Nacional
Por
Agencias
Publicado el viernes, 23 de diciembre del 2016 a las 10:05
Ciudad de México.- Viajaron miles de kilómetros para abandonar la amargura y la devastación por sismos, huracanes, guerra, extremismo ideológico, dictaduras y una pobreza extrema que hoy le “duele” al mundo entero. Sus esperanzas y ganas de alcanzar una oportunidad de vivir los llevaron a una travesía, que en este momento, permanece interrumpida en uno de los pasos fronterizos más grandes del mundo: Tijuana.
Provenientes de Haití, Irak, Siria, Pakistán o Ghana, miles de inmigrantes se encuentran varados en México con la esperanza de cruzar la frontera a Estados Unidos. Mientras tanto, la solidaridad de los ciudadanos mexicanos, quienes han ido solucionando sus problemas de albergue y alimento, para devolverles la esperanza de que esa “eterna” espera, un día terminará.
El panorama de decenas de personas durmiendo en las calles de la ciudad provocó un movimiento social pocas veces visto en Baja California y en esta ciudad, considerada en el pasado como una de las ciudades violentas, corruptas y alimentadas por la prostitución, el esplendor de la cultura chicana y su ventaja de atraer a estadunidenses como una frontera benevolente con el dólar, a pesar de ser una ciudad con problemas históricos relacionados con la migración.
Ni los deportados que viven en situación de calle, ni la trata de personas que es visible a todas horas del día en el Centro de la ciudad, ni las víctimas de la violencia que ha azotado a la región durante años. Nada ni nadie había logrado que tanta gente se uniera en una misma causa.
‘LA SOCIEDAD SÍ SALIÓ AL QUITE’
Para las autoridades es distinto. Juan Manuel Gastélum, Alcalde de Tijuana, señaló que el Gobierno federal cataloga esta crisis como “extraordinaria”, más no humanitaria, lo que ha limitado los apoyos que envía al municipio, por lo que la sociedad civil ha salido al quite.
Sobre todo, iglesias de varias denominaciones tomaron la responsabilidad de dar posada y alimento a miles de migrantes. Algunos ciudadanos crearon grupos de ayuda para canalizar los apoyos que envía la población, como ropa, comida, medicinas; y otros sirven como vinculación para llevar diversas actividades a los albergues.
Y aunque todos tienen como meta llegar a Estados Unidos, algunos han decidido quedarse en México y tramitar su ciudadanía. Las autoridades de la ciudad afirman que, aunque la presencia de estos migrantes ha estado marcada por el orden y no se han presentado desmanes o conflictos, algunas alertas ya han sido activadas. Aun así, su labor ha sido mínima comparada con la de los grupos de la sociedad civil.
NOCHES DE VICTORIA Y DERROTAS
A las puertas del Desayunador del Padre Chava han llegado más de 100 migrantes provenientes de Haití para que puedan pasar la noche. El termómetro marca 5 grados centígrados y hay viento. Se espera una noche fría. Han hecho esfuerzos por acomodar ahí a casi 500 personas. Esa noche cabrían pocos más.
Decidieron que podían albergar a las mujeres y los niños; los hombres fueron enviados a otros lugares. Esa noche nadie se quedó en la calle. Lo hicieron en coordinación con un grupo de la sociedad civil que está en constante comunicación para alertarse cuando una contingencia así ocurre; esa noche, al saber lo que ocurría, alguien llevó cobijas y otros ayudaron a gestionar con los albergues.
Una vez más, los ciudadanos conseguían hacer frente a la crisis que se viven muchas noches en esta ciudad fronteriza.
No ha sido así siempre. En los meses que ha durado la contingencia, varias noches decenas de personas tuvieron que dormir en la calle porque, aunque se hiciera el mayor de los esfuerzos, no había más espacios para ellos.
Pero con la temporada invernal se han estirado los esfuerzos para evitar que haya gente sin techo.
AUTORIDADES, UNA VEZ MÁS REBASADAS
El Estado, dicen quienes dirigen los albergues, ha quedado rebasado por la situación y ha sido omiso en la atención a los extranjeros.
Juan José Moreno, pastor de la Iglesia Central del Nazareno –de corte evangélico–, reconoció que aunque el Gobierno sí ha prestado ayuda, es insuficiente, además de que para acceder a fondos federales de ayuda se tienen demasiados candados.
“(El Estado) se nota que están rebasados en todo. Hasta dan ganas de darles terapia también, por su estrés y ansiedad”, comentó.
Cuestionado sobre por qué la sociedad civil no se había volcado con tal interés ante otros sectores de migrantes, el pastor reconoce que se trata en parte de la discriminación que se siente hacia los connacionales.
“Esta situación movió a mucha gente; y sí tengo la impresión de que hay una especie de inclinación al extranjero. Creo que todavía hay cierta desconfianza al migrante nacional o al latino, porque si te dicen: ‘oye, albérgame a 50 para que duerman ahí’, latinos o mexicanos deportados, sí la piensas más, todavía se siente esa desconfianza.
“Yo agradezco al pueblo haitiano que esté sacando lo mejor de nosotros”, remató.
Un grupo de nueve mujeres creó el Comité Estratégico de Ayuda Humanitaria Tijuana, mismo que se ha dedicado a gestionar y organizar apoyos, así como a promover en redes sociales la participación ciudadana.
Soraya Vázquez, una de sus miembros, comentó que ellas acudían como voluntarias al Desayunador del Padre Chava, y conocieron de primera mano la crisis que atravesaba para atender a todos los migrantes.
Su primer reto fue que los donativos que la gente hacía se repartieran equitativamente con otros espacios; crearon una página de Facebook y otras redes sociales para solicitar donaciones u otro tipo de apoyo, como servicios médicos o psicológicos.
“Tratamos de ser un puente entre la sociedad civil y los albergues y, por otro lado, presionar un poco a la autoridad porque al final de cuentas ellos son los responsables”, expuso.
Para Soraya, la respuesta de las autoridades ha sido muy limitada porque niegan la dimensión del problema. Tan es así que han perdido el control de quiénes llegan y quiénes se van.
“La autoridad no sabe que están, y no saben las condiciones en que están, y tendrían que estar al tanto de eso (…) antes había más o menos un orden y la autoridad sabía, pero ya no, porque se establecen redes entre ellos mismos y ya no necesitan a las instancias ni nada, ya entre ellos mismos se comunican y llegan directamente a un albergue. (Con información de Reporte índigo)
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