Seguridad
Por
Luis Reyes
Publicado el sábado, 14 de marzo del 2015 a las 15:09
Saltillo, Coah.- Como uno de los momentos que han definido su vida, Juan Carlos recuerda el miedo a que su rival lo hiriera, lo que lo hizo que le tirara un cuchillazo y luego otro; más tarde, esta persona perdería la vida y el parrense su libertad.
Juan Carlos Delgado Domínguez, de 23 años, siempre había trabajado en el apaleo de la nuez en General Cepeda, y para ello permanecía en aquel lugar cinco de los siete días de la semana. Incluso, todavía se llevaba chamba a su casa en Parras porque tenía que limpiar la nuez.
Ese sábado por la tarde llegó a su pueblo natal, específicamente a su barrio Orilla del Agua, y ya en casa, antes de meterse a bañar, su esposa le dijo que sus familiares querían hacer una carne asada, que si cooperaba, a lo que accedió.
Acompañado por su esposa se dirigió en su motocicleta a comprar la carne y las tortillas, y al regreso, a pocos metros de su vivienda, se sorprendieron cuando una persona llamada Milton les aventó envases de cerveza como proyectiles, por lo que mejor aceleró para escapar. Como pudo, su esposa, acompañada por su hijo, corrió a refugiarse a la casa.
Juan reclamó su proceder al hombre, quien al parecer andaba tomado o drogado, y lo conminó a calmarse, pero aquel sujeto seguía lanzando envases, por lo que ya enojado le hizo frente y lo persiguió unos metros.
Luego de seguir agrediéndolo esta vez con piedras, lo volvió a enfrentar y ahora Milton se enredó un suéter en la mano haciendo la finta de querer sacar algo.
Con temor de que trajera un arma, Juan pensó “o él o yo”, por lo que sacó una navaja que usaba en el trabajo y le tiró un tajo que dio en el costado del hombre, y luego le tiró otro que después le dijeron dio en un pulmón.
Todavía el hombre se fue corriendo, por lo que pensó que no le había pasado nada y él se fue a continuar con la carne asada.
Para entre las 10 u 11 de la noche, varios policías arribaron a su casa, quienes lo invitaron a acompañarlos y le comentaron que Milton estaba grave, que se iba a morir y hasta se mofaron de la situación asegurando que le había atravesado el corazón de lado a lado.
Luego de que fue ingresado a los separos, los uniformados regresaron a eso de las 2 de la mañana sólo para decirle que el hombre había muerto cuando lo llevaban rumbo a Torreón.
Ahora, Juan Carlos cumple una sentencia en el Penal de Saltillo. Está arrepentido, aunque detalla que el ahora occiso, que era del barrio Rincón del Refugio, era agresivo e impulsivo, además de que tenía demandas ya que golpeaba a su esposa.
De la prisión, el interno señala que el ambiente está tranquilo, que no hay violencia, que hay trabajo; labora en la maquiladora Girsa, se dedica a hacer capitonado, es decir, a unir tres telas y a coserlas para formar chamarras.
En su celda se entretiene practicando algunos ejercicios y en la lectura; tiene esposa y dos hijos, quienes lo visitan cuando pueden.
Al salir, no piensa regresar a Parras pues quiere establecerse aquí en la capital, en un barrio al poniente de la ciudad, en donde antes de los hechos su papá le decía que se comprara un terreno, porque estar en Parras se le complicaba por la escasez del trabajo. “Mi papá me decía que mejor me viniera para acá, y yo al principio le decía que nada más terminaba la temporada de nuez y me venía”, cuenta.
ch
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