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Publicado el sábado, 21 de marzo del 2015 a las 15:00
Piedras Negras, Coah.- Han logrado pasar la frontera los 13 migrantes hondureños que recorrieron más de 2 mil kilómetros, muchos de ellos por territorio mexicano, se encuentran ya en tierras norteamericanas, con la incertidumbre si les darán su visa humanitaria que tanto anhelan para llegar a la Casa Blanca, o los deportaran a su país.
Su intensión es entrevistarse con el presidente Barak Obama y hacerle saber por el víacrucis al que los migrantes se enfrentan día con día, en el que pierden sueños, esperanzas, son vejados, violados, mutilados, asesinados, desaparecidos.
Luego de que el padre José Guadalupe Valdés, asesor de la casa del migrante Frontera Digna les dio su bendición y los exhortó a continuar unidos como grupo, llenos de solidaridad, los migrantes emprendieron su camino.
La noticia de la lucha de estos migrantes hondureños, quienes lograron cruzar la frontera el “Día del Padre” en su país, ha sido seguida por mucha gente que se ha solidarizado en diferentes puntos con ellos.
Los ven con esa fortaleza de caminar a paso firme a pesar de las dificultades que implica el llevar prótesis en una o en ambas de sus piernas, luego de que fueran mutiladas por “La Bestia”, el tren que cruza todo el territorio mexicano y que trae a muchos migrantes a la frontera.
Pero, pocos conocen cada una de las historias desgarradoras que les tocó vivir y que cuando las relatan hacen que el nudo en la garganta sea inevitable para quienes los escuchan.
Historias de cómo estos hombres perdieron sus extremidades inferiores y superiores y cómo les cambió totalmente la vida tanto por la discriminación, la falta de trabajo y de conciencia para poder obtener un trabajo.
Ellos se encuentran esperando una respuesta en Eagle Pass, Texas, donde esperan ser procesados ya sea para su deportación o para su visa, mientras tanto las historias de estos migrantes quedan como reflexión para muchos.
José Luis Hernández
Uno de los más jóvenes del grupo y el presidente de la Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad, es José Luis Hernández, a quien sus sueños se vieron truncados al perder su una pierna, un brazo y parte de una mano.
Era pintor y le gustaba la música, pues tocaba la guitarra desde los siete años de edad. También era futbolista.
Iba a Estados Unidos a trabajar, para sacar sus sueños e ilusiones adelante, así como el ayudar a su familia.
Fue en el 2005 cuando apenas tenía 19 años de edad, cuando iba arriba del tren, en un viaje muy largo y cansado.
Ya para llegar a Delicias, Chihuahua, no pudo más y se desmayó por el cansancio, la falta de alimento y por la sed.
José Luis cayó de “La Bestia”, la cual le mutiló la pierna, su brazo y una parte de la otra mano.
“Ésta es la triste realidad de los mutilados, somos más de 600 tan solo en Honduras”, añade.
El joven, señala que es como morir en vida, porque se mueren todas las ilusiones, todos los sueños.
Alonso Colindes Díaz
“Me siento triste por no estar con ellos, con mis hijos”, expresa Alonso Colindes Díaz, de 43 años de edad, pues especifica que este día se celebra a los padres en su país.
Indica que tiene una niña y un niño de 5 y 10 años de edad y si estuviera en este día del padre con ellos, seguró estarían jugando, haciéndoles de comer o comprándoles “el queque”.
Alonso relata que era muy joven cuando sufrió la perdida de su pierna, sólo tenía 17 años de edad, cuando salió de Honduras y subió al tren en el que cruzaba por todo México.
Al llegar a Reynosa, Tamaulipas, a unos pasos del río Bravo, sus sueños se esfumaron.
El ahora graduado en carpintería, precisa que el tren se llevó su pierna y muchos sueños, pero no sus ganas de salir adelante por sus hijos.
Wilfredo Filly Garay
“Me siento dispuesto, lo que suceda, tienen que tener corazón y humanidad hacia nosotros ellos, nosotros no venimos con la intensión de buscar problemas con nadie”, expresa Willy, minutos antes de cruzar la frontera.
“Queremos buscar la paz en el mundo, todo lo que está sucediendo en México, que miren la realidad que nos pasa a todos nosotros los migrantes”, añade.
Willfredo Filly Garay, de 47 años de edad, tiene cuatro hijos y recuerda cómo hace cuatro años salió de su casa buscando el “sueño americano” que se convirtiera en una pesadilla llegando a Veracruz, México.
“Fue un jueves 7 de junio cuando llegué a Coatzacoalcos, Veracruz, cuando me pasó todo”, dice.
“Me recuerdo que antes de salir de mi casa me tomé una fotografía con mis hijos y mi esposa, con mis tenis puestos que tan bello era mi pie izquierdo”, añade.
Después de indicarles que trabajaría mucho para sacarlos adelante, decidió internarse en México y fue así que recorrió la frontera sur para llegar a Veracruz.
“Estaba cansado, deshidratado, había viajado encima de ‘La Bestia’, en el techo, iba amarrado con mi cincho”, relata.
“Escuché voces, iba dormido, que migración andaba detrás de todos nosotros, de la persecución salí corriendo hacia el hueco, me rompí mi frente, se salieron mis vasos del cerebro y caí desmayado bajo las llantas de hierro”, añade.
Fue entonces que sintió como una mordida de un perro cuando perdió su pie izquierdo, un momento trágico que recuerda, quería imaginar que sólo era un mal sueño.
Precisa que lo más triste es lo que pasa con las familias, las amistades, el trabajo, las discriminaciones, es todo una pesadilla.
