Esta es una historia de ficción, de esas en las que hay que señalar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Imaginemos una reunión de quienes nos gobiernan para discutir qué medidas tomarán ante la emergencia por la pandemia.
Y bueno, uno dice: “la cosa está fuera de control, esta segunda oleada nos está pegando muy fuerte, hay que hacer algo, urgente”. Todos responden, “pues sí”.
“La gente no entiende, se sigue aglomerando, se siguen reuniendo en casas particulares, sin respetar ninguna de las recomendaciones, justo cuando nuestros hospitales están saturados y el número de contagios y decesos nos habla de una situación crítica”. Y los demás vuelven a responder “pues sí”.
Entonces, uno de ellos dice: “hay que prohibir esas fiestas que son fuente de contagios”, y todos aplauden. “Sí, esa sería una buena medida. A grandes males, grandes remedios”.
Pero entonces, a la hora de fijar criterios, por mayoría se decide que se prohibirán las fiestas con más de 15 personas, pero eso sí, si quieren reunirse más, tal vez 50, basta con pedir permiso y comprometerse a que aplicarán las medidas sanitarias y listo, que sean de 50, o más…. Entonces uno advierte: “pero si hace meses se prohibieron las reuniones con más de 10 personas, cuando la situación no era ni la sombra de lo que hoy padecemos, por qué 15 o más”. “Pues porque sí”.
“Pero entonces, ¿si ubicamos una fiesta con más de 15, los vamos a sancionar con dureza. tal vez hasta arresto de 36 horas, para dar ejemplos contundentes de que no estamos jugando?”. “Pues no, si los sorprendemos los vamos a amonestar, les vamos a decir que no lo vuelva a hacer”.
Ok. Y ese terco frijolito en el arroz señala: “¿sí saben que nadie hace caso a las recomendaciones, que nadie respeta lo que aquí establecemos como medidas para cortar la cadena de contagios, verdad?”.
Y el resto responde, “pues sí, pero algo hay que hacer… tal vez ahora sí nos hagan caso”. “Pues sí”.
Esta historia es ficción y refiere una absurda tibieza ante el brutal golpe de la pandemia… y cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
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