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Coahuila

La peor sopita en la historia

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 5 años

El 17 de noviembre del año pasado se detectó, en China, el primer caso positivo de lo que se conoce hoy como Covid-19.

Se trataba de un hombre de 55 años, de la provincia de Hubei, que se habría contagiado semanas antes al tener contacto con el mítico paciente cero, ese del que se dice, es amante de los caldos de murciélago, pero que nunca pudo ser identificado plenamente.

Cuatro semanas después, la provincia de Wuhan estaba sumida en el caos, apenas un esbozo de lo que sería el mundo meses después.

Un año después, prácticamente no hay país que haya quedado a salvo de esa marea patógena que es el SARS-CoV-2, que ha infectado a 56 millones de personas y le ha costado la vida a más de 1.4 millones de personas.

Un virus, una nueva cepa de la familia de los coronavirus, que ha puesto en jaque a la economía global y que ha obligado a la mayoría de los países a imponer medidas que restringen la movilidad. En suma, un virus que cambió las lógicas productivas, de convivencia social e incluso afectó el seno mismo de las familias. Un virus que cambió al mundo entero.

En México, este virus llegó “tarde”, a finales de febrero, y en 9 meses superó el millón de contagios y más de 99 mil decesos.

Y en Coahuila, más tarde aún, también deja una larga cauda de problemas sanitarios y económicos; van oficialmente 39 mil contagios y 2 mil 800 decesos.

En retrospectiva y concediendo la versión de cómo inició la pandemia, tenemos una sopita de murciélago en una aldea de una provincia remota en la China profunda, que desencadena una serie de problemas mayúsculos en todo el planeta.

Esa sopita de murciélago nos demuestra lo frágiles que realmente somos como especie, y el rostro más amargo de la globalización. A excepción de las dos grandes guerras, nada le había hecho tanto daño, a tantos y en todos lados, como este virus.

Ni hablar, hoy pagamos en todo el planeta por esa sopita, sin duda la peor de la historia. Y no nos queda de otra que luchar todos los días y quién sabe cuántos meses más… por sobrevivir.

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