Sin duda alguna, el tema central de moda en materia política es la indecisión del presidente Andrés Manuel López Obrador para emitir cualquier opinión respecto a los resultados electorales de los comicios estadunidenses. Para el Presidente, ahora sí es necesario apegarse a lo que mandata la Constitución política mexicana en materia internacional.
“Nosotros no vamos a levantarle la mano a nadie hasta que los procesos jurídicos concluyan en Estados Unidos”, ha dicho López Obrador. La decisión del Presidente de México ha sido bastante discutida entre la comunidad política y entre los analistas nacionales e internacionales.
Para algunos, el actuar del titular del Ejecutivo, es por mucho una actitud imprudente, y mal ejecutada. Y es que todos coinciden en que, el tiempo que ha dejado correr el Mandatario antes de realizar cualquier pronunciamiento, ya es de por sí, una falta de respeto al presidente electo de los Estados Unidos. Lo anterior a pesar de que, aunque todo indique que Joe Biden, será el próximo Presidente de EU, la realidad es que su nombramiento como tal, aun no ha llegado.
Para quien esto escribe, esta vez, la conducta del Presidente frente al virtual triunfo de Joe Biden en Estados Unidos, es sin duda una de las pocas acciones prudentes que ha ejecutado el actual Gobierno de México en materia internacional.
Lo anterior, dado que contrario a lo que todos ahora le cuestionan y hasta le reprochan al decirle que más de un centenar de jefes de estado y de gobiernos en todo el mundo, han felicitado a Biden, y que dichas felicitaciones en nada significan que le den un reconocimiento como lo hiciera la autoridad electoral. Cierto es que, de hacerlo ahora, sin mayor miramiento, estaría contrariando al temible Trump, lo que en nada es recomendable.
Para quien dude de mi anterior aseveración, debo mencionarle por si no lo han tomado en cuenta que al actual Presidente Donald Trump le quedan aún por seguir mandando 90 días, lo que significan 11 semanas en las cuales seguirá gobernando al país más poderoso de América, lo que lo pone en la posibilidad de seguir tomando acciones ejecutivas, y entre las mismas podrá incluir muy a su modo, cerrar la frontera completamente, con todo lo que ello implica para la vida binacional y para los estados fronterizos; puede decretar la deportación masiva de más gente; puede poner sanciones a exportaciones mexicanas; puede detener a más migrantes en redadas; puede incluso, cerrar sus espacios aéreos, como actualmente sucede en la Unión Europea.
Es decir, que si a nuestro Gobierno se le hiciera fácil, como muchos pretenden, felicitar al contrincante del actual Presidente estadunidense, a pesar de conocerlo, las consecuencias que viviríamos en estos últimos días de su mandato, serían de pronóstico reservado.
Así que, dejémonos de criticar al Presidente, al menos en esta decisión. Aunque se le hayan adelantado 200 mandatarios o, aunque su actual reacción sea distinta a la que tuvo con Luis Arce, actual Presidente de Bolivia, y que reconoció cuando apenas se habían contado el 15% de los votos, y que también le fue criticada a pesar de que sabíamos que su imprudencia no tendría consecuencias.
Y es que, aunque se oiga mal, esta vez es diferente, porque en nada se parecen Bolivia y Estados Unidos, y por desgracia México es el que está tan cerca.
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