Seguridad
Por
Luis Reyes
Publicado el jueves, 12 de marzo del 2015 a las 15:10
Saltillo, Coah.- A sus escasos 19 años, el monclovense Juan Jesús Dávila Villarreal integró una banda dedicada al robo, pero el “gusto” sólo le duró 8 meses, porque la Policía lo capturó y fue desmembrado el grupo; ahora está preso en el Penal de Saltillo.
Aburrido y cansado de las duras jornadas como albañil, de cargar pesados botes de cemento, de batir la mezcla y de sentar bardas, el jovencito optó por el dinero “fácil”.
Ésa fue su perdición, porque estos caminos a veces ya no tienen vuelta; era la esperanza de sus padres.
TRAYECTORIA DELICTIVA
En entrevista en el Centro de Readaptación, Dávila Villarreal, quien es apodado “El Picos” debido a sus “cabellos parados”, comparte su historia, según la cual llegó a las “Grandes Ligas” de los robos, pues agrega que en la “Capital del Acero” cometió robos muy difíciles o de alto riesgo con su banda.
“El Picos” recuerda el atraco a la casa de seguridad de un conglomerado empresarial en la que mantienen a empleados de alto nivel en una zona residencial.
Fue un robo que les llevó varias semanas estudiarlo, evaluaron cada movimiento y no descansaron hasta efectuarlo. Para cometerlo tuvieron que librar altos muros, protecciones y vidrios blindados, pero se salieron con la suya y hurtaron pantallas de televisión, celulares, electrónicos de costo elevado y 60 mil pesos, que dividieron entre cuatro personas.
“También robábamos a los viveros, a los negocios de fuera que vendían cosas para los carros, a los comerciantes que vendían fruta, y a puras palabras, sin usar armas”, recordó Dávila Villarreal.
Pero la Policía ya les seguía los pasos y fue capturado por el delito de posesión de arma de fuego.
“Como ya me andaban buscando, fueron y me ‘reventaron’ la casa y encontraron la pistola… y a los dos meses me acusaron del robo a vivienda”, mencionó el mismo prisionero.
CON CALMA
Del grupo que integró “La Banda del Picos”, tres están presos en Saltillo, uno más en otro Penal, y al restante lo mataron.
Bajo un uniforme del área de cocina, el interno se ve de apariencia tranquila, ajeno a los hechos que narra que ha cometido.
Tiene a su cargo la entrega de alimentos a los internos en diversas áreas, labor que no le agrada del todo pero le conviene hacerla para allegarse un ingreso que le permita cumplirse algún antojo como la compra de un refresco o de alguna galleta.
Como dice, nunca había ingresado a ningún Penal, y agrega que al principio se le hizo pesado el encierro, pero luego se acostumbró, como les pasa a muchos reos.
Ante la pregunta de si ya no va a delinquir al salir de prisión, Juan Jesús dice que “quién sabe”, que lo primero es salir. Detalla que al menos se lo pensaría dos veces, más que nada por su madre.
Como sus familiares están en Monclova el interno recibe visitas esporádicas; una mujer que era su pareja ya no quiso visitarlo, al igual que sus hermanas, nada más acude su mamá.
PURA MELANCOLÍA
Extraña la ciudad de Monclova, pero más extraña su libertad, andar moviéndose por donde quiera sin ningún problema.
Se ilusiona al pensar que nada más le quedan dos meses en prisión, aunque está la dura realidad de que le falta el proceso por el delito de portación de arma de fuego.
Mientras tanto, “El Picos” se mantendrá con su rutina tratando de portarse bien, de hacer méritos para ir subiendo puntos para poder irse más rápido en libertad.
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