Va el testimonio de una persona valiosa que lucha, todos los días, en la trinchera misma de la guerra contra el Covid: una enfermera de una clínica del IMSS, que a estas alturas ya no sabe si está más agotada, triste o enojada, por exponer su vida y la de su familia, en las más precarias condiciones y, además, ante un contexto social de verdadera indolencia.
Esta enfermera comparte su experiencia bajo la condición de permanecer en el anonimato, ya que dice, se siente, al igual que todas sus compañeras, e incluso muchos médicos, bajo el escrutinio de administradores y jefes de área, que están a la caza de quien se atreva a denunciar detalles de cómo opera realmente esta dichosa batalla contra el virus.
Así que, además de carencias, cargas extraordinarias y muy agotadoras de trabajo, se sienten amenazadas con perder el empleo si denuncian lo que en realidad todos saben: están en una guerra desarmadas y con nulo apoyo, tanto de las autoridades, como de la misma ciudadanía, que no termina de entender lo que implica sobrevivir a una pandemia.
Y aquí vale la pena recordar el impacto “oficial” del Covid en Coahuila: en los últimos cinco días, de sábado a miércoles, se registraron mil 218 nuevos contagios y el virus mató a otros 161 ciudadanos, 52 de ellos en Saltillo. Bueno, pues con esto es con lo que debe lidiar todos los días esta enfermera.
En la parte medular de su testimonio, señala que ella y muchas de sus compañeras en el IMSS navegan entre el llanto y la rabia.
El llanto no solo por los casos graves de Covid que atienden, sino además por las condiciones en que lo hacen y el miedo con que llegan a casa, de contagiar a los que quieren.
Y rabia, mucha rabia, por la irresponsabilidad e indolencia de la población, que no solo se pone en riesgo, sino que además las pone en riesgo a ellas.
Dice, y cito “en serio, qué ganas de que cerraran las clínicas, que los médicos y enfermeras hiciéramos un paro, a ver si así entienden que esto no es un juego.
“Que aquí nos jugamos la vida todos los días porque muchos no pueden controlar las ganas de salir de fiesta. Qué injusto es esto”.
Pues sí, muy injusto.
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