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Agencias
Publicado el jueves, 20 de agosto del 2015 a las 22:04
Inglaterra.- Una segunda pintura de Leonardo Da Vinci contribuyó a resolver uno de los más importantes misterios del arte: qué hay detrás de la sonrisa de la Mona Lisa o La Gioconda, obra realizada entre los años 1503 y 1519, y que descansa ahora en el Museo del Louvre, en París.
Según informa la revista Discover Magazine, un grupo conjunto de investigadores de las universidades de Sheffield Hallam y Sunderland (Reino Unido) examinaron la pintura “La bella principessa”, pintada por Da Vinci antes que la “Mona Lisa” a finales del siglo XV. En ese cuadro el maestro utilizó un ingenioso truco para atraer al espectador.
De acuerdo con los científicos, Da Vinci hizo “inalcanzable” la sonrisa de las mujeres de sus pinturas tras mezclar hábilmente los colores y explotando de esta manera la visión periférica del espectador. Gracias a esta técnica, bautizada sfumato, la forma de la boca del sujeto parece cambiar según el ángulo y punto de vista.
Así, si se observa la pintura directamente, la inclinación de la boca mira hacia abajo, mientras que a medida que el ojo se mueve hacia otro lugar la boca parece tomar un giro hacia arriba, creando una sonrisa que solo puede ser vista indirectamente, al igual que la de la Mona Lisa.
Los investigadores señalan que muchos artistas intentaron imitar el truco creado por Da Vinci, pero ninguno logró repetir el éxito de “La Gioconda”.
“A través de una serie de experimentos psicofísicos, se encontró que un cambio percibido en la inclinación de la boca del ‘La Bella Principessa’ influye en su expresión de satisfacción generando así una ilusión”, agregaron los autores del trabajo. Los científicos se preguntan, sin embargo, si Da Vinci pretendió crear esta ilusión y por qué. “La pregunta sigue siendo si Leonardo da Vinci pretende esta ilusión. En cualquier caso, se puede argumentar que la ambigüedad creada añade al atractivo del retrato”.
Para arribar a sus conclusiones, los autores expusieron a voluntarios a observar con detenimiento la pinturas La Bella Principessa y La Gioconda desde diferentes ángulos, distancias y distintos niveles de borrosidad. En ese test también incluyeron la obra de otro autor, Retrato de una niña, de Piero del Pollaiuolo.
Los participantes hallaron que a medida que se alejaban o las imágenes de las pinturas de Da Vinci se hacían más difusas, la sonrisa aparecía más fuertemente. Sin embargo, esto no ocurría con el retrato de Del Pollaiuolo.
También realizaron otra prueba con los mismos voluntarios. Por un lado, taparon con un pequeño rectángulo negro los ojos de la Principessa, y en segundo lugar, la boca. En el primero de los casos, la sonrisa permanecía; mientras que en el otro, su mueca no se distinguía, lo que aseguró a los investigadores que el truco utilizado por Da Vinci radicaba en la zona bucal de la “modelo”.
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