Antes era taxista, pero él quería ganar más para dar una mejor vida a sus hijos y que fueran personas de bien.
Tras su accidente, su matrimonio se desintegró, su esposa y sus hijos lo dejaron porque no podía ya darles nada.
Norman Varela
El llanto es inevitable para Norman cuando cuenta su historia, y lo hace sin dejar de acariciar las pulseras de hilo que llevan el nombre de sus hijos y esposa, así como la fecha de cuando emprendieron su viaje, el 25 de febrero de 2015.
Recuerda que se encontraban debajo de unos árboles cuando su hija Jessy le pedía que le comprara unos conos, y es cuando vio a su esposa y le dijo que él conseguiría dinero para regalárselos.
“Le dije a ella ¿sos fuerte para que yo te deje sola?, me dijo que creía en mí, si yo te regalé tus hijos es porque creo en vos, le dije cree en mí porque yo te amo y no importa si doy mi vida voy a intentarlo”, rememora.
Norman hizo algunos trabajos, vendió sus herramientas y le dejó todo el dinero a su esposa para emprender su viaje a Estados Unidos, buscando un buen trabajo con el que pudiera comprar una casa y todo lo que necesitaran su esposa e hijos.
Se llevó unas sierras eléctricas y martillos para venderlos en el camino y poder llegar a México.
Iba en el tren hasta Villa Hermosa, Tabasco, donde se paró y quería llamarle a su esposa.
“No pensé que hasta ahí iba a llegar”, relata con llanto.
Fueron de 20 a 30 minutos que estuvieron parados en el tren y la mente de Norman sólo giraba en torno a que si su familia estaba bien, si tenían comida.
De pronto, llegó un agente de Migración que querían detenerlo a él y a otros migrantes que estaban en el lugar.
“Yo le pedí que me dejara, que tenía que llegar allá por mi familia, por mis hijos”, indica.
“Lo que hacen es que se ríen de uno como si no fueran hombres igual que uno o padres”, añade.
Los ruegos de Norman y sus explicaciones de que iba a Estados Unidos para poder tener una casa fueron en vano, sólo recibió burlas y algo peor.
“Creo que como hombre soñador me merezco eso, le dije a qué iba, pero no pensé que me iba a empujar para yo perder mi vida, no la perdí, pero perdí mi pierna, perdí mis sueños”, comparte.
A su esposa le dijeron que el tren lo había partido en cuatro pedazos cuando le avisaron, una forma muy cruel de avisarle sobre el “accidente” que había sufrido en el tren.
“Cuando llegue deportado con la discapacidad de mi pierna, ¿sabe qué hizo mi niña Yesi?, me hizo un guante de un calcetín, le puso ojos lo ponía en mi pierna amputada y le decía: Con eso vamos a jugar papá mientras te crece tu pie”, expresa con lágrimas.
El hombre de 43 años de edad, precisa que entonces supo cómo una situación como ésta no sea acaba ahí, pues sigue la discriminación y la mayor falta de oportunidades.
Hasta su propia familia lo dejó y le decían a su esposa que lo dejara porque ya estaba “tunco”.
Sin embargo, el apoyo de su esposa e hijos, lo ha hecho salir adelante y ahora busca lograr su sueño con sus compañeros.
“Mi corazón todavía late, me dan fuerza mis hijos, por eso ando hasta aquí, voy a cruzar por arriba o por abajo, pero lo tengo que hacer, no por mí, sino por ellos”, subraya.
Ifraín Vázquez
Ifraín en todo su camino cargó orgulloso una mochila rosa ante la mirada burlona de muchos que no saben siquiera el enorme significado que ésta tiene para el hombre de 34 años de edad.
Es la mochila rosa de su única hija, Emmy Sarahí, 13 años, quien se la dio para que la llevara muy presente y fuera al mismo tiempo la fortaleza para lograr su meta.
El hombre que se dedicaba a la construcción y que se observa un tanto serio, platica entonces el momento en cómo perdió su pierna izquierda.
Relata que lo detuvo la Policía municipal ya en territorio mexicano, porque se parecía a un asaltante de un banco.
Lo golpearon y lo detuvieron toda la noche, para luego darse cuenta que no era y lo soltaron al día siguiente.
Su mala suerte no quedó ahí, pues luego sufrió un asalto y tras tres días y noches de no dormir y alimentarse muy poco, vio el tren y decidió subir.
“Corrí a tomarlo, quise agarrar uno de los vagones”, dice.
Pero, el tren lo arrastró al caer y no pudo hacer nada por el cansancio, destruyéndole la pierna izquierda.
Estaba en un despoblado y decidió brincar sobre su pie derecho para buscar ayuda, lo hizo por alrededor de 250 metros y ya no pudo más.
Afortunadamente Ifraín fue visto por unos campesinos, quienes llamaron a Migración y fue llevado a un hospital.
Jeremías Gámez
Jeremías perdió sus dos piernas y a pesar de ello es quien encabeza en el segundo intento por cruzar la frontera al grupo, en su caminar por el puente internacional número 1.
El hombre de 42 años de edad, comparte al igual que sus compañeros su historia, en la que agentes de Migración lo persiguieron y por querer escapar fue llevado por las garras de “La Bestia.
“El cansancio es terrible, uno no come, está débil”, indica.
Recuerda que fue en Tabasco, en marzo de 2006 y era la primera vez que trataba de llegar a Estados Unidos.
Jeremías, al igual que sus compañeros buscaba una mejor vida para sus hijos de 12, 14, 16 y 19 años de edad y para su esposa.
Antes se dedicaba a la agricultura, ahora, lamenta depender de su familia.
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