Espectáculos
Publicado el jueves, 7 de mayo del 2015 a las 14:03
Saltillo, Coah.- Dentro de un viejo armario, resguardados en cajas de cartón y bolsas de plástico, estuvieron guardados durante dos décadas 4 mil 500 negativos. Un testimonio fotográfico de la Guerra Civil Española a través de la mirada de Robert Capa, David Seymour “Chim” y Gerda Tardo.
Gracias a la suerte, y a los oficios de Benjamín Tarver, Juan Villoro y Trisha Ziff, este trabajo, perdido desde 1939, finalmente vio la luz en el 2007.
Con base en esta historia nace la novela “La Maleta Mexicana” (Planeta, 2015), el reciente libro de Guillermo Chao. El autor narra, apegado a los hechos, el periplo que vivió la valija que contenía 126 rollos de película que mostraban la descarnada realidad de la Europa en guerra.
“La maleta mexicana es una exiliada más de esa etapa trágica de la humanidad (Guerra Civil Española). Llega a México como todos los exiliados que encontraron refugio en nuestro país, pero a esta exiliada nadie la esperaba y luego nadie la encontraba, estuvo perdida durante 68 años”, narra el escritor en entrevista.
Al finalizar el conflicto bélico civil en España, y en medio del caos por la entrada de los nazis a París en 1940, los negativos pasaron de mano en mano para su resguardo y, finalmente, acabaron en la Ciudad de México.
“Desde el punto de vista histórico el contenido de la maleta mexicana es muy valioso, pues hay 4 mil 500 negativos de la Guerra Civil Española. Se pueden ver los campos de regados en el sur de Francia, donde los republicanos fueron muy maltratados; el valor periodístico de las coberturas con alto riesgo, el valor moral que eso encierra también.
“La maleta contenía un gran enigma: la famosa foto de Capa que muestra la muerte del guerrillero. Ahí estaba el negativo. El curador de la exposición dijo que este negativo no estaba, tal vez sea así, tal vez no, el enigma continúa… Eso es lo que me permití novelar”, explica Chao.
PERSONAJES CON HISTORIA
Periodista con largo oficio, Guillermo Chao realizó una larga investigación sobre la maleta mexicana para una serie de televisión. El material que recopiló ocupaba “más de un metro” de altura, así que decidió darle otro manejo y dar paso a la narrativa.
“Me puse a hacer un reportaje con todo el material, pero la narrativa era lineal, en orden cronológico y no me atrajo. Entonces modifiqué la forma narrativa, eché mano del flashback y fui alternando relatos y vidas que al parecer no tienen relación una con la otra. El eje de la novela es una metáfora, la maleta mexicana, alrededor de la cual gira la trama”, relata el autor.
El novelista narra cómo Imre Weisz Schwarz, quien fuera el primer guardia de la maleta, le entrega los negativos a un joven chileno para que éste, a su vez, los llevara al Consulado de México en Marsella. Después, entre el desorden de la guerra y los cambios diplomáticos, la valija termina en México, en la casa del general Francisco Javier Aguilar González.
En el libro aparecen también Leonora Carrington y el escritor Renato Leduc.
“Todos son personajes reales, excepto uno. Lo que intenté fue desmitificar un poco a estas personalidades. Leonora Carringon es conocidísima, pero pocos saben de su relación con la maleta mexicana, que ella conoció al laboratorista que sacó la maleta”, precisa.
Chao muestra además la vida de los exiliados en el país, y la forma en que éstos ayudaron a construir el imaginario social del México postrevolucionario.
“Hagamos un intento de imaginarnos a estos seres que venían de lugares donde se había dado una destrucción total, una privación de todo, medicinas, alimentos, agua, gente desposeída incluso de su nacionalidad. Ellos llegan a la capital de un México que se estaba transformando, que había declarado la guerra a las potencias del eje, era una ciudad mucho más segura que la actual”, plantea.
Chao espera que el lector se sienta atrapado por el ambiente de misterio que rodea el viaje de la ya célebre maleta mexicana.
“Traté de desmitificar a los personajes y humanizarlos, mostrar sus creaciones, logros; a los seres humanos que estaban sujetos a grandes presiones y a situaciones inconcebibles. Esa fue mi intención, me parecía que era más interesante hacerlo de esa manera, de lo contrario vas a ver la expo y ya está. Más allá del tema fotográfico hay temas humanos que quería reflejar”, concluye.
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