a la salud, la educación y la alimentación.
Sin embargo, su manejo de la economía basada en controles y fiscalizaciones causaron la expropiación de miles de empresas y el cierre de otras tantas, acciones que algunos identifican como las causantes de la actual crisis.
Mientras que la Venezuela de Chávez tuvo en su último año un crecimiento del 5.6 por ciento, hoy está en una recesión del -4.0 por ciento del PIB.
El precio del dólar en el mercado negro se ha disparado a falta de divisas estadounidenses, al pasar a cerca de 248 bolívares por billete verde, cuando el tipo de cambio con Chávez era de 6.30 bolívares por dólar.
Lo mismo ocurre con la inflación, liderada por Venezuela a nivel planetario, fijada en 68 por ciento a finales de 2014, y que estaba tasada en un 20.3 por ciento cuando aún vivía Chávez.
Todas esas cantidades crecen al mismo ritmo que la escasez y el desabastecimiento, que obligan a la población a múltiples colas para acceder a su canasta básica que ya cuesta seis salarios mínimos.
Mientras que con Chávez el nivel de escasez era del 20 por ciento al final de su mandato, hoy se calcula que faltan más de la mitad de los bienes básicos.
Pero si hay una cifra que duele especialmente al chavismo es la del índice de pobreza.
Al llegar el líder bolivariano al Palacio de Miraflores, el 45 por ciento de sus compatriotas vivía por debajo de la línea de la pobreza. Hoy esa línea está más alta, con el 48.4 de la población.
Además, Maduro ha respondido a la crisis económica y a las protestas opositoras con mano de hierro, deteniendo empresarios y líderes de partidos con excesiva acción policial.
Quizá esa sea la razón por la que también hay un abismo entre la popularidad de Chávez y Maduro, ya que mientras el primero tenía una popularidad del 55.7 por ciento, el segundo suma apenas 22.6 por ciento.
lff
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