Internacional
Por
Agencias
Publicado el sábado, 30 de abril del 2016 a las 21:55
Otisville.- Que un oso de 700 kilos sea el mejor amigo de un hombre, no significa que pierda su instinto animal. Eso lo probó Jim en carne propia, con un mordisco que pudo terminar en tragedia.
Jim Kowwalczik y Jimbo se conocen desde hace 22 años, cuando el osezno huérfano llegó al Orphaned Wildlife Center, un santuario animal en Otisville, Estados Unidos. Desde entonces, han logrado construir un vínculo especial.
Como es su costumbre, Jim entró a saludar a Jimbo, se recostó un rato con él y, después de los abrazos, el animal empezó a lamerle el rostro. En un abrir y cerrar de ojos, la cabeza del hombre estaba dentro del hocico de su compañero.
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