Nacional

Publicado el domingo, 3 de mayo del 2015 a las 21:43
Iguala, Guerrero.- Tres hombres suben diario a los cerros de este Municipio guerrerense a buscar los restos de sus seres queridos en fosas clandestinas.
Dentro del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala los conocen como Can 1, Can 2 y Can 3.
El primero busca a dos sobrinos, y el segundo a su hijo.
Mario Vergara, el Can 3, busca a su hermano secuestrado por quien pedían 300 mil pesos.
Asesorados por PGR, la familia nunca pagó el rescate porque los secuestradores no presentaron una prueba de vida.
En una reunión del grupo en terrenos de la iglesia de San Gerardo, narra que han puesto nombres a las distintas áreas que exploran: “El Tigre”, “El Maizal”, “El Maizal 2″ y el “Cerro de los Secuestrados”.
“Es el de los secuestrados porque los encontramos con las manos atadas. Encontramos donde les quitan los zapatos, donde ves que abandonan la ropa”, cuenta Mario, quien carga un gancho de fierro en el pantalón en caso de que algún día lo desaparezcan y lo entierren.
En el cerro buscan donde la tierra se ve recién removida, donde la vegetación cambia de pronto o donde la tierra difiere de características. Caminan lento por el terreno, con los ojos bien abiertos, alertas a cualquier pista.
“Acá encuentras fosas preparadas sin cuerpos, que ya las hicieron nomás para echarlos. ¿Qué tanta maldad tienen en la cabeza?”, dice a su vez Adriana Bahena, joven mujer que perdió a su esposo.
“Los cuerpos están brotando, así como brotan las hojas y brotan los árboles y las semillitas después de haber germinado, están brotando los restos en Iguala”.
Cada domingo, de 40 a 50 personas acompañan a “Los Canes”. Como Carmen Abarca, cuyo esposo Saturno Giles Beltrán desapareció el 8 de marzo de 2014.
Al no reportarse el elemento de la Policía Municipal de Iguala, sus hijas y esposa comenzaron a buscarlo en hospitales, en el Semefo y en carreteras.
Un día después, Carmen recibió la última llamada de Saturno.
“Le dije: ‘hijo, ¿dónde estás?’ Y me respondió: ‘sí hija, estoy bien, no te preocupes. Sólo estamos aclarando unas cuestiones para irme a la casa’” recuerda.
Antes de que le arrebataran el teléfono, Saturno prometió regresar a casa el día siguiente.
Los hechos fueron reportados al 27 Batallón de Infantería y al Ministerio Público de Iguala, sin embargo, Carmen acusa que no fueron a buscarlo.
Se unió a la búsqueda de fosas después de que las autoridades encontraran cuerpos en la Colonia San Miguelito. Si no son los estudiantes, pensó, pertenecen a alguna otra familia.
“Es un martirio porque dijera uno ya lo mataron, ya tienes tu cuerpo: sepúltalo y se acabó. Pero es un martirio porque no sabes dónde acabó, dónde lo dejaron”, considera.
F. relata que su hijo fue secuestrado el 25 de septiembre de 2014, un día antes de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
La mujer de 60 años se entera de la situación hasta un día después, al darse cuenta que no viajó a México para comprar autopartes. Al preguntar a conocidos por su paradero, la noticia la recibe de un testigo de los hechos.
“Me ve el señor y me dice ‘doña, tómese una cerveza, porque le voy a decir. En la noche ‘M’ iba a abrir el taller cuando llegó la camioneta y venían dos adelante. Entonces le hablaron, vi que se volteó y habló con ellos. Vi que se salió otro y se le fue acercando, abrieron la puerta y vi que le dieron el aventón, y se fue’”, recuerda.
En cuanto supo del secuestro, F. buscó y siguió camionetas similares a la que se llevaron a su hijo.
No quiso denunciar por miedo.
Ella también sube a los cerros cada domingo. Sus otros hijos le advierten que los delincuentes la van a asesinar de seguir en la búsqueda, pero concluye no puede morir de nuevo.
Los Otros Desaparecidos de Iguala han denunciado ante PGR secuestros llevados a cabo por policías municipales, de Tránsito, militares y marinos en colusión con el crimen organizado.
Las denuncias fueron integradas en una sola averiguación previa, de la cual se desprenderán investigaciones individuales.
Para el colectivo, la actuación de los peritos de la dependencia ha sido deficiente.
El personal, dicen, debe buscar fosas clandestinas de lunes a jueves, pero sólo lo hacen los miércoles; descartan áreas sin haberlas investigado a profundidad; dejan las fosas abiertas tras exhumar los cuerpos, y no cuentan con tecnología para la búsqueda.
“No saben buscar”, critica una de las mujeres del grupo.
“Nosotros tenemos el dolor que nos hace buscar, y ellos no”.
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