Las diferencias entre un buen número de intelectuales y comentaristas con el Gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador saltaron de los artículos y las “mañaneras” a inserciones pagadas en los periódicos. Con ello se inició una guerra de desplegados en la que participaron el Presidente y algunos de sus seguidores.
Todo empezó, como se sabe, el miércoles anterior, cuando una treintena de intelectuales, periodistas y académicos publicaron en un diario capitalino machaconamente tildado de “conservador” por el presidente López Obrador, un desplegado que titularon: “Contra la deriva autoritaria y en defensa de la democracia”. Encabezaban los firmantes nombres bien conocidos: Enrique Krauze, historiador y director de la revista Letras Libres; Héctor Aguilar Camín, director de Nexos, Jorge Castañeda y Gabriel Zaid.
El desplegado relanzó una idea ya expuesta por Krauze antes de las elecciones de 2018: la urgencia de evitar que el Congreso de la Unión sea controlado por Morena, el partido del Presidente, a fin de que el poder Ejecutivo tenga un contrapeso. El llamamiento de 2018 no surtió efecto, López Obrador arrasó en las elecciones y Morena y sus aliados se hicieron del control de la Cámara baja.
Ante esto, los abajo firmantes, como se suele decir, afirman que debido a ello se “ha destruido o deteriorado la administración pública y las instituciones constitucionales. Invocando una supuesta cuarta transformación menoscaba las capacidades del Gobierno, toma decisiones unipersonales. Polariza a la sociedad en bandos artificiales… y ataca toda forma de expresión que no se identifique con su visión política”.
La respuesta presidencial no se hizo esperar, reiterando en una carta los argumentos de costumbre contra quienes no están de acuerdo con su forma de conducir el país. En tono sarcástico, el tabasqueño escribió: “Bendito coraje, da pena ajena su argumento de que buscan construir una alianza para obtener mayoría”. Luego recordó la extradición de Emilio Lozoya –la joya de la corona de su lucha contra la corrupción– y acusó a los autores del desplegado de conservadores y de intentar recuperar privilegios perdidos.
Casi de inmediato entraron al pleito simpatizantes de AMLO, entre ellos Paco Ignacio Taibo II y Enrique Semo, quienes respondieron el viernes con otro desplegado. Tampoco hubo nada nuevo en su defensa de la 4T ni en los calificativos aplicados a los “neoliberales”.
La novedad está en la formación de bloques opositores. Si bien los autores del primer desplegado habían expuesto ya sus ideas en artículos, lo habían hecho en forma personal, no como un grupo unido y organizado. Esto no es una buena noticia, pues delimita las fronteras entre dos bandos opuestos, lo cual constituye una declaración de guerra de papel, pero guerra, la cual, esperemos, no escale a formas violentas, ya no solo verbales, de enfrentamiento.
Mala cosa en un país como el nuestro azotado por el triple flagelo de la pandemia, la recesión económica y el crimen organizado. Por lo demás, no cabe duda de que ha sido el presidente el primero en alentar la división, partiendo en dos a la nación con sus discursos. Pero, ¡cuidado! La historia nos enseña que la radicalización de posiciones políticas condujo a México a una de las luchas más feroces de las muchas que desangraron esta nación en el pasado.
Sana y fructífera es la confrontación de ideas; funesto cuando las diferencias llevan a la formación de clanes irreconciliables.
Más sobre esta sección Más en Coahuila