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En el matrimonio no todo es sexo

  Por Leticia Espinoza

Publicado el sábado, 21 de marzo del 2015 a las 15:01


Los caminos de los divorciados vueltos a casar en la Iglesia católica

Saltillo, Coah.- ¿Puede un matrimonio vivir como hermanos? Hace 10 años, Carlos Carabias y Ángeles Salas realizaron unos votos distintos. Tras ser él un hombre divorciado que no consiguió la nulidad de su matrimonio por la Iglesia católica, decidió junto con su ahora esposa explorar caminos difíciles de creer en pleno siglo 21 para alcanzar su comunión, su santidad.

Desde hace años se dedican a realizar labor pastoral con parejas en su misma condición, a quienes enseñan de qué manera estar en paz con Dios y sus familias.

Cuando él se divorció, se fue a vivir a una casa de ejecutivos del centro comercial donde laboraba. En ese lapso la conoció, se enamoraron y decidieron casarse por el civil, fue en un apostolado como familias misioneras cuando descubrieron que algo les faltaba para estar en paz.

“Cuando militábamos en la colonia San Gilberto, en Monterrey, nos dimos cuenta de que no había matrimonios como nosotros, que estaban en unión libre, que no tenían impedimento para casarse. Ya que nosotros no podíamos, los acercábamos, se obtuvieron frutos, hubo matrimonios civiles y religiosos colectivos”, dice Ángeles.

Carlos sintió que había cierta incongruencia en invitar a otros a reconciliarse con Dios cuando ellos mismos no lo habían hecho. Entonces buscó a un sacerdote, quien le dijo que en su caso no había causal de la nulidad de su matrimonio por la Iglesia.

“Sabiendo que no había nulidad probablemente hubiéramos aventado la toalla y nos hubiéramos alejado de la Iglesia. Cuando nos casamos ya no era una niña, yo quería una relación para siempre. Ha sido un compromiso ante Dios y por escrito que vas a vivir como hermano y hermana para poder tener acceso a los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Fue un trabajo de cinco años, de estar dialogando y fortaleciendo nuestra relación de esposos, para la mujer puede significar: ‘ya no me quiere, ya no me toca’, pero el Señor nos fue preparando”, dice Ángeles.

“Vivimos como hermanos en el mismo cuarto, en la misma cama; a veces como que no nos creen. Es una vocación, es un regalo de Dios, Él te va dar las bendiciones necesarias, eso no quiere decir que como hombre no me guste mi esposa, Dios da esa gracia que se llama pureza de corazón, yo voy a tener el pudor de respetarla como si fuera mi hermana; tenemos un compromiso de amor con Dios, por eso tampoco se puede hacer trampa con la autosatisfacción o la pornografía, pues sería una traición”, explica Carlos.

Dicen que un matrimonio como el de ellos, que ha dejado atrás las relaciones sexuales, busca la santidad, busca seguirse apoyando mutuamente, seguir un apostolado que implica llegar a parejas adoloridas, con la Iglesia y con la sociedad.

“Hay que trabajar para que también sanen sus familias, cuando hay problemas que los pueden llevar a otro divorcio darles un acompañamiento. Vemos cómo sanar esas heridas para que no se vuelva fracturar y eso te motiva cuando ves los matrimonios que van creciendo”, dice Ángeles.

En su caminar han sido acompañados por sacerdotes y otros matrimonios de divorciados vueltos a casar, han sido testigos de la preparación de siete matrimonios que viven como ellos, como “familia consorcio”, la exhortación hecha por el papa Juan Pablo II para divorciados vueltos a casar.

Explica que un altísimo porcentaje de matrimonios vive su comunión espiritual y vive una vida marital normal, sólo 30% inició un proceso de nulidad, incluso han acudido a las bodas de ocho matrimonios que consiguieron la nulidad de sus matrimonios.

Entre sonrisas, Carlos besa a la hermana que más ama en el mundo: Ángeles; es un beso de ternura, es un beso que –dice– se alcanza con la gracia que el mismo San José alcanzó cuando aceptó a la Virgen María.

ch

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