Dice una vieja máxima que cada pueblo tiene el Gobierno que, por acción u omisión, se merece. Bueno, pues la buena noticia es que el pueblo estadunidense decidió finalmente sacudirse a ese autoritario y narcisista energúmeno que tiene por Presidente.
Un respiro para nuestros vecinos y sin duda para el mundo entero. Cuatro años de fake news, de una reiterada y malintencionada manipulación de los datos, de la realidad, de un andar arrogante y altanero, violento, fue suficiente, afortunadamente, para que los estadunidenses le dijeran ya basta en las urnas.
Solo para el anecdotario: este bravucón ha dicho desde su envestidura como Presidente, y hasta agosto pasado, 25 mil mentiras, según el registro de The Washington Post. Y se podrá mentir 100 o mil veces, pero no siempre, sin pagar tarde o temprano el costo.
Quién sabe exactamente qué esperar de Joe Biden, pero aún en su momento más bajo o errático, no puede ser peor que ese empresario egocéntrico y de un marcado pensamiento mágico, anclado invariablemente en la idea de que su percepción es la única realidad posible. Y entre paréntesis, ¿le suenan familiares y cercanos estos rasgos de carácter?
Bueno, en medio de la vorágine que resultaron las elecciones en Estados Unidos, rescato un hecho inédito que representa una gran lección para todos: el jueves, las principales cadenas de televisión cortaron abruptamente el mensaje del presidente Trump, ya que simplemente lanzaba una serie de grandes afirmaciones sin aportar una sola prueba.
En términos llanos, estaba mintiendo y los medios decidieron que simplemente ya era suficiente de ser cajas de resonancia de tantas mentiras.
Sí, un hecho extraordinario, una gran lección. ¿Se imagina si esto se replicara en todos lados, en México? Bueno, pues sí así fuera, las mañaneras durarían tres minutos, en lugar de la hora y media que nos receta, con sus otros datos, nuestro Presidente todos los días.
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