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Obama en cuba; entre el ‘paseo típico’ y el diálogo

  Por Agencias

Publicado el domingo, 20 de marzo del 2016 a las 15:00


Hoy arriba el Presidente estadunidense a la isla, con muchas esperanzas para los cubanos

La Habana, Cuba.- A partir de hoy y hasta la noche del martes, después de su paseo en las calles turísticas de La Habana Vieja, el presidente estadunidense Barack Obama multiplicará los gestos políticos para demostrar su voluntad de normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

En paralelo, dedicará parte de su estancia en Cuba –88 años después del expresidente Calvin Coolidge, su predecesor más reciente a emprender el viaje a la isla– en abogar por un cambio político en la isla, como una forma de apaciguar las críticas contra la visita en Estados Unidos.

Por la tarde, después de salir del avión presidencial, la familia Obama, escoltada por un batallón de agentes de seguridad, arrancará su visita de la isla por una caminata en las calles empedradas de La Habana Vieja, paseando entre los estrechos callejones de casas antiguas renovadas y plazas arboladas que dan su encanto al barrio colonial.

El itinerario que recorrerá la pareja presidencial no diferirá del que caminaron los 161 mil 233 estadunidenses que visitaron Cuba el año pasado –una cifra de magnitud inédita que no incluye a los cubanoamericanos– y quienes, pese al embargo económico que su gobierno mantiene contra la isla, se sacaron fotografías con un puro Cohiba entre los labios y el volante de un automóvil de antaño entre las manos.

Así, los Obama pasarán por la Catedral, donde platicarán con el cardenal Jaime Ortega, el arzobispo de La Habana, quien apoyó las negociaciones secretas que desembocaron sobre el deshielo histórico entre Cuba y Estados Unidos, el 17 de diciembre de 2014.

“Es el tour típico”, asevera un habanero, cuyo departamento se encuentra en un edificio pegado a la Catedral. Explica a Proceso que los vecinos de La Habana Vieja no podrán ver la pareja presidencial estadunidense, pues recibieron instrucciones de cerrar las cortinas y la prohibición de asomarse por las ventanas. De hecho, durante la caminata el público no podrá acercarse a las calles y los negocios estarán cerrados.

Obama no fue la razón por la cual la fachada de la Catedral luce como nueva, asevera el vecino. Las autoridades pulieron el monumento histórico el año pasado, en preparación de la visita de otro invitado de lujo: el papa Francisco I.

De ahí, la pareja paseará en los lugares más emblemáticos del barrio colonial: la Plaza de Armas, la Plaza San Francisco o la Plaza Vieja, entre otros. Si bien no hubo obras de restauración masivas para la llegada de Obama –estas calles ya se encuentran en un muy buen estado, en comparación con los callejones aledaños–, los trabajadores de los restaurantes y vecinos entrevistados recuerdan que las autoridades realizaron algunos retoques de pintura en ciertos edificios, limpiaron las piedras de algunas fachadas, instalaron unas plantas y regaron abundantemente los parques para que esta parte de la capital luzca ante sus invitados.

La política

El lunes 21, el turismo dejará el lugar a la política y a los símbolos de reconciliación entre Cuba y Estados Unidos, los verdaderos motivos de la visita.

La parte protocolaria iniciará en la Plaza de la Revolución, frente al Monumento José Martí, el héroe de la independencia de Cuba, cuya imagen tiene un carácter casi sagrado en Cuba. Ahí, Raúl Castro recibirá a su homólogo, quien depositará una ofrenda floral y dejará unas palabras en el libro de visitas.

Más tarde, los mandatarios sostendrán un encuentro en el Palacio de la Revolución. Si bien los temas aún no han sido planteados, Ben Rhodes, el asesor de seguridad nacional para comunicaciones estratégicas de la Casa Blanca, –uno de los asesores personales de Obama– adelantó ayer que los líderes discutirán “un gran número de temas”, sobre todo “los avances que se han realizado respecto a la normalización de
las relaciones”.

