Para entender la fragilidad del sistema de salud en el estado debemos remitirnos al último informe de Rubén Moreira. Su legado se resume en 10 palabras: “Juntos construimos cuatro hospitales, la mayor cifra en nuestra historia”, dijo el megalómano ante el secretario de Salud, José Narro. No mencionó cuáles eran ni dónde estaban ubicados; tampoco habló de costos, para qué, si no le hablaba al Congreso, sino al espejo.
Dos de las instalaciones sanitarias –el Hospital Materno Infantil y el Oncológico de Saltillo– las inauguró poco antes de terminar su sexenio sin estar terminadas. Aquel 6 de noviembre de 2017, Moreira agradeció al presidente Peña Nieto el hospital del IMSS de Acuña –una de las 250 unidades médicas abandonadas por los gobiernos federal y estatales en el sexenio anterior– inaugurado apenas el 24 de octubre por el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Moreira debió invertir 11 mil 778 millones de pesos en salud, según los presupuestos aprobados por “sus” diputados, pero la infraestructura no los refleja. El Gobernador cambió de secretarios de Salud como de calcetines. Uno de ellos, que ya había ocupado el cargo en otra Administración, renunció por el “ambiente corrupto”.
El diputado Jesús de León (PAN) desinfló el triunfalismo desde la tribuna del Congreso, donde fijó la posición de su partido con respecto a “la docena trágica del moreirato”. El Gobernador había ofrecido escuchar a las oposiciones, pero tampoco cumplió.
“Rubén dejó a Coahuila peor de como lo dejó su hermano Humberto. Es importante destacar los problemas que heredarán muchas generaciones y que sin duda el Gobernador no tocará en este informe (…), como siempre, le da la vuelta a estas preguntas; por eso los diputados del PAN no estaremos presentes cuando venga a este acto de simulación”.
Frente a un Congreso asfixiado por el PRI y sus adláteres, De León llevó al salón de plenos el sentimiento de legiones. “¿Qué pasó con la deuda pública? Hemos pagado más de 24 mil millones de pesos en intereses, pero debemos más que cuando Rubén Moreira inició su periodo, las cuentas no salen; ahora debemos 37 mil millones de pesos (…). La corrupción y la impunidad son el sello de Gobierno. En esta Administración nacieron las empresas fantasma, con más de 500 millones de pesos asignados a empresas de exfuncionarios (…)”.
El legislador lagunero y actual líder del PAN atribuyó la quiebra del sistema de salud al desastre financiero del “moreirato”.
“No hay medicamentos, no hay materiales, no hay siquiera una aspirina en los hospitales. Es un crimen desviar millones de pesos a empresas fantasma (la Auditoría Superior del Estado denunció irregularidades por más de 475 millones de pesos en tres de los ejercicios de Rubén Moreira, acento del reportero) y no atender la salud de las familias; es un crimen desviar recursos públicos a campañas políticas, derrochar millones para intentar imponer a Riquelme mientras los pacientes esperan por días para recibir atención, o tienen que pedir prestado para comprar medicamentos”.
El 21 de enero pasado, cuando la pandemia de Covid-19 todavía no trastocaba al mundo, el gobernador Miguel Riquelme reconoció ante la embajadora de Francia en nuestro país, Anne Grillo, haber recibido un sistema de salud en coma.
“Si les contara… pero ya está de nuevo en pie”. No dijo más. Para medio reanimarlo, el Estado invirtió 8 mil 980 millones de pesos en los tres últimos años, incluidos mil millones no presupuestados para afrontar la emergencia sanitaria. La deuda condena a Riquelme al trabajo de Sísifo.
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