Pese al acercamiento entre ambos países, marcado por los cuatro paquetes de medidas que adoptó la administración de Obama en el último año para debilitar el bloqueo económico, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos siguen teniendo divergencias de fondo, entre ellas la situación de la democracia en la isla o la permanencia de la base militar estadunidense de Guantánamo en Cuba.

Después de la reunión oficial, Obama y una comitiva de empresarios estadunidenses platicarán con empresarios cubanos, los cuales forman parte de la incipiente iniciativa privada en el país. En su Congreso de 2011, el Partido Comunista Cubano (PCC) adoptó medidas de “actualización” de su modelo económico, ofreciendo la posibilidad a los cubanos a abrir negocios y emplear personas por su cuenta.

Cinco años después, 500 mil cubanos conforman el sector privado de la isla; ya sean “cuentapropistas” –dueños de los negocios–.

¿Repetirá la fiesta de 1928?

La última vez que un presidente de Estados Unidos visitó Cuba –en el lejano 1928– recibió una bienvenida apoteósica, y su delegación bebió ron cubano como si fuera el día del juicio final.

¿Piensa que eso no volverá a ocurrir cuando el presidente Barack Obama aterrice hoy? Mejor no haga esa apuesta.

Han pasado nueve décadas, una Guerra Fría y muchos tragos amargos después del olvidado viaje de Calvin Coolidge a La Habana; la atmósfera que rodea la visita de Obama tiene ciertas similitudes.

Obama, como Coolidge, es un presidente que trata de dejar su marca personal en política exterior durante su último año de mandato.

En su caso, busca poner fin al enfrentamiento entre Washington y La Habana comunista, que se remonta a 1959, cuando Fidel Castro expulsó del poder a Fulgencio Batista, un cercano aliado de Estados Unidos.

Cuando Coolidge, conocido en la historia de la Casa Blanca como “el silencioso Cal” llegó a La Habana, también cumplía una misión de paz: amortiguar la ira regional por la ocupación militar de Nicaragua y Haití así como el dominio de las bananeras estadunidenses.

Coolidge llegó abordo del acorazado USS Texas, buque insignia de un convoy que incluyó un crucero y tres destructores. Fotos publicadas muestran a los cubanos en el paseo marítimo y en las calles, recibiendo al Mandatario.

A pesar de que su caravana atravesó animadas multitudes “que le lanzaron besos y arrojaron flores”, el austero Coolidge ni siquiera se quitó el sombrero, escribió Smith.

Sin embargo sí lo hizo al inclinarse hacia “un grupo de mujeres alegremente pintadas” y su “Madame”.

De Kennedy a Obama

Detrás de la animosidad pública que imperó entre Cuba y Estados Unidos, con declaraciones altisonantes y el embargo, subyace otra realidad: misiones de exploración, contactos discretos y manos tendidas en vestíbulos de hoteles, salas de espera de aeropuertos y hasta en el Vaticano.

Barack Obama, esperado hoy en La Habana para una visita histórica, quedará como quien abrió un nuevo capítulo entre Estados Unidos y Cuba.

Pero no fue el primero en intentarlo. Durante más de medio siglo, otros hicieron el intento, todos bajo la misma consigna: discreción.

Pese a que unos 160 km separan a ambos países, tras la llegada al poder de Fidel Castro y sus “barbudos” en 1959, Cuba fue siempre un tema políticamente muy sensible en Estados Unidos.

En el otoño boreal de 1962, tras la crisis de los misiles soviéticos en la isla, incidente que estuvo a punto de desembocar en un conflicto nuclear mundial, John F. Kennedy exploró la posibilidad de un acercamiento, esperando sacar provecho de la furia de Fidel Castro con la Unión Soviética, que había decidido retirar los misiles sin consultarlo.

JFK entregó personalmente al periodista francés Jean Daniel, en 1963, un mensaje para el “Líder Máximo”.

El periodista, con la singular misión de “mensajero”, se reunió como estaba previsto con el padre de la revolución cubana. “Ambos dirigentes parecían listos para alcanzar la paz”, contaría más tarde.